La vida humana se desarrolla básicamente a pie; es a pie, fuera de los automóviles, cuando se producen las relaciones más directas e intensas de las personas con el entorno físico y social. Y el espacio público que las acoge es el espacio cívico por excelencia, el espacio de la integración y de la coherencia social.
Pozueta, Julio; Lamíquiz Daudén Francisco J. Porto Schettino, Mateus Rebecca. La Ciudad Paseable. CEDEX-CEHOPU, 2010
En nuestra décimo séptima etapa de este Camino de Santiago del norte hemos recorrido la distancia que separa la Villa de Santillana del Mar de Comillas. Ha estado lloviendo casi toda la noche y cuando hemos bajado a desayunar seguía lloviendo con cierta intensidad. El pronostico era de casi todo el día lloviendo pero, sorprendentemente a la salida de Santillana ha dejado de llover y hemos pasado casi toda la mañana sin agua. En la localidad de La Iglesia ha caído un modesto chaparrón que nos ha obligado a sacar chubasqueros y protectores de mochila, pero antes de llegar a Comillas han desaparecido las nubes y se ha quedado completamente raso. Para las tres de la tarde estabamos en Comillas y comiendo. Así que hemos empleado la tarde en una visita al Capricho de Gaudí.
Abandonamos la quietud de Santillana del Mar partiendo de su Plaza Mayor para ascender por la Calle de los Hornos, dejando atrás la ciudad que se despereza para adentrarnos en un paisaje de colinas ondulantes y pastos que parecen pintados. El sendero, tapizado de hierba y con surcos de agua de la reciente lluvia, nos guía con suavidad hacia Arroyo y, más tarde, hacia la vecina Oreña. Allí, una pista nos eleva entre prados hasta la soledad de la iglesia de San Pedro, centinela del siglo XVI que domina el horizonte desde su loma.





El descenso nos regala el encuentro con la ermita de San Bartolomé en Caborredondo, una pequeña joya prerrománica del siglo XI que sobrevive al paso del tiempo. Tras ella, la ruta se vuelve íntima y solitaria, discurriendo por caminos vecinales y senderos forestales que atraviesan valles de postal. Entre el verde incipiente de los maizales y el paso pausado de las vacas, alcanzamos Cigüenza, donde la altiva silueta barroca de San Martín de Tours y las elegantes casonas de indianos nos hablan de un pasado de ultramar y esplendor.
Al llegar a Cóbreces, el color rojizo de la Abadía neogótica de Santa María de Viaceli se impone en el paisaje. Es el refugio de los monjes trapenses y el lugar perfecto para un breve descanso antes de que el Camino nos reclame de nuevo hacia el mar. Así que hacemos un ligero refrigerio y un breve descanso antes de continuar. La Playa de Luaña nos recibe con su brisa salitrosa; cruzamos sus pasarelas de madera y, tras salvar un pequeño puente, acometemos el exigente ascenso a Trasierra. El esfuerzo tiene recompensa: a nuestras espaldas queda el azul del Cantábrico y, al frente, la imponente silueta de los Picos de Europa asoma tímidamente entre los jirones de nubes. En este tramo nos encontramos con Yousef un joven sirio que vive en Murcia y con el que intercambiamos unas palabras y unos presentes.













El tramo final nos conduce por el corazón de Ruiloba y el barrio de Pando, donde en su capilla de San Roque descansan dos grandes conchas marinas convertidas en pilas bautismales, mudos testigos de la fe de tantos caminantes. Tras sellar nuestras credenciales y firmar en el libro de los peregrinos continuamos para atravesar la empedrada y noble Calle Mayor de Concha, con sus casonas con balconadas de madera y muros de piedra. Un último suspiro bajo la sombra del bosque nos entrega a la entrada de Comillas. La estampa es sobrecogedora: el Palacio de Sobrellano y la Universidad Pontificia se recortan contra el cielo como gigantes de otra era. Con la alegría del final de la etapa y el paso apresurado, buscamos la Plaza del Ayuntamiento para cerrar la jornada y acudir, a la taurina hora de las cinco de la tarde, a nuestra cita con la fantasía modernista del Capricho de Gaudí.









Tras la comida, nos acercamos a la visita programada. Por azares del destino esta tarde están de celebración (el 140 aniversario de su construcción) por lo que con la visita guiada y un breve esparcimiento por nuestra cuenta por los jardines de la casa tenemos que dar por terminada la jornada.




En resumen, una etapa de una belleza serena y paisajes idílicos que abandona definitivamente el entorno industrial para abrazar la Cantabria más auténtica. Es un recorrido que alterna valles de postal, iglesias centenarias y senderos costeros con vistas espectaculares a los Picos de Europa, culminando en la majestuosidad modernista de Comillas tras un agradable caminar entre prados y casonas de indianos.
Todo el recorrido de esta mañana lo hemos dejado registrado en este track.







































































































































































