Desafío Patanegra. Tercera etapa: Cortelazor-Posada de Cortegana

Caminar es vivir una existencia decapada (el barniz social se ha fundido) aligerada, libre de instrucciones vitales y purgada de lo fútil y de las máscaras.

Gross, Frèdèric. Andar, una filosofía. Taurus, Barcelona

Comenzamos la tercera etapa del Desafío Patanegra en el mismo punto en el que lo dejamos ayer. Nos bajamos del coche en Cortelazor,  junto a los paneles que señalan el  inicio al primer tramo de la jornada. Acometemos un leve  descenso por una pista cimentada que es la  Calle Arroyo Abajo que en unos metros inicia un fuerte ascenso que  por  unas primeras rampas que nos hacen ganar altura rápidamente y tener buenas vistas a las sierras que lo jalonan. Castaños, encinas, pinos y alcornoques pueblan estas lomas que nos darán un respiro aproximadamente al kilómetro de recorrido, cuando la vertiente del monte gire hacia el Barranco del Dundún. El terreno serpentea en el descenso por una pista cómoda hasta tomar a la izquierda  una escarpada senda de tierra cubierta de ocres hojas húmedas en un descenso muy pronunciado para acometer la escarpada pendiente. Aunque hay evidentes rodadas de bicicleta, la vereda es muy estrecha y se va cerrando tras nosotros con una densa  vegetación que luce espectacular ante la abundante  humedad de la zona.

A medida que nos acercamos al fondo del barranco  el trazado  se va haciendo  más difícil  por la abundante vegetación  y conforme nos vamos acercando al final el zigzagueo es cada vez más frecuente y pronunciado.

Al otro lado del barranco se aprecian unos farallones rocosos conocidos como las Barrancas de Vela. Cuando  alcanzamos la base del descenso, que descansa en el cauce del Arroyo de Valdelarco, no muy caudaloso por la falta de lluvias, nos encontramos en un delicado entorno en el que predomina el musgo y los bosques de galería dan cobijo a un frágil ecosistema.

Tras unos momentos de contemplación reanudamos la marcha por un empinado sendero que asciende entre una exuberante vegetación. Como ganamos altura rápidamente  en unas pocas revueltas de la vereda ya vemos a nuestra espalda las cumbres de las Sierras del Cuchillar y de Hinojales y los riscos de las Barrancas de Vela. Poco a poco, la pendiente se va suavizando entre un mar de jaras que dejan entrever el final del ascenso.  La senda que traemos  desde el Arroyo de Valdelarco desemboca en otra un poco más amplia que  nos lleva al lugar de las Casas de Corte Brullo, una zona con restos de viviendas, quizá pertenecientes a una aldea desaparecida. Igualmente  quedan en pie algunos muros de piedra que delimitaban antiguas propiedades. Finalmente, el camino que traemos nos deja ante una cancela que pondrá fin a este primer ascenso  de la etapa.

Nos encontramos a unos 700 metros sobre el nivel del mar y al  ser una sierra de cotas modestas, tenemos  una vista general de las cordilleras colindantes. El día está un poco nublado y los tonos de los montes que nos rodean se ven un poco apagados pero la panorámica antes de atravesar la cancela es sobrecogedora.


A continuación, iniciamos el descenso por una amplia pista de tierra y, aunque la tendencia es de bajada de tanto en tanto aparecen toboganes de subida y, en una de esas revueltas, ya tenemos vistas a la siguiente población a nuestro paso: Valdelarco.  Pinos, encinas y alcornoques dominan este entorno que ahora atravesamos y que es conocido como Valle de la Perrera. Valdelarco se nos muestra intermitentemente a medida que vamos  salvando los recodos del camino. El final de esta bajada se produce cuando cruzamos el  Arroyo del Barranco del Pueblo. Seguiremos el curso de su caudal hacia el oeste, pasamos por algunas fincas en las que sus moradores están atareados con la matanza y un par de perretes nos acompañan hasta la entrada en el  pequeño y sosegado pueblo de Valdelarco.

Una breve parada para pasar por la farmacia y tomar un café y tomamos la salida de la localidad por la Calle Bomba hasta llegar a la carretera HU-8116 que seguiremos a lo largo de un km aproximadamente, en un fuerte  ascenso. Al llegar a la intersección con otra comarcal la dejaremos por un nuevo sendero por pista de tierra.


Unos metros más de ascenso y tocaremos cima culminando el Puerto de las Veguillas. Pinos, alcornoques y algún madroño disperso nos acompañan en esta bajada, rumbo a la siguiente población: Galaroza. Galaroza se emplaza en una cota más baja, la formada por el valle que surca el Río Múrtiga. Pero para llegar a esta depresión, tenemos que salvar la depresión del  Barranco del Valle del Águila a la que nos dirigimos siguiendo el dibujo de los cauces que la nutren. Una vez cruzado el cauce del arroyo, el perfil vuelve a ascender por el lugar conocido como Cumbres de la Dehesa. Por aquí pueden apreciarse parcelas dedicadas al castaño y al cultivo del olivo. Al fondo, en lo alto del Cerro Buenos Aires podemos ver el caserío de Jabugo, población por la que pasamos en la primera Etapa.

En una revuelta del camino, ya cerca del casco urbano de Galaroza nos encontramos una perspectiva increíble: al fondo, sobre el Cerro Buenos Aires la localidad jamonera de Jabubo por la que pasamos en la primera etapa. En un plano intermedio el Cerro de Santa Brígida y su ermita al que hemos subido en varias ocasiones, y, en primer término, el caserío  de Galaroza.

Por la calle Camino de la Sierra entramos en la localidad y no dirigimos hacia su conjunto histórico en el que encontramos en primer lugar la fuente de los Jarritos que recrea una tradición cachonera (el gentilicio de los habitantes de Galaroza es cachonero, a) en segundo lugar, junto a la ermita de Nuestra Señora del Carmen las Fuente del mismo nombre o de los 12 caños y, en tercer lugar la fuente de la Inmaculada Concepción. Salimos de la localidad por la Calle de la Cultura, desde la que tenemos una muy buena vista de la Iglesia Parroquial.

Esta calle nos deja a inicios de la Vía Verde Las Chinas , Galaroza, Navahermosa que conforma una calzada de piedras y cemento que seguimos durante un par de kilómetros. En este trayecto tenemos ocasión de contemplar los tejados de la aldea de Las Chinas y el valle del Río Múrtiga. En un par de kilómetros encontramos una bifurcación a la izquierda que nos indica La Nava y es una estrecha vereda entre pinos de repoblación, algunos madroños y castaños muy maltratados por las sequías de estos años. la vereda toma la cresta de una loma que nos permite otear a la izquierda el Valle  de las Murtiguillas, con algunas residencias imponentes y el Valle del Múrtiga a la derecha. El camino desemboca en una cancela de una finca privada que podemos salvar y comenzamos un paseo de varios km por un sistema adehesado dedicado a la ganadería extensiva. Tras pasar múltiples cancelas (y dejarlas como las encontramos) llegamos a un tramo final en el que unos burritos nos acompañan un trecho. Desde este punto ya podemos otear los tejados de la siguiente localidad: La Nava.

El tramo final del camino que traíamos es conocido como Vereda de la Contienda, una pista cómoda por la que se puede hacer bastante camino. Esta Vereda desemboca en la N-433. La cruzamos y entramos en el paseo fluvial del Río Múrtiga. Junto a una pasarela de bloques de cemento encontramos un cartel de la organización del Desafío Patanegra anunciando el km 69 del recorrido. Entramos en La Nava y nos detenemos a tomar un refrigerio.

Tras la comida, retomamos la ruta pasando por monumento a los hortelanos de La Nava y salimos de la localidad por un camino de tierra que se denomina Camino de la Nava. Pasaremos por la Ermita del Cristo de los Caminantes y continuaremos pasando por fincas ganaderas dedicadas básicamente al cerdo ibérico y a las vacas retintas en busca del Valle del Río Caliente. Tras caminar unos centenares de metros paralelos al cauce del Río y la vía férrea Madrid-Huelva, pasamos por una antigua estación abandonada y bajamos hasta la orilla del Río. Toca vadear el río junto a la desembocadura del Barranco de Carabaña. Aunque el río es amplio, el vadeo es sencillo debido a la falta de lluvias de las últimas semanas. A partir de este punto, nuestro camino discurre paralelo al barranco de Carabaña en suave subida hasta llegar a las inmediaciones de la Posada de Cortegana, donde nos espera nuestro amigo Jara para devolvernos a nuestro alojamiento.

Hasta el momento ha sido la etapa de este desafío que nos ha resultado más novedosa, tanto por los caminos recorridos (muchos de ellos desconocidos por nosotros como el Barranco del Dundún el Camino de la Nava o la Vereda de la Contienda) como por lo salvaje de algunos de los parajes visitados. La Etapa ha sido larga, nos han salido 27,5 km , y,  tanto por la distancia como  por los desniveles salvados , podemos considerarla de dificultad media-alta.

Como es habitual, el recorrido puede verse en este track

Deja un comentario