Camino de Santiago del Norte. Etapa 29:   Luarca- La Caridad

Mientras seguía así mi camino como un buen haragán, fino vagabundo, me sentía como si hubiera salido de un largo confinamiento

Burroughs, John. Las exaltaciones del camino(The Exhilarations of the Road ), en Winter Sunshine 1875

«Ir a pie es el único viaje real; todo lo demás es simplemente ser transportado». Esta célebre máxima del naturalista John Burroughs cobra todo su sentido en nuestra vigésimo novena etapa del Camino del Norte, que nos lleva a cruzar los horizontes del occidente asturiano entre Luarca y La Caridad. Nos espera una jornada de kilometraje respetable pero de perfil muy agradecido, que deja atrás los grandes acantilados para adentrarse en la suave rasa costera. A lo largo del recorrido, alternaremos tranquilos senderos rurales, el cruce sobre el majestuoso río Navia y encantadoras aldeas que conservan intacto su sabor tradicional, recordándonos a cada paso que la verdadera riqueza del viaje está en la calma de cada zancada.

Tras un contundente desayuno en la confitería La Luz, iniciamos la marcha por la calle La Peña hacia la ermita de San Roque, que ofrece unas vistas fantásticas de Luarca. Avanzando por la rasa costera, cruzamos Ribadebajo, pasamos junto a las ruinas del cementerio y la Iglesia de Santiago (siglo X) y la aldea de Taborcías hasta llegar a Villuir. Desde allí, combinando caminos de tierra y bosques de eucaliptos, dejamos atrás Otur y El Rellón por un antiguo camino de servicio de la A-8.

Descendimos por el valle del río Barayo y pasamos bajo el viaducto de El Bao, donde se ubica un monolito que recuerda La fosa de El Bao en memoria de los represaliados durante la Guerra Civil por defender la democracia, las libertades y la República. Tras una breve parada en un curioso jardín con una fuente dedicada a Santiago, cruzamos Barayo y entramos en Villapedre, donde  algunos peregrinos encontraban el café  añorado durante tantos kilómetros. Proseguimos por pistas de tierra y asfalto pasando por Piñera y Villaoril. Mientras descansábamos en unos bancos a la sombra, José Luis, un fotógrafo aficionado, nos pidió retratarnos para su proyecto; una anécdota simpática a la que se sumó una peregrina extranjera para fotografiarnos a todos juntos.

Continuamos hacia el polígono de La Colorada, antesala de la industriosa villa de Navia. Tras pasar ante el Ayuntamiento, cruzamos su gran ría por el puente de la nacional. Al otro lado, en El Espín, una pista en subida nos llevó a Folgueras, regalándonos buenas panorámicas del entorno. Seguimos hacia Jarrio, donde nos desviamos ligeramente de la ruta para almorzar un buen menú a pie de carretera.

Por la tarde, buscando siempre el lado de la sombra debido al sofocante calor, avanzamos en dirección a Cartavio y Arboces. Aunque la constante cercanía de la autovía y la nacional empaña por tramos el paisaje, la abundancia de rincones rurales ayuda a olvidar la huella humana. Tras un último cruce, entramos finalmente en La Caridad junto al albergue La Xana. Pasamos por la plaza principal, que concentra el Ayuntamiento y la iglesia, y caminamos unos cientos de metros más hasta nuestro alojamiento. En total, completamos una exigente jornada de 32,73 kilómetros y 679 metros de desnivel acumulado en 9 horas y 33 minutos.

En resumen: una etapa de kilometraje respetable, calurosa y de perfil rompepiernas que nos adentra de lleno en el occidente asturiano. Una jornada marcada por el contraste entre las grandes infraestructuras y la belleza de las rías, amenizada por encuentros fotográficos espontáneos y el encanto de unas aldeas que nos han conducido con paso firme hasta el corazón de La Caridad.

Todo el recorrido de esta jornada ha quedado registrado en este track.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 28:  Cadavedo- Luarca

El que camina es quien realmente posee el paisaje, mientras que el que viaja en carruaje (o transporte rápido) es solo un espectador.

Burroughs, John. Las exaltaciones del camino (The Exhilarations of the Road ), en Winter Sunshine 1875 en Proyecto Gutenberg

Nuestra vigésimo octava etapa de este Camino del Norte nos lleva a desplazarnos entre las localidades de Cadavedo y Luarca. Tras haber superado los exigentes barrancos y gargantas de la jornada anterior, hoy nos disponemos a recorrer una etapa mucho más cómoda y corta, cuyo itinerario discurre íntegramente por caminos del concejo de Valdés. Se trata de una jornada plácida y agradable, cuya única dificultad orográfica reseñable es la subida desde el hotel Canero hasta la altura de la A-8: un repecho de 140 metros de desnivel concentrados en 1,6 kilómetros. Como recompensa, el tramo final de la ruta y la entrada a Luarca nos regalan unas estampas bellísimas de esta pintoresca población marinera y de su encantador puerto.

Tras el desayuno, abandonamos nuestro alojamiento a la entrada de Cadavedo para dirigirnos al centro de la población siguiendo las flechas amarillas. Dejamos atrás la localidad por la N-632a, pasando junto al albergue de peregrinos situado en el límite con Villademoros. En este punto recuperamos la señalización tradicional mediante mojones que habíamos abandonado en Las Chabolas, ya que aquí se vuelven a unir el Camín de las Ballotas y el de la Sierra de las Palancas.

Pasamos junto a la capilla de la Asunción y avanzamos hacia San Cristóbal, adentrándonos en caminos que, entre campos y bosques, nos condujeron de nuevo a la nacional para alcanzar Querúas. Tras pasar por el Campo de Pascua y la capilla de Santa Ana, continuamos callejeando entre las casas del pueblo hasta alcanzar el Chano de Canero. Desde la iglesia de San Miguel, tomamos una senda boscosa en suave descenso que nos dejó en la parte baja de Canero. Cruzamos la rotonda y el puente sobre el río Esva —que desemboca muy cerca, en la playa de la Cueva— y nos dirigimos al hotel-restaurante Canero para disfrutar de un café reparador y sellar nuestras credenciales.

Retomamos la marcha por la parte posterior del establecimiento para afrontar la fuerte subida del día: una estrecha senda boscosa a mano izquierda que asciende hasta la N-634. Tras cruzar la carretera, proseguimos el ascenso hasta alcanzar la planicie, donde conectamos con una pista paralela a la A-8. Cruzamos la autovía por un puente y continuamos alternando tramos de bosque, campos y asfalto. A la izquierda de la calzada, en la zona conocida como «La Rampla», nos llamó la atención el cementerio musulmán. Este recinto de casi 4000 metros cuadrados, al que se accede por un arco de herradura, fue construido en 1936 para dar sepultura a los soldados del Tercio de Regulares de Marruecos.

El Camino prosigue entre praderas hasta el bonito pueblo de Barcia. Atravesamos sus distintos barrios pasando junto a las antiguas escuelas y la iglesia de San Sebastián. Tras superar un pequeño arroyo, entramos en Barcellina en dirección a La Atalaya, disfrutando a lo largo del recorrido de una preciosa sucesión de fincas y edificaciones señoriales de estilo indiano. Finalmente, accedemos a Luarca —la Villa Blanca de la Costa Verde— por la zona alta, regalándonos una panorámica maravillosa de la villa y de toda la costa asturiana.

En resumen: una etapa sumamente plácida, corta y muy agradecida tras el esfuerzo de las jornadas anteriores. Un recorrido cómodo por el concejo de Valdés que combina la tranquilidad de los senderos rurales con curiosidades históricas como el cementerio de Barcia y la belleza de la arquitectura indiana, coronado por una bajada espectacular hacia el inolvidable puerto de Luarca.

Todo el recorrido de esta mañana ha quedado registrado en este track.

Por la tarde nos damos un paseo por el ayuntamiento, el puerto pesquero y subimos a la Ermita de la Virgen de la Blanca, vemos el faro y echamos un vistazo desde los miradores sobre la playa, el puerto pesquero y la bocana del puerto. De vuelta a nuestro alojamiento nos encontramos con Daniel y Manuel que dan por finalizado su camino en esta etapa para retomarlo el próximo año.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 27: Soto de Luiña- Cadavedo

La observación es una joya; no tenemos que alinear planetas o descubrir galaxias para encontrarla, está al alcance de todos los días.

Burroughs, John. El arte de ver las cosas, Errata naturae, 2018

Nuestra vigésimo octava etapa de este Camino del Norte nos lleva a recorrer la distancia entre Soto de Luiña y Cadavedo. Para esta jornada se presentan dos alternativas: el histórico Camín Real de las Ballotas, que discurre cerca de la costa, y el trazado oficial por la Sierra de las Palancas, que avanza por la montaña. Hemos optado por la opción costera que, aunque presenta un desnivel acumulado similar al de la montaña, cuenta con más servicios y nos regala una de las etapas más bellas de todo el Camino del Norte. La inmensa mayoría de los peregrinos elige este sendero litoral, un acierto seguro gracias a sus espectaculares vistas sobre los acantilados, su fácil acceso a las playas y una excelente señalización.

Comenzamos la caminata ante la iglesia de Soto de Luiña y avanzamos por la N-632a para desviarnos a la izquierda junto al hotel Valle de las Luiñas. Tras un breve regreso a la nacional, tomamos una senda a la derecha conocida como la Cuesta de la Torre, que asciende con fuerza entre eucaliptos hasta dejarnos junto al cementerio parroquial.

Al cruzar la carretera llegamos a Las Chavolas, punto donde se abre la gran bifurcación de la etapa: el Camino de las Palancas, que avanza por el interior a través de la sierra, y la Ruta de las Ballotas, que discurre más cerca del litoral. Nosotros obviamos la montaña y optamos por las Ballotas, siguiendo las flechas amarillas. Esta ruta cruza siete minivalles (ballotas en asturiano) y el cuento, parafraseando a Mario Benedetti, es muy sencillo: salimos de un pueblo, bajamos hacia la costa por la ladera este por caminos sombríos de tierra o piedra, cruzamos un arroyo, subimos la ladera oeste y arriba llegamos a otra localidad… y así hasta siete veces.

Desde el cruce caminamos por carretera, pasamos bajo la A-8, bordeamos el polígono de Valdredo y entramos en Albuerne. Tras dejar atrás una pequeña ermita, descendimos por una empinada senda para vadear con precaución el arroyo de Lindebarcas. Afrontamos la correspondiente subida hasta Novellana, donde aprovechamos un bar cercano a la iglesia de Santiago para hacer una parada y tomar un café.

Retomamos el camino por un tramo boscoso, cruzamos el reguero del Prao Llagón e iniciamos el ascenso hacia Castañeras. Desde aquí tomamos el desvío indicado hacia los miradores de la playa de Gavieiru, popularmente conocida como la Playa del Silencio, un entorno espectacular integrado en el Paisaje Protegido de la Costa Occidental. De regreso a la ruta, avanzamos entre la vegetación habitual y algunos sorprendentes bambús antes de iniciar un nuevo descenso hacia el arroyo del Cándano, antesala de la subida a Santa Marina. Cruzamos esta localidad por la nacional para encadenar la siguiente ballota: bajada al barranco, vadeo del arroyo de San Roque y nueva subida hacia Ballota.

Atravesamos el pueblo pasando junto a Casa Fernando y lo abandonamos por una pista a la derecha que conduce al río Cabo. Antes de cruzar el puente —que marca el límite con el concejo de Valdés—, bajamos a la playa del río Cabo, un mirador excepcional sobre los acantilados donde coincidimos de nuevo con Annouk, la holandesa que «pasea» por la playa. Tras regresar al puente y superar un duro repecho, alcanzamos las casas y el apeadero de Tablizo.

Un nuevo descenso nos llevó al arroyo Busmarzo, ofreciendo buenas vistas sobre los cantiles y la playa de Tablizo. Superado el reguero, afrontamos otra subida hacia Ribón, desde donde ya divisábamos perfectamente la punta del Cuerno, lugar donde se asientan el Campo de la Garita y la famosa ermita de la Virgen de la Regalina, que visitaríamos por la tarde. Finalmente, tras un cómodo tramo entre las primeras casas de Cadavedo que nos permitió disfrutar de una preciosa muestra de hórreos, paneras y viviendas de indianos, dimos por concluida la ruta al llegar a nuestro alojamiento, situado unos cientos de metros antes del centro del pueblo. En la comida encontramos a Daniel y Manuel, dos canarios, que corroboran nuestra apreciación de la etapa.

En resumen: una etapa espectacular, bonita a rabiar y de una gran exigencia física debido al constante sube y baja de sus siete ballotas. Una jornada rompepiernas de pura costa asturiana que nos ha regalado la magia de la Playa del Silencio, reencuentros entrañables en el camino y un final inmejorable rodeados de hórreos y la silueta de la Regalina

Después de todo este bajar y subir, nuestros pies han dibujado esta línea en el mapa.

Por la tarde nos acercamos a la Ermita de La Regalina y los miradores sobre el Cantábrico. Un paseo muy bonito y agradable. Lo peor los trabajadores que estaban en la ermita (al parecer se hacen muchas bodas, la ermita es pequeña, el personal no es muy cuidadoso, quizás la amenaza de tormenta…) en fin que tenían una mala tarde y nos fuimos rápidamente.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 26: Muros de Nalón- Soto de Luiña

La mejor manera de conocer a un país es caminar por sus senderos y sumergirse en su flora y fauna

Burroughs, John. El arte de ver las cosas, Errata naturae, 2018

Nuestra vigésimo sexta etapa en este Camino del Norte se presenta como una jornada muy corta, aunque endurecida por continuos y moderados desniveles. El recorrido transcurre casi en su totalidad por caminos locales, pistas forestales de tierra y algún breve tramo de carretera en dirección a Soto de Luiña, un histórico fin de etapa famoso por su tradición hospitalaria y su espectacular patrimonio barroco. Al disponer de tiempo suficiente en nuestra aproximación a la costa, decidimos desviarnos para bajar a la playa de la Concha de Artedo, un coqueto arenal de cantos rodados que tuvimos la gran suerte de observar cómo se iba despejando de la densa niebla que la cubría.

Partimos de la Plaza del Marqués de Muros, que en esta mañana de domingo aparecía completamente vacía, permitiéndonos admirar la Casa Consistorial, la Iglesia de Santa María y la Casa de la Cultura. Dejando a la izquierda el Palacio de Valdecarzana, abandonamos la villa a través del barrio de Villar en dirección a la estación de tren. Tras cruzar las vías, nos adentramos en un bosque y descendimos por una pista hasta vadear el arroyo del Aguilar, antesala de la dura Cuesta de la Vana.

Al coronar la subida alcanzamos El Pitu (Cudillero), donde nos topamos con el «pequeño Versalles asturiano»: La Quinta de los Selgas. Este imponente palacio neoclásico del siglo XIX destaca por sus espectaculares jardines de gusto francés y una fabulosa colección de arte. Al tener las visitas muy restringidas, nos conformamos con fotografiarlo desde la verja, junto a las vecinas Escuelas Selgas (un complejo escolar vanguardista) y la Iglesia de Jesús Nazareno fueron la contribución de esta familia a la mejora de su pueblo. Como curiosidad, este templo custodia el altar más antiguo de España (siglo VIII), que increíblemente sirvió como mesa de taberna hasta 1905.

Continuamos la marcha fieles a las flechas amarillas, cruzando El Ventorrillo y El Valle de Belandres mientras divisábamos en lo alto la ermita de Santa Ana Montarés. Tras cruzar la N-632, pasamos bajo la autovía en un tramo donde una densa niebla empezó a levantarse, empañando las vistas sobre el Cantábrico. Iniciamos entonces un largo descenso hacia el valle del río Uncín, pasando bajo el imponente viaducto de la A-8 y las ruinas del antiguo Hotel Mariño.

Aprovechando que disponíamos de tiempo, nos desviamos para bajar a la playa de la Concha de Artedo, un precioso anfiteatro de cantos rodados y aguas azules. De regreso al camino, pasamos junto a la capilla de la Magdalena y descubrimos que el ruido ensordecedor que nos acompañaba procedía de las desbrozadoras de una cuadrilla que, afortunadamente, estaba acondicionando la senda. Cruzamos el río Uncín y afrontamos una larga subida hacia El Ribete, un mirador perfecto para observar los tres viaductos que salvan Artedo: el del tren, el de la autovía y un tercero inacabado y abandonado.

El tramo final nos llevó a través de un frondoso bosque de eucaliptos por los barrios de El Forcao, Mumayor, Campobajo y Campocima. Tras un último descenso pedregoso a la sombra de los árboles, salimos directamente a la N-632. Un cómodo carril peatonal nos permitió cruzar el río Esqueiro y entrar en Soto de Luiña, directos a la iglesia de Santa María y la antigua Casa Rectoral, que funcionó como hospital de peregrinos en su época dorada. En este punto dimos por finalizada la etapa y nos dirigimos hacia nuestro alojamiento.

En resumen: una etapa corta, muy llevadera y de una belleza paisajística espectacular. A pesar de los continuos subes y bajas que caracterizan al terreno asturiano, la jornada nos ha regalado momentos mágicos, desde el asombroso patrimonio barroco y neoclásico de la zona hasta la paz absoluta de la playa de Artedo sin niebla. Un día perfecto para caminar sin prisas, disfrutar de la costa y dejarse acoger por la historia de Soto de Luiña.

Todo el recorrido de hoy ha quedado registrado en su correspondiente track.

Por la tarde, y tras una siesta reparadora, nos acercamos a la playa de San Pedro de la Ribera. La Playa de San Pedro de la Ribera (también conocida popularmente como San Pedro de Bocamar) es una de las joyas costeras del concejo de Cudillero, en Asturias, y está considerada una de las playas más completas y bonitas de la comarca occidental asturiana. En su margen derecho vierte sus aguas  el río Esqueiro, un conocido río truchero, lo que aporta un paisaje fluvial precioso justo donde se une con el mar Cantábrico. Un paseo de poco más de 4 km para estirar las piernas.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 25: Avilés-Muros de Nalon

Al andar establecemos algo así como una relación solemne entre cuerpo, mundo e imaginación. Las caminatas agudizan la inclinación del ser humano por comprender.

Stephen, Leslie. Elogio del Caminar, Nordica libros, 2024

Nuestra vigésimo quinta etapa del Camino del Norte enlaza la villa industrial de Avilés con Muros de Nalón, un destino famoso por sus imponentes acantilados, su arquitectura indiana y la espectacular desembocadura del río Nalón en el Cantábrico. Ha sido una jornada relativamente corta, marcada por frecuentes pero moderados desniveles sobre pistas de asfalto. Aunque el pronóstico anunciaba tormentas matinales, la realidad nos ha regalado otro día de calor sofocante.

Iniciamos la caminata nada más salir de nuestro alojamiento en la Avenida Marqués de Suances, justo frente al Centro Niemeyer. Continuamos por la calle Cervantes para adentrarnos en el casco histórico de Avilés en dirección a la Plaza de España y el Ayuntamiento. Tras recorrer la calle Ferrería y pasar ante el gótico Palacio de Valdecarzana, llegamos al Parque del Muelle. Desde aquí, iniciamos la subida hacia la vieja iglesia marinera de Sabugo, dejando el Poblado de Pescadores a nuestra derecha.Tras superar la rampa de San Cristóbal de Entreviñas y cruzar varios barrios de la parroquia, alcanzamos el Campo del Conde y seguimos de frente hacia la urbanización Cotu Carceu. Poco antes de llegar, un mojón a la izquierda nos indica la entrada al concejo de Castrillón. Decidimos continuar de frente para tomar una variante que va por San Martín de Laspra; aunque este itinerario alternativo parece un poco más largo, nos ahorra un kilómetro por el arcén de una carretera algo peligrosa. Tras pasar junto a la Iglesia de San Martín de Laspra, llegamos al barrio de El Villar, donde enlazamos de nuevo con el camino oficial.Aquí iniciamos una corta subida que nos deja en La Cruz de las Vallinas. Continuamos por el Camino Real de Castrillón, pasando por El Muro y El Cordel, hasta alcanzar la quinta de La Lloba, que regala unas excelentes vistas sobre el valle. Al comenzar el descenso hacia el pueblo, junto a Viveros La Lloba, empezamos a ver aviones aterrizando, un claro aviso de la cercanía del Aeropuerto de Asturias.

Bajamos por completo al valle y cruzamos el río Ferrería por la Ponte Grande —como lo llaman los vecinos— para luego subir hacia la Ventaniella, lugar donde se encuentra la capilla de Los Remedios. En este punto nos reencontramos con Annouk, una holandesa con la que nos hemos ido cruzando durante toda la mañana. Seguimos hacia La Casona, el cruce de carreteras que funciona como centro neurálgico del pueblo. Aunque se puede continuar hacia la iglesia de Santiago, decidimos seguir el mojón oficial: cruzamos la N-643 (la carretera del aeropuerto) y luego la CT-1 para subir al barrio del Cueplo. Al estar en lo más alto, premia el esfuerzo con unas vistas preciosas del pueblo y del mar.

Cruzamos por encima de la autovía del aeropuerto y nos adentramos en el monte de la Granda, una zona de explotaciones de caolín —situadas justo al lado de la senda— que ya pertenece al concejo de Soto del Barco. Una amplia pista forestal, algo embarrada por el tránsito de los camiones madereros, nos guía en descenso entre eucaliptos. En algún claro del bosque ya se empiezan a divisar San Esteban y el río Nalón.La pista nos lleva hasta la carretera SB-3, la cual cruzamos para entrar en El Castillo. El pueblo debe su nombre a la fortaleza de San Martín, documentada desde el siglo XI pero construida probablemente en la época de la monarquía asturiana sobre restos romanos. Desde aquí subimos hacia Soto del Barco, disfrutando de unas vistas espectaculares del río Nalón y del puente que cruzaremos más adelante.

Retomamos la marcha pasando junto al Hotel Palacio de la Magdalena y descendemos por la antigua N-632 (hoy prácticamente sin tráfico) hasta el puente de La Portilla. Este viaducto sobre el río Nalón une Soto del Barco con Muros de Nalón. Antes de cruzarlo, vemos una estela sobre la fosa de la cantera que recuerda a quienes dieron su vida por la libertad y la democracia, lamentablemente vandalizada por algunos intolerantes. Este puente es un auténtico punto negro del Camino: aunque la zona peatonal cuenta con vallas quitamiedos, es tan estrecha que apenas hay espacio para caminar con comodidad.Tras cruzarlo, ascendemos por el arcén, dejamos a la derecha el desvío a San Esteban y tomamos a la izquierda una senda corta pero muy empinada que nos lleva al barrio de Era. Finalmente, seguimos por la Avenida de Riego hasta encontrarnos con Carlos y Antonio, los «mallorquines veloces», que ya están instalados en El Parador Casa Zoilo. Nos detenemos allí para almorzar y descansar un rato antes de dirigirnos a nuestro alojamiento, situado justo al otro lado de la carretera. A estas alturas del camino ya nos vamos conociendo los habituales de todos los días. En esta ocasión, nos despedimos de Carlos y Antonio que vuelven a sus ocupaciones laborales en Mallorca. Nuestros mejores deseos para ellos.

En resumen, ha sido una etapa corta y rompepiernas, caracterizada por las pistas de asfalto y los desniveles frecuentes y moderados que no han dado tregua bajo un calor sofocante. A pesar de la dureza del firme, nos quedamos con las preciosas vistas al mar desde el barrio del Cueplo, el acierto de tomar la variante de San Martín de Laspra para evitar el peligro del arcén y el reencuentro con compañeros de ruta como Annouk, Carlos y Antonio. La jornada nos deja el recuerdo del paso embarrado por el monte de la Granda y, sobre todo, la tensión de cruzar el estrecho puente de La Portilla sobre el río Nalón, un verdadero punto negro que, por suerte, ya ha quedado atrás mientras descansamos y reponemos fuerzas para mañana.

Todo el recorrido de esta jornada ha quedado registrado en este track.

Por la tarde nos acercamos a la Senda Costera de los miradores, un bello paseo familiar de escasos 4 km, en el que hemos visitado el mirador de la Atalaya, el del Espíritu Santo (donde se rodaron algunas escenas de la película Volver a empezar) y alguno más, igualmente impresionantes.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 24: Gijón – Avilés

Al andar establecemos algo así como una relación solemne entre cuerpo, mundo e imaginación. Las caminatas agudizan la inclinación del ser humano por comprender.

Herreros, Adriana. Andar por andar, SERIE ENDEBATE, 2025

Nuestra vigésimo cuarta etapa de este Camino de Santiago del Norte discurre entre los dos grandes polos de la que fuera antaño potente industria siderúrgica asturiana, que hoy en día sobrevive con dificultades a la globalización. Salimos de Gijón por las largas avenidas de Galicia y Argentina, y entramos en Avilés recorriendo suburbios urbanos e industriales; sin embargo, el tramo central de la etapa transcurre por un sosegado entorno plenamente rural.

Iniciamos la etapa en el puerto deportivo de Gijón y avanzamos por el paseo marítimo siguiendo las conchas del suelo. A los tres kilómetros, en el Alto del Cerillero, decidimos tomar un desvío alternativo recomendados por Garret, un caminante inglés que se unió a nosotros. Este camino nos permitió evitar la peligrosa carretera de la Acería de Verina, dejándonos directamente en su apeadero.

Desde allí comenzamos la subida hacia Poago y Cimavilla. A pesar de los puentes sobre las vías que recordaban la magnitud de la zona industrial, la ruta fue ganando altura hasta introducirnos en el monte Areo, un precioso entorno de bosques y praderas. En el alto nos reencontramos con el grupo de mallorquines y asturianas que avanzaban a un ritmo frenético. Aprovechamos para desviarnos unos 400 metros y visitar el dolmen de San Pablo, una estructura prehistórica integrada en una necrópolis.

Iniciamos el descenso hacia El Valle hasta llegar a la iglesia de Santa Eulalia, donde descansamos, tomamos fruta y rellenamos agua junto a Garret y Taz, un joven francés en su primera etapa. Continuamos la caminata recorriendo unos cuatro kilómetros por una pista asfaltada entre los verdes prados del concejo de Carreño, hasta salir a la AS-326 en Tamón y conectar con Tabaza. Al llegar a una transitada rotonda, vimos a Taz en Venta Tano, nos acercamos a saludar, vimos el menú de la venta y decidimos parar a comer.

Después de la comida reanudamos la marcha por la AS-19. Tras un tramo peligroso por el arcén, a la altura de Fertiberia pudimos tomar una acera segura que nos llevó junto a la iglesia de Trasona y las populosas viviendas de la antigua Ensidesa (hoy ArcelorMittal), en un entorno encajonado y bastante ruidoso por la cercanía de la autovía.

Finalmente entramos en Avilés cruzando la ría por una larga pasarela. Caminamos en paralelo al agua y entramos a un agradable parque urbano decorado con esculturas de acero. Casi al final, presenciamos un fragoroso incendio en un seto junto a las vías del tren, por lo que llamamos al 112 para dar el aviso antes de continuar. Cruzamos la pasarela hacia la avenida del Marqués de Suances y dimos por terminada la etapa en nuestro alojamiento. Ya por la tarde, intentamos visitar el Centro Niemeyer, pero tuvimos que hacer una visita muy corta debido a un evento hospitalario que se celebraba en el recinto.

En resumen: una etapa de puros contrastes, donde la dureza del paisaje industrial se compensa con la paz del monte Areo y sus dólmenes. Una jornada de convivencia internacional y anécdotas en el camino que nos deja a las puertas del Avilés más vanguardista.

Todo el recorrido de esta etapa lo hemos dejado grabado en este track.

Ruta del acero

Camino de Santiago del Norte. Etapa 23: Villaviciosa-Gijón

El océano es una agitación, la montaña es una meditación

Hugo, Victor. Viaje desde los Pirineos a los Alpes, Alhena Media, 2012

Sobre el papel, la etapa de hoy parece una de las más duras de este Camino del Norte. Si la distancia no fuera poco tenemos dos ascensos con un desnivel considerable. El primero, al alto de la Cruz (436 m) y el segundo, el Collado del Infanzon (275 m) ambos con rampas de gran dureza y el segundo por un camino pedregoso y muy embarrado. También es significativo que, en esta etapa se bifurca el camino entre Oviedo (para continuar por el Camino Primitivo) o continuar hacia Gijón por el camino del Norte.

Iniciamos la etapa muy cerca de nuestro alojamiento, justo frente al monumento dedicado a la visita de Carlos I. Continuamos recto hasta alcanzar la iglesia románica de Nuestra Señora de la Oliva, donde destaca el monolito alusivo al Camino del Norte (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015).

Siguiendo el trazado hacia la izquierda, salimos por la AS-255 y pasamos junto a la fábrica de sidra El Escanciador. Poco después, dejamos la carretera por la derecha para adentrarnos en el parque de La Alameda, a orillas del río Linares. Tras un breve tramo —y un pequeño despiste que nos costó añadir un kilómetro extra a la jornada— regresamos al asfalto para abandonarlo enseguida por la derecha, justo al llegar a la pequeña iglesia de San Juan de Amandi. Aunque a primera vista parezca una modesta iglesia rural, es una de las joyas más importantes del románico asturiano. Datada en el siglo XIII, conserva casi todos sus elementos característicos: planta rectangular, ábside semicircular, una portada con cuatro arquivoltas y columnas coronadas por capiteles historiados.

Continuamos de frente cruzando un antiguo puente de piedra sobre el río Linares, en un entorno de postal. Al salir a la AS-267, a la altura de un bar, giramos a la derecha en dirección a Casquita. Pronto salieron a nuestro paso la ermita de San Blas y el mojón que señaliza una bifurcación clave: a la izquierda hacia Oviedo y de frente hacia Gijón. Elegimos esta última opción, avanzando por una estrecha carretera asfaltada. A los 5 kilómetros del cruce, salvamos la A-64 por un puente y, un kilómetro más adelante, cruzamos otro sobre la A-8. Giramos a la derecha e, inmediatamente, a la izquierda por una carretera local en fuerte pendiente. Dejamos a un lado el diseminado de Niévares, y el acceso a la ermita de Santa Eulalia. A los 500 metros nos desviamos por un sendero pedregoso a la izquierda que exigió un buen esfuerzo: tres kilómetros de duros repechos a través del bosque hasta salir a la carretera VV-8 y coronar el Alto de la Cruz (436 m.s.n.m.), el techo de la etapa; un tramo exigente pero precioso, con vistas espectaculares del valle. Tras dos kilómetros y medio de descenso por carretera, nos desviamos a la izquierda por un bonito sendero boscoso que nos llevó directos a Peón (Pion en asturiano).

Dejamos a la izquierda la iglesia de Santiago y salimos a la AS-331, frente al restaurante Pepito, donde aprovechamos para reponer agua muy fresquita y sellar la credencial. Seguimos unos metros a la izquierda por la carretera y nos desviamos a la derecha por una senda de tierra entre casas de campo. Así alcanzamos el diseminado de La Garita, característico por sus viviendas profusamente decoradas. Aquí arrancó la última gran subida: dos kilómetros de bosque con rampas fuertes por un sendero muy pedregoso y embarrado que sale de nuevo a la AS-331, concretamente en el Alto del Curbiellu (o del Infanzón, según el mapa), desde donde por fin se divisan el mar y Gijón.

A estas alturas el calor ya era asfixiante. Tras reanudar la marcha bajamos por carretera un kilómetro y pasamos la pronunciada curva del antiguo salón de bodas El Pinal y tomamos un desvío a la derecha hacia las urbanizaciones. Bajamos por un carril peatonal y, junto a unos campos de deportes, encontramos el Restaurante La Curuxa, el lugar perfecto para detenernos, comer y descansar un rato.

Con las fuerzas renovadas, continuamos el descenso por una pista forestal hasta el camping de Deva, donde giramos a la izquierda para tomar la Senda de Peñafrancia. Este tramo final discurre entre zonas verdes y parques, divisando al fondo el Hospital de Cabueñes y la imponente Universidad Laboral. Sin embargo, el recorrido zigzaguea bastante y carece de buena señalización. Al final, frente a la Escuela Politécnica, decidimos tirar de Google Maps para orientarnos directamente hacia nuestro alojamiento. Ha sido una etapa agotadora en la que hemos caminado 31,89 kilómetros en un tiempo de 10 horas y 15 minutos, superando un desnivel acumulado de 798 metros.

En resumen: una etapa rompepiernas, bastante larga y exigente por el calor y los desniveles, pero increíblemente bonita. Un trazado de contrastes que te lleva desde el mejor románico asturiano en Villaviciosa hasta las puertas de Gijón, superando duros repechos boscosos que, al final, regalan la recompensa inolvidable de ver el mar Cantábrico desde lo alto.

Todo el recorrido de hoy lo hemos documentado en este track.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 22: Colunga-Villaviciosa

Si por el camino recto no puedes llegar a ser una persona extraordinaria, jamás lo conseguirás yendo por los caminos torcidos

Dickens, Charles. Grandes Esperanzas, Debolsillo, 2008

Nuestra vigésimo segunda etapa de este Camino de Santiago del norte es etapa corta en la que caminamos lejos de la costa, por un terreno más montañoso que en las etapas precedentes. El trayecto transcurre por carreteras locales, pistas forestales, caminos de tierra y entre pomaradas, prerrománico y el aroma a sidra. Atravesamos hoy minúsculos núcleos rurales, sin bares ni restaurantes. Villaviciosa, la Capital de la Manzana, es una agradable ciudad con todos los servicios.

Iniciamos la ruta en la iglesia de San Cristóbal y callejeamos por Colunga admirando sus casonas. Al llegar al hotel Mar del Sueve, giramos a la izquierda, cruzamos el río Libardón y tomamos la carretera AS-258. Enseguida nos desviamos a la derecha por la CL-1, una carreterilla local por la que caminaremos unos ocho kilómetros.

El camino atraviesa primero un amplio valle de praderas, maíz y pomaradas de manzanos. Tras cruzar la A-8 por un paso elevado, el asfalto empieza a subir hacia el monte, regalándonos espectaculares vistas según superamos las aldeas de Conlleu, Pernús y La Llera.

Al iniciar el descenso llegamos a Priesca, donde paramos a visitar la iglesia de San Salvador, una joya del prerrománico asturiano. Tras rodear el templo, ¡por fin dejamos el asfalto! Tomamos una senda a la derecha para disfrutar de una preciosa bajada por el bosque hasta La Vega, donde caminamos junto a un arroyo. Cruzamos bajo la autovía y entramos en Sebrayo, pasando frente a su albergue.

De nuevo por carretera, pasamos otra vez bajo la A-8 y afrontamos un repecho junto a unas casas rodeadas de rosales llamadas “El peregrino cansau ”. Las flechas amarillas nos guían por pequeños viales y tramos de bosque hasta una pista paralela a la autovía. Tras un último paso elevado, descendemos frente a las instalaciones de la sidrería El Gaitero.

Flanqueados por bonitas casas asturianas, entramos en Villaviciosa por la N-632. Cruzamos el parque Ballina —donde destaca la escultura Elogio de la manzana de Úrculo—, pasamos el Ayuntamiento y sellamos la credencial en la oficina de turismo. Finalmente, terminamos la jornada junto al monumento a Carlos I y nos dirigimos al alojamiento.

En resumen: Una etapa de transición preciosa y mucho más corta que las anteriores, dominada por los paisajes rurales asturianos, el encanto de las pomaradas, el aroma a sidra y el gran hito cultural del prerrománico en Priesca.

Todo el recorrido de hoy lo hemos dejado grabado en este track.

Por la tarde realizamos un recorrido cultural por el casco antiguo de Villaviciosa que hemos dejado en este track. En la descripción de cada waypoint he dejado información relevante de cada uno de ellos.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 21: Cuerres-Colunga

El caminar no atiende a las lindes que despiezan la tierra, sino a los senderos que funcionan como una especie de sistema circulatorio que abastece a todo el organismo. En este sentido, caminar es la antítesis de poseer

Solnit, Rebecca. Wanderlust: Una historia del caminar, Capitán Swing, 2019

Nuestra vigésimo primera etapa de este Camino de Santiago del Norte discurre entre el diseminado de Cuerres y la villa de Colunga capital del Concejo de Colunga. Etapa paisajisticamente interesante, con monte y buenas vistas sobre la costa y con el paso junto a varias playas: Santa Marina (en Ribadesella), La Vega, Arenal de Morís o La Espasa.

Comenzamos la caminata en Cuerres retomando el punto donde lo dejamos ayer. El primer tramo avanza entre carreteras locales, caminos de tierra y varios cruces de vías férreas que nos guían hacia Toriellu. Tras poco más de dos kilómetros de suaves desniveles, bordeamos el campo de fútbol local y entramos en el casco urbano de Ribadesella, una villa turística con todos los servicios. Cruzamos el imponente puente de 325 metros sobre el río Sella, que conecta la zona antigua con el Ensanche, y seguimos las flechas jacobeas por el paseo marítimo de la playa de Santa Marina.

Dejamos atrás la costa por una carretera en subida hacia San Pedro. En un cruce de caminos, optamos por una senda forestal a la derecha que nos lleva directos a Vega de Ribadesella. Tras pasar junto a la Capilla de Santa María Magdalena, bajamos a la playa y cruzamos el regato del Acebo. Desde aquí, un sendero embarrado asciende por el monte Cueto hacia Berbes. Superado el pueblo, la ruta alterna constantemente entre la carretera nacional y estrechos senderos de vegetación que sirven de atajo, cruzando el arroyo de la Régula para entrar en el Concejo de Caravia.

A partir del Arenal de Morís comienzan unos kilómetros de belleza extraordinaria, caminando por la ladera de la montaña con el mar siempre a nuestro lado. Avanzamos por las playas de la Beciella y Moracey hasta la preciosa playa de la Espasa. Con todo cerrado en la zona, continuamos hasta La Isla, donde por fin encontramos una modesta cafetería para reponer fuerzas junto a otros peregrinos.

Ya con más energía, retomamos la ruta oficial por un tramo sombrío que esconde los puentes medievales de Güeñu y la pequeña aldea de Cobián. Finalmente, el camino avanza en paralelo a la carretera hasta entrar en Colunga. Pasamos ante la ermita de la Virgen de Loreto y, al llegar a la iglesia de San Cristóbal, damos por concluida la jornada

En resumen: Una jornada larga y dura de casi nueve horas de caminata, pero absolutamente memorable por el contraste entre los senderos de interior y la magia de caminar con el mar Cantábrico siempre al lado.

Todo el recorrido del día de hoy ha quedado registrado en este track.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 20: Llanes-Cuerres

En la montaña el alma se eleva, el corazón se sanea; el pensamiento participa de esta paz profunda.

Xingjian, Gao. La Montaña del Alma. Booket, 2002

Nuestra vigésima etapa de este Camino de Santiago del Norte transcurre entre las localidades de Llanes y Cuerres (un lugar del Concejo asturiano de Ribadesella en la parroquia de Cullera) La etapa es un poco larga, si bien los desniveles son moderados. En su primera mitad pasamos junto a playas como las de Palombina, Torimbia o San Antolín, todas bellísimas. A continuación el itinerario vira —una vez más— tierra adentro, a través de zonas rurales con menor presión turística. Tras cruzar un sinnúmero de pasos a nivel, finalizaremos la jornada en Cuerres. Nuestra idea era acortar un poco la etapa “oficial” con final en Ribadesella pero un par de salidas del camino (una para subir al mirador de San Antolín con excelentes vistas a las playas y a los Picos de Europa y otra para asomarnos a la playa de Gulpilluri) nos ha dejado una etapa de casi 28 km (un par de km menos que la etapa original)

Tras varios días nublados y lluviosos, hoy amaneció despejado, sin apenas viento y con una temperatura ideal para caminar. Salimos de Llanes desde nuestro alojamiento junto al puerto pasando ante el Casino, el ayuntamiento y siguiendo la Avenida de la Paz. Tras un kilómetro, a la altura del tanatorio, cruzamos con precaución la vía del tren por un paso a nivel sin barreras. Allí mismo, el primer mojón de la jornada nos desvió por un antiguo camino de tierra que nos condujo hacia Poo. Tras pasar el cementerio y la iglesia de la localidad, superamos el apeadero de FEVE y cruzamos un segundo paso a nivel, esta vez con barreras, para enlazar con la Senda Costera E-9. Comenzó entonces un tramo fantástico de más de dos kilómetros por pistas de tierra a lo largo de la costa, pasando cerca de las playas salvajes del Portiellu y del Castro de San Martín, con Celorio como destino. Al entrar en el pueblo, nos desviamos hacia el monasterio de San Salvador (siglo XI) y el mirador de la Restinga, que ofrece unas vistas excelentes de la playa y las ruinas medievales. Continuamos el paseo bordeando las playas de Las Cámaras, Palombina, Troenzo y Barro, para luego tomar la carretera en dirección a Niembro. Por el camino disfrutamos de la estampa de la iglesia de los Dolores reflejada en las aguas de la marisma.Pasada la capilla del Santín, tomamos un sendero en ascenso a través del bosque. Aunque la ruta oficial no entra en la playa de Torimbia, seguimos las señales entre carriles peatonales y tramos boscosos. Tras una dura rampa de bajada, nos desviamos unos 600 metros para subir al mirador de San Antolín, con una panorámica espectacular de la costa, la Cordillera Cantábrica y los Picos de Europa. Descendimos después hasta la desembocadura del río Bedón. En este punto nos reencontramos con Philippe, un peregrino francés con el que nos hemos ido encontrando desde Comillas. Pasamos junto a los restos del monasterio benedictino del siglo XIII, y caminamos en paralelo a la playa de San Antolín, contemplando su famosa roca horadada o «furacu».Cruzamos la carretera, pasamos bajo la autovía A-8 y entramos en Naves.

Desde la plaza de la iglesia, aprovechamos para desviarnos un kilómetro hasta la playa de Gulpiyuri. Aunque la encontramos con marea baja —mostrando una dolina de arena fina sin agua—, sigue siendo un prodigio geológico impresionante. De regreso a Naves, retomamos la ruta por un precioso tramo del antiguo Camino Real que, entre hórreos y árboles, nos llevó hasta Villahormes y el caserío de La Venta. Un kilómetro más adelante alcanzamos el casco urbano de Nueva, donde nos detuvimos a comer.

Después de la comida, retomamos el camino real para cruzar el tercer paso a nivel del día, seguimos un camino de tierra en paralelo a la vía del tren y a la autovía hasta Piñeres de Pría. Desde allí, un sendero entre prados y vacas nos hizo ascender hacia la iglesia de San Pedro de Pría, reconocible por su torre campanario y sus buenas vistas. Una pista en descenso nos introdujo en la aldea de El Collau, con sus peculiares piedras pintadas con motivos jacobeos. Finalmente, siguiendo la ruta oficial asfaltada que lleva hacia los bufones, alcanzamos el núcleo diseminado de Cuerres, donde dimos por terminada la etapa y nos dirigimos a nuestro alojamiento.

En total, hemos caminado 27,56 km, superado un desnivel acumulado de 705 m en un tiempo de 8 horas y 44 minutos.

En resumen: una ruta un poco larga, increíblemente bonita y muy variada. Es un recorrido que combina a la perfección la fuerza del Cantábrico con la tranquilidad de los bosques asturianos, salpicado de joyas románicas, playas mágicas y pueblos con encanto. A pesar del esfuerzo y de los constantes sube y baja, las espectaculares panorámicas de la costa y el telón de fondo de los Picos de Europa hacen que cada kilómetro merezca la pena.

Gulpiyuri

Todo el recorrido de hoy lo hemos dejado grabado en este track.