Camino de Santiago del Norte. Etapa 19: Unquera -Llanes

Nos quedan paseos infinitos por hacer. Reivindiquemos, desbrocemos y allanemos todos los caminos.

Herreros, Adriana. Andar por andar. Serie ENDEBATE, 2025

Nuestra décimo novena etapa de este Camino de Santiago del Norte transita entre las localidades de Unquera y Llanes y el 99,9 % de su recorrido transcurre por tierras asturianas. Es una ruta plácida y repleta de bellos paisajes, especialmente en el tramo por la Senda Costera a partir de La Franca. En el día de hoy hemos seguido un camino alternativo que únicamente se puede hacer en el caso de que la meteorología sea favorable. Tramos expuestos y peligrosos con mucho viento y/o lluvia. Tiene dos únicas subidas. La primera nada más cruzar el puente del Río Deva (138 m de altitud máxima) y la segunda se halla al final de la jornada, después de Andrín con unos 100 metros de desnivel; tras el descenso llegaremos primero a Cue (donde comemos) y después a Llanes, villa en la que destacan el casco histórico, el puerto de pescadores y su artística escollera con los cubos de la memoria.

Iniciamos el recorrido en la calle principal de Unquera hacia el oeste para cruzar el puente sobre la ría de Tina Mayor, donde el Deva entrega sus aguas al Cantábrico. Al otro lado nos recibe ya Asturias. Frente al puente, junto a la emblemática Villa Delfina, tomamos una rampa empedrada que asciende durante 1,2 km. En el camino pasamos por la Capilla del Cantú, donde una inscripción en bronce nos recuerda nuestro objetivo: 427 kilómetros hasta Santiago.Tras la subida, entramos en Colombres, cuna de la arquitectura indiana. Atravesamos su plaza elíptica, flanqueada por el Ayuntamiento, la iglesia de Santa María y la Quinta Guadalupe, sede del Museo de la Emigración. Dejamos atrás la villa subiendo por la iglesia y, tras un tramo de tierra y el barrio de El Peral, cruzamos la N-634 junto al restaurante Casa Junco. Un breve desvío nos permite asomarnos al cementerio local, que alberga panteones indianos impresionantes. De regreso al camino encontramos a Andrea, una mujer alemana que nos hemos cruzado mucho estos dias. Tiene una rodilla un poco averiada pero su objetivo es Santiago. Superamos la autovía A-8 y avanzamos en paralelo a ella hasta incorporarnos de nuevo a la nacional, caminando con precaución por el arcén hasta La Franca. Allí abandonamos el asfalto por la AS-346 para bajar entre casitas hacia un viaducto de la A-8; cruzamos el puente de piedra sobre el río Cabra y ascendemos bajo la sombra del bosque hasta salir otra vez a la nacional. En este punto (km 7,6) optamos por la variante de los Bufones de Santiuste. Cruzamos las vías del tren y, a través de un sendero escondido, nos asomamos a los acantilados. Aunque hoy la lluvia no nos acompaña y el mar en calma no permite ver los surtidores de agua de hasta 30 metros, el paisaje sigue siendo sobrecogedor. El tramo es agreste y espectacular, destacando el paso por el arco de piedra sobre la playa interior de Cobijero, una dolina natural donde el mar penetra por cavidades subterráneas. Tras cruzar el arco con precaución, bordeamos la costa hasta la playa de Buelna —famosa por su formación rocosa «El Picón»— y llegamos a Pendueles.

A la salida del pueblo, elegimos continuar por la Senda Costera (GR-E9). Este trazado nos regala el paso por los Bufones de Arenillas, que hoy se limitan a un rumor sordo bajo nuestros pies debido a la ausencia de oleaje.

Bufón de las Arenillas

Poco después, descendemos al lecho del río Purón, que cruzamos por el fotogénico puente de madera de «Los Puentinos». Desde aquí afrontamos el segundo mayor reto físico del día: un ascenso continuado de 2,8 km hasta Andrín. Tras cruzar el pueblo, seguimos subiendo por un andadero protegido hasta el Mirador de La Boriza, cuyas vistas hacia la playa de la Ballota son, sencillamente, imbatibles. El descenso final nos lleva a Cué, donde aprovechamos para recuperar fuerzas en la Sidrería La Espuela (trato magnífico y precio moderado). Los últimos kilómetros son un agradable paseo hacia Llanes, entrando por el parque de El Rinconín y recorriendo la avenida de la Concepción, flanqueada por verjas y jardines indianos.

Finalmente, cruzamos el puente sobre la ría y terminamos nuestra ruta en el puerto. Tras una ducha reparadora, nos acercamos al espigón para admirar los Cubos de la Memoria, situados en el espigón del puerto de Llanes,una de las intervenciones artísticas más famosas del litoral español.Obra del artista vasco Agustín Ibarrola, creada entre 2001 y 2003.El autor aprovechó los bloques de hormigón que protegen el puerto para convertirlos en un lienzo tridimensional. Las pinturas representan la memoria del artista, del arte y del propio territorio (el mar, los bosques y la historia local) Los colores y las formas cambian según la luz del día, la marea y la posición desde la que se miren.Vemos ojos que miran al mar, figuras geométricas y referencias a la prehistoria y a la vida marinera.

Así cerramos una etapa más dura de lo previsto: 28,56 km, 705 metros de desnivel acumulado y casi 9 horas de camino que han valido cada segundo.

En resumen, ha sido una etapa larga y exigente, pero de una belleza paisajística difícil de superar. Aunque el Cantábrico no nos ha regalado hoy el estruendo de sus bufones, caminar por el filo de sus acantilados y cruzar puentes escondidos en el bosque ha convertido cada kilómetro en un privilegio. Desde el adiós a Unquera hasta el reposo final en Llanes, la jornada ha sido un desfile constante de arquitectura indiana y naturaleza salvaje. Nos retiramos a descansar con el cansancio acumulado en las piernas, pero con la retina llena de verde y salitre, listos para seguir descubriendo los tesoros que Asturias guarda para nosotros.

Todo el recorrido de esta etapa ha quedado registrado en este track.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 18: Comillas- Unquera

Pasear saca lo mejor de nosotras. Durante los paseos no nos queremos, sino que a menudo rabiamos una contra la otra, pero de todas formas paseábamos

Gornick, Vivian. Apegos feroces. Sexto piso Ed. 2017

Nuestra decimoctava etapa del Camino del Norte discurre entre Comillas y Unquera. Es una jornada de marcado carácter rural que nos sitúa en el límite occidental de Cantabria, listos para entrar en Asturias. El recorrido nos obliga a cruzar puentes sobre marismas y rías, con repechos intermedios que, aunque moderados, ofrecen la sensación de tener las montañas siempre cerca.Tras visitar la villa marinera de San Vicente de la Barquera, compartimos itinerario con los peregrinos del Camino Lebaniego hasta Serdio. La etapa finaliza en Unquera, famosa por ser la puerta al Desfiladero de la Hermida y por sus riquísimas corbatas, ese hojaldre típico que comparte fama con San Vicente.

Iniciamos la caminata en la plaza del Ayuntamiento nuevo de Comillas, junto a la fuente de los Tres Caños. Por la calle Marqués de Comillas, pasamos ante el imponente Palacio de Sobrellano y nos adentramos en un agradable paseo flanqueado por plátanos de sombra. Este camino nos introduce en el Parque Natural de Oyambre, donde cruzamos el puente sobre la ría de la Rabia antes de bordear las playas de Oyambre y Gerra.Ya en el término de San Vicente de la Barquera, tras pasar la playa de Merón, accedemos al Puente de la Maza. Esta estructura de piedra del siglo XV, mandada construir por los Reyes Católicos, es uno de los símbolos más icónicos del Camino. Con sus casi 500 metros y 28 ojos, conecta el casco antiguo con la zona de playas. Al ser el ecuador de nuestra ruta, aprovechamos para tomar un refrigerio y descansar.

Retomamos la marcha por la Ronda de la Encrucijada y el Camino Alto de Santiago, ambos en fuerte subida. En este punto convergemos con los peregrinos que inician el Camino Lebaniego en la Puebla Vieja, un tramo que ya conocemos y que revivimos con emoción. Una pista asfaltada nos guía hacia La Acebosa; al cruzar la autovía A-8 junto al cementerio, echamos la vista atrás para disfrutar de una panorámica espectacular de la ensenada de San Vicente.Atravesamos Hortigal y Estrada, donde admiramos su imponente torre medieval, baluarte del linaje de los Estrada que vigilaba la ruta costera. En Serdio, paramos a almorzar en el Bar La Gloria. Un kilómetro después de dejar atrás el pueblo, los caminos se separan: el Lebaniego parte hacia la izquierda y nuestro Camino del Norte continúa a la derecha.Finalmente, enlazamos con la carretera CA-181 en paralelo al río Nansa. Cruzamos la ría de Tina Menor a la altura del bar La Barca y, tras el puente, un repecho nos lleva hasta Pesués. El último tramo discurre por un camino de tierra paralelo a la vía del tren que, tras dos kilómetros, nos deja directamente en el centro de Unquera.Concluimos la jornada con 27,13 km recorridos, un desnivel de 151 metros y un tiempo total de 8 horas y 21 minutos, paradas incluidas.

En resumen, ha sido una jornada de contrastes inolvidables, donde la fuerza del Cantábrico y la paz de las marismas nos han acompañado en cada paso. Una etapa larga y exigente en distancia, pero generosa en recompensas: desde el adiós al modernismo de Comillas hasta el abrazo medieval de la Torre de Estrada, culminando con el dulce sabor de las corbatas de Unquera. Nos despedimos de Cantabria con la satisfacción de haber cumplido nuestro programa, la emoción de haber redescubierto senderos conocidos y la mirada ya puesta en los puentes que mañana nos adentrarán en tierras asturianas.

Todo este recorrido ha quedado registrado en este track.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 17: Santillana del Mar-Comillas

La vida humana se desarrolla básicamente a pie; es a pie, fuera de los automóviles, cuando se producen las relaciones más directas e intensas de las personas con el entorno físico y social. Y el espacio público que las acoge es el espacio cívico por excelencia, el espacio de la integración y de la coherencia social.

Pozueta, Julio; Lamíquiz Daudén Francisco J. Porto Schettino, Mateus Rebecca. La Ciudad Paseable. CEDEX-CEHOPU, 2010

En nuestra décimo séptima etapa de este Camino de Santiago del norte hemos recorrido la distancia que separa la Villa de Santillana del Mar de Comillas. Ha estado lloviendo casi toda la noche y cuando hemos bajado a desayunar seguía lloviendo con cierta intensidad. El pronostico era de casi todo el día lloviendo pero, sorprendentemente a la salida de Santillana ha dejado de llover y hemos pasado casi toda la mañana sin agua. En la localidad de La Iglesia ha caído un modesto chaparrón que nos ha obligado a sacar chubasqueros y protectores de mochila, pero antes de llegar a Comillas han desaparecido las nubes y se ha quedado completamente raso. Para las tres de la tarde estabamos en Comillas y comiendo. Así que hemos empleado la tarde en una visita al Capricho de Gaudí.

Abandonamos la quietud de Santillana del Mar partiendo de su Plaza Mayor para ascender por la Calle de los Hornos, dejando atrás la ciudad que se despereza para adentrarnos en un paisaje de colinas ondulantes y pastos que parecen pintados. El sendero, tapizado de hierba y con surcos de agua de la reciente lluvia, nos guía con suavidad hacia Arroyo y, más tarde, hacia la vecina Oreña. Allí, una pista nos eleva entre prados hasta la soledad de la iglesia de San Pedro, centinela del siglo XVI que domina el horizonte desde su loma.

El descenso nos regala el encuentro con la ermita de San Bartolomé en Caborredondo, una pequeña joya prerrománica del siglo XI que sobrevive al paso del tiempo. Tras ella, la ruta se vuelve íntima y solitaria, discurriendo por caminos vecinales y senderos forestales que atraviesan valles de postal. Entre el verde incipiente de los maizales y el paso pausado de las vacas, alcanzamos Cigüenza, donde la altiva silueta barroca de San Martín de Tours y las elegantes casonas de indianos nos hablan de un pasado de ultramar y esplendor.

Al llegar a Cóbreces, el color rojizo de la Abadía neogótica de Santa María de Viaceli se impone en el paisaje. Es el refugio de los monjes trapenses y el lugar perfecto para un breve descanso antes de que el Camino nos reclame de nuevo hacia el mar. Así que hacemos un ligero refrigerio y un breve descanso antes de continuar. La Playa de Luaña nos recibe con su brisa salitrosa; cruzamos sus pasarelas de madera y, tras salvar un pequeño puente, acometemos el exigente ascenso a Trasierra. El esfuerzo tiene recompensa: a nuestras espaldas queda el azul del Cantábrico y, al frente, la imponente silueta de los Picos de Europa asoma tímidamente entre los jirones de nubes. En este tramo nos encontramos con Yousef un joven sirio que vive en Murcia y con el que intercambiamos unas palabras y unos presentes.

El tramo final nos conduce por el corazón de Ruiloba y el barrio de Pando, donde en su capilla de San Roque descansan dos grandes conchas marinas convertidas en pilas bautismales, mudos testigos de la fe de tantos caminantes. Tras sellar nuestras credenciales y firmar en el libro de los peregrinos continuamos para atravesar la empedrada y noble Calle Mayor de Concha, con sus casonas con balconadas de madera y muros de piedra. Un último suspiro bajo la sombra del bosque nos entrega a la entrada de Comillas. La estampa es sobrecogedora: el Palacio de Sobrellano y la Universidad Pontificia se recortan contra el cielo como gigantes de otra era. Con la alegría del final de la etapa y el paso apresurado, buscamos la Plaza del Ayuntamiento para cerrar la jornada y acudir, a la taurina hora de las cinco de la tarde, a nuestra cita con la fantasía modernista del Capricho de Gaudí.

Tras la comida, nos acercamos a la visita programada. Por azares del destino esta tarde están de celebración (el 140 aniversario de su construcción) por lo que con la visita guiada y un breve esparcimiento por nuestra cuenta por los jardines de la casa tenemos que dar por terminada la jornada.

En resumen, una etapa de una belleza serena y paisajes idílicos que abandona definitivamente el entorno industrial para abrazar la Cantabria más auténtica. Es un recorrido que alterna valles de postal, iglesias centenarias y senderos costeros con vistas espectaculares a los Picos de Europa, culminando en la majestuosidad modernista de Comillas tras un agradable caminar entre prados y casonas de indianos.

Todo el recorrido de esta mañana lo hemos dejado registrado en este track.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 16: Mar – Santillana del Mar

Caminar, idealmente, es un estado en el que la mente, el cuerpo y el mundo están alineados, como si fueran tres personajes que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde.

Solnit, Rebecca. Wanderlust: Una historia del caminar, Capitán Swing, 2019

En la etapa de hoy, nuestra Etapa 16, continuamos la realizada ayer hasta Santillana del Mar. El objetivo es llegar a Santillana a buena hora, comer y visitar el Museo de Altamira. En lo meteorológico continuamos la tónica de ayer: sirimiri, algunos chubascos un poco más fuertes y cielos muy cubiertos. El paisaje también parece calcado al de ayer: semiurbano, polígonos industriales, carretera, un par de carriles peatonales junto a la carretera y suaves colinas con prados de vacas y caballos.

Retomamos la marcha desde el bar La Fuente frente a la ermita de San Miguel en Mar y nos dirigimos hasta la estación de Renfe-Feve. Tras cruzar las vías con cautela, seguimos de frente para cruzar un polígono industrial de talleres y naves hasta desembocar en la N-611. Caminamos por su acera hasta alcanzar el centro de Requejada y su iglesia parroquial. El camino continua por el margen derecho de la nacional. Al fondo, ya se recortan las chimeneas y las estructuras de la factoría química Solvay, cuyas alambicadas construcciones dominan el paisaje. Caminamos más de un km entre las construcciones asociadas a la factoría: casas para los trabajadores, técnicos e ingenieros, capilla, escuelas, cafetería y hasta Casino, testimonios de otra época. Finalmente alcanzamos una rotonda en la que un bisonte esculpido nos recuerda la proximidad de Altamira.

Al llegar a la gran rotonda de la estación de Barreda, giramos a la derecha por la CA-131. Cruzamos sobre las vías y pasamos junto a la entrada de la química Solvay para enfilar un puente que salva el caudaloso río Saja. Ignoramos las flechas que algún vecino ha trazado a la izquierda tras el puente y continuamos de frente por el camino oficial. Bordeamos una nueva glorieta y ascendemos suavemente por la acera hasta el barrio de Viveda.Allí, giramos a la izquierda y el asfalto Al despedirnos de las últimas casas, el asfalto cede espacio a un carril peatonal rojizo que serpentea entre prados ondulados y paisajes amables. Así alcanzamos Camplengo, un remanso de paz sin servicios. Al final de la aldea, giramos a la derecha por una pista asfaltada, cruzamos bajo la carretera y, junto a una pequeña capilla-humilladero, iniciamos el descenso final por un nuevo carril peatonal que, paso a paso, nos conduce a la belleza de Santillana del Mar. Junto a la Colegiata detenemos la ruta para encaminarnos a nuestro alojamiento.

Como hemos llegado muy bien de tiempo a Santillana, comemos pronto y, por la tarde nos encaminamos hasta Vispieres, a unos 2 km, lugar en las afueras en el que se encuentra el museo de la «Capilla Sixtina del arte paleolítico», el Museo de la Cueva de Altamira. Permanece abierto hasta las 20:00 (de mayo a octubre) y es una visita que vale mucho la pena. Por la tarde es un gran momento para evitar las grandes masificaciones matutinas, con una maravillosa visita guiada por la neo-cueva.

En resumen, se trata de una etapa de contrastes que arranca con un tramo predominantemente urbano e industrial, marcado por el cruce de vías, polígonos y el histórico complejo de la factoría Solvay en Barreda, para después dar paso a un paisaje mucho más rural y amable, donde un cómodo carril peatonal serpentea entre prados y tranquilas aldeas hasta culminar en la belleza monumental de Santillana del Mar.

Todo el recorrido de esta mañana fría y húmeda ha quedado registrado en este track.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 15: Santander-Mar

El Camino es el mismo desde hace siglos, los mismos pueblos, las mismas iglesias, montañas, ríos, calzadas romanas, calzadas romanas, tierras y piedras pisadas una y otra vez. Pero el Camino es la gente que lo recorre.

Zaragoza, Daniel. Un millón de pasos: en el Camino de Santiago. Autopublicación, 2019

Ayer nuestro vuelo a Santander nos dejó prácticamente media mañana y toda la tarde para hacer algo de turismo por la capital cántabra. Así, visitamos la Catedral, sellamos la credencial en la misma catedral e hicimos un par de caminatas de nuestro interés. Por la mañana hicimos un completo recorrido por el arte urbano de Santander que dejamos registrado en este track de wikiloc, y por la tarde hicimos unos de los recorridos guiados con la temática del incendio de 1941 que transformó intensamente el tejido urbanístico y social de la ciudad y que dejamos grabada en este otro track.

Con todo ese “trabajo” adelantado y ante una etapa que se presentaba larga (La etapa “oficial” es Santander – Santillana del Mar con algo más de 36 km, por lo que habíamos decidido dividirla en dos etapas más cortas) hoy hemos iniciado la caminata desde la Plaza en la que se encuentran la estación de Ferrocarril y a Estación de Autobuses. La mañana ha amanecido bastante nublada y antes de cruzar por el túnel Pasaje de Peña ya había comenzado un suave sirimiri que nos ha acompañado hasta la salida de Santander. Desde el túnel hemos salido al encuentro del camino oficial mediada la calle Jesús de Monasterio para continuar por San Fernando (Alameda de Oviedo). A partir de este punto entramos en una serie de rotondas hasta llegar a a avenida Marqués de Valdecilla, dejando el hospital a un lado, y por un andadero junto a la N-611 llegamos hasta Peñacastillo. Tras superar un par de rotondas más, de la N-611 hay un desvío y entramos en una zona de caminos locales, algún sendero paralelo a las vías del FEVE y ya podemos decir que hemos salido de Santander. Entre el sirimiri y algunos chubascos más intensos hemos llegado, por caminos rurales, a Santa Cruz de Bezana, pequeño núcleo de población sin servicios a la vista. Hasta este punto la señalización es bastante buena con las habituales baldosas con la cruz de Santiago y la indicación de Camino del Norte. Entre Santa Cruz de Bezana y Mompía ya encontramos la clásicas flechas amarillas en las farolas y un derroche de “bancos peregrinos” celosías amarillas y un gran área de descanso con predominio de bancos y flechas amarillas. Antes de llegar a Mompia encontramos un café (entre Cucos anda el juego) y nos detenemos para un café y un pequeño descanso.

Continuamos la caminata por un amplio carril bici pintado de rojo que nos lleva hasta la localidad de Boo de Piélagos. Al final de esta localidad el camino oficial está cortado por obras y nos desvían por un camino alternativo que nos alarga la caminata en un par de km. Este camino alternativo enlaza de nuevo con el camino “oficial” junto a la urbanización Dunas de Liencres donde tomamos un camino de tierra muy agradable por la orilla del Río Pas. Este camino nos lleva al centro de Arce donde nos encontramos de nuevo con la N-611. Continuamos por el arcén de la carretera hasta llegar a Puente Arce donde torcemos a la izquierda para cruzar el Puente Viejo sobre el río Pas. Antes de cruzar el puente nos encontramos el Mesón Puente Viejo con un estupendo menu del día y, como ya es la hora de comer paramos a descansar un poco y reponer fuerzas.

Cruzamos el río por el monumental Puente Viejo Pasamos la localidad de Oruña e iniciamos una suave subida que nos lleva de nuevo al encuentro de la N-611. La seguimos unos 500 m y giramos hacia un camino vecinal que baja hacia el valle. Hacia el km 25 de nuestro recorrido un nuevo desvío por obras nos adentra en la campiña cántabra. Un camino rural entre pastos con vacas y caballos nos acerca a la localidad de Mar. Pasamos junto al apeadero de FEVE y detenemos nuestro camino para digirirnos a nuestro alojamiento.

Para mañana nos hemos dejado una etapa relativamente corta para disfrutar de Santillana con cierto relax.

En resumen, ha sido una etapa bastante larga, nos han salido 28,10 km, que han discurrido por zonas bastante urbanizadas, aprovechando aceras y carriles peatonales. La salida de Santander ha resultado muy tediosa y molesta,  aunque después hemos avanzado entre paisajes agradables, con suaves ondulaciones y desniveles moderados. Todo el recorrido aquí descrito ha quedado grabado en este track.

Continuamos con el Camino de Santiago del Norte

El camino es una alquimia del tiempo sobre el alma.

Rufin, Jean-Cristophe. El Camino Inmortal. Duomo ediciones, Barcelona 2014

Durante los días pasados en Mallorca con salidas diarias a la montaña y la naturaleza estábamos notando la llamada del Camino. No obstante, una serie de compromisos hacía que no encontráramos la ventana de días suficiente para acometer esta empresa. Repentinamente nos hemos encontrado con unas semanas que nos van a permitir retomarlo en donde lo dejamos el pasado mes de septiembre.

El próximo 13 de mayo saldremos desde Santander para continuar nuestro Camino de Santiago del Norte que dejamos en espera el pasado 29 de septiembre de 2025 cuando llegamos a Santander. En esta ocasión vamos a hacer 16 etapas entre Santander y Ribadeo.

Comenzaremos el recorrido en Santander y hemos previsto las siguientes etapas:

  • Etapa 15: Santander – Mar
  • Etapa 16: Mar- Santillana del Mar
  • Etapa 17: Santillana del Mar-Comillas
  • Etapa 18: Comillas -Unquera
  • Etapa 19: Unquera-Llanes
  • Etapa 20:Llanes- Cuerres
  • Etapa 21: Cuerres- Colunga
  • Etapa 22: Colunga-Villaviciosa
  • Etapa 23: Villaviciosa- Gijón
  • Etapa 24: Gijón- Avilés
  • Etapa 25: Avilés- Muros de Nalón
  • Etapa 26: Muros de Nalón- Soto de Luiña
  • Etapa 27: Soto de Luiña- Cadavedo
  • Etapa 28: Cadavedo – Luarca
  • Etapa 29: Luarca – La Caridad
  • Etapa 30: La Caridad – Ribadeo

El trayecto que vamos a recorrer es el siguiente:

Desde Santander a Muros de Nalón haremos 270 km y desde Muros de Nalón hasta Ribadeo haremos 107 km.

Un total de 377 km por tierras cántabras y asturianas para terminar a la entrada de Galicia, dejando para otro viaje todo el recorrido gallego.

Los pormenores de cada etapa ya los iremos poniendo por aquí.

Hay que alimentar a ésta

Nacimiento del río Segura desde Pontones

Comprendí a una edad muy temprana que en la naturaleza, sentía todo lo que debería sentir en la iglesia, pero nunca lo hice. Caminando por el bosque, me sentí en contacto con el universo y con el espíritu del universo

Walker, Alice. El Color Púrpura. Debolsillo 2018

Para desentumecer las piernas después de la dura ruta de ayer, hoy hacemos esta ruta de tipo  familiar por la Reserva Natural Fluvial del Río Segura. El recorrido sigue el histórico Camino de la Veguilla, entre Pontones y el nacimiento del río, atravesando un paisaje de chopos, sauces y antiguos huertos que conviven con la vegetación de ribera. Con las lluvias caídas este invierno el Río Segura tiene un cauce bastante considerable y el día ha amanecido bastante bueno por lo que presumimos que el paseo va a ser interesante.
Iniciamos la caminata en el pueblo de Pontón Bajo (1.331 m), cruzando el puente situado junto a nuestro alojamiento. Avanzamos por la calle principal en dirección a Pontón Alto. A la altura del Refugio del Segura, el camino se desvía por una vereda que atraviesa una zona ajardinada donde se encuentra una hornacina dedicada al Cristo de las Maravillas.

En este tramo hacia Pontón Alto, descubrimos los lavaderos tradicionales y la Piedra Horadada, una formación geológica singular que dibuja un arco de roca natural sobre el paisaje.
El camino prosigue paralelo al cauce del río Segura por una senda forestal bien señalizada. El entorno está dominado por frondosas arboledas de ribera y majestuosos cortados calizos. Tras recorrer unos dos kilómetros, alcanzamos la aldea de Fuente Segura de Abajo, donde el río ya fluye con un caudal constante y aguas cristalinas.

Continuamos la marcha pasando frente a las aldeas de Fuente Segura de Enmedio y Fuente Segura de Arriba. Poco después, una pasarela de madera nos permite cruzar el río para enlazar con una pista cementada que conduce directamente al destino final.
El punto culminante de la ruta es el nacimiento del río, una espectacular poza cristalina de unos 7 metros de diámetro y 6 de profundidad. El agua brota directamente de la roca, fruto del sistema subterráneo que filtra las precipitaciones de los Campos de Hernán Perea.

Junto al nacimiento, el área recreativa y su quiosco ofrecen el lugar perfecto para descansar y disfrutar de un refrigerio antes de emprender el regreso.

El regreso lo hacemos por la pista cementada (sin cruzar el río) y volvemos a pasar por delante de las tres Aldeas de Fuente Segura. Al llegar a fuente segura de Abajo cruzamos un puente desde el que tomamos el camino que nos devuelve a Pontones.

En resumen, un recorrido fácil y sencillo, pero de gran belleza paisajística por la Reserva Natural Fluvial del Río Segura.

Todo el recorrido ha quedado registrado en este track.

Aldeas perdidas de la Sierra de Segura con el Club de Montaña Grupo Verde de Gerena

Caminar nos devuelve el contacto con nosotros mismos. Calma el alma, activa nuestra creatividad y nos invita a ir más despacio. Caminar abre el corazón a la introspección y la inspiración. Caminar es un acto de sanación, una práctica espiritual y una fuente de flujo creativo.

Cameron, Julia. The vein of gold: a journey to your creative heart, Souvenir Press 2023

La ruta de las Aldeas Perdidas de la Sierra de Segura (Jaén) es un recorrido histórico y emocional que atraviesa parajes que fueron expropiados forzosamente en los años 60 para la creación del Coto Nacional de Caza. Es una travesía por el tiempo donde se visitan restos de vida serrana, cortijos en ruinas y paisajes vírgenes. Se trata de un recorrido de algo más de 22 km por los restos de algunas de aquellas aldeas expropiadas por un capricho del dictador. Con los compañeros y amigos del Club de Montaña Grupo Verde Gerena quedamos en el pequeño aparcamiento de Fuente Segura de Abajo para iniciar la caminata.

Nos encaminamos en dirección hacia Fuente Segura de Enmedio y caminamos por un extenso calar (meseta caliza) en constante subida hasta llegar a las inmediaciones del Cortijo de la Veguilla, una zona de alta montaña abierta y con vistas panorámicas. El cielo está muy encapotado y algunos bancos de niebla nos acompañan en esta parte del camino. Vamos encontrando algunos restos de la actividad ganadera de la zona: restos de apriscos, algún corralón una sima, etc. En estos primeros compases de la ruta alcanzamos la cota 1574 (la máxima elevación) hasta llegar a un mirador natural en el que tenemos una visión general del Valle en el que se asientan las aldeas. Dejamos las zonas más altas para descender al valle por una estrecha vereda que discurre por la Umbría de la parra. Descendemos unos 300 antes de encontrar el cortijo del Miravete, uno de los núcleos abandonados más emblemáticos donde se pueden ver una decena de construcciones en ruinas. Ubicado en un paraje idílico es un ejemplo perfecto del abandono forzoso. En un prado delante de la aldea tomamos una fruta y un breve descanso.

Tras la fruta retomamos la marcha por una zona de campo a través y, tras cruzar el arroyo de Los Centenares iniciamos una suave subida hacia la aldea de Los Centenares, quizás la aldea más emblemática y el “corazón” de la ruta. Conserva parte de su estructura urbana y destaca una gran era de trillar con bonitas vistas al valle. Aunque casi toda la aldea está en ruinas hay una casa con un letrero que indica “Casa no expropiada” y que se conserva en buen estado. Al parecer, el tendido eléctrico no llegó a funcionar pero se puede observar restos de postes y enganches en las fachadas. Salimos de Los Centenares por una pista forestal junto a la que encontramos una majestuosa y centenaria encina de gran porte.

Al llegar a un pequeño collado abandonamos la pista y descendemos por una barranco, muy deteriorado por los temporales del invierno pasado en dirección a Las Canalejas. Llegamos a esta aldea que conserva el cementerio y algunos restos de la Iglesia. Esta aldea, que llegó a tener más de 300 habitantes, está situada en un lugar céntrico respecto de otras aldeas. Salimos de esta aldea por un camino forestal en suave subida, pasamos el Collado de montaña Collado Salido e iniciamos un prolongado descenso hasta por el Barranco del Lobo llegar a Las Huelgas, ubicada en la parte más baja del Valle y tiene una frondosa vegatación de ribera. En este punto, abrimos las mochilas y, sentados en unas cómodas piedras damos cuenta del almuerzo, con prisa puesto que empieza una suave llovizna.

Tras el almuerzo y el descanso continuamos el camino, pasamos junto a los restos de la antigua Casa Forestal y tomamos una pista en subida. A unos 800 metros de camino deberíamos de haber tomado una vereda a la derecha pero, por error (mea culpa, lo siento compañeros no volverá a ocurrir) continuamos por la pista. Este error nos obliga a hacer unos centenares de metros en descenso monte a través hasta encontrar de nuevo el camino de la Aldea Espumaderas de Abajo. Esta aldea, junto con Espumaderas de Arriba, fueron dos núcleos de cortijos situados en una ladera que sube de nuevo hacia la meseta. Continuamos, siempre en subida hasta el Collado de La Majá la Caña (1419 m.) Llaneando llegamos al Collado de las Minas donde giramos a la derecha por un pedregoso sendero que desemboca en los cortijos de Fuente Segura de Abajo, junto al río Segura que es el punto final de nuestra ruta de hoy.

En resumen, ha sido un día bastante duro en el que hemos recorrido algo más de 22 km con un desnivel positivo de 905 m en un tiempo de 8 horas 23 minutos en movimiento y más de 10 horas en total. La ruta tiene una dificultad media-alta no tanto por la dificultad técnica, sino por la distancia, el desnivel y, sobre todo, por la orientación ya que muchos tramos discurren por sendas difusas o campo a través.

Nuestro agradecimiento a las personas del club que se encargaron de organizar esta bonita ruta y a los compañeros y compañeras que han participado. Ilustramos esta entrada con algunas fotos de todos ellos.

Todo este recorrido ha quedado registrado en este track

Circular al Nacimiento del Arroyo Natao desde la embotelladora de Aguas de Cazorla

Me gustan las caminatas largas, especialmente cuando las toman personas que me molestan

Allen, Fred. The Speaker’s Quote Book. Kregel Ministry, 2009

Esta es una ruta circular que destaca por sus vistas al valle y la vegetación de la Sierra de las Villas, tiene un desnivel y una distancia razonables pero tiene algunos tramos campo a través o con vegetación cerrada que aumenta la dificultad.

La ruta comienza en el cruce donde la carretera que viene del Pantano del tranco se encuentra con la entrada a la planta de Agua Sierra de Cazorla. En esta entrada hay un ensanchamiento de tierra donde los senderistas suelen aparcar. Hay muy poco espacio de aparcamiento. El primer km, en suave subida, se hace por la carretera que da entrada a a la embotelladora. A continuación tenemos algo más de un km por pistas forestales y por caminos olivareros.

A medida que ganamos altura, el sendero se asoma a balcones naturales. Desde aquí se domina gran parte de la Sierra de las Villas (la gran desconocida del parque natural). Puede observarse el contraste entre las zonas de pinar denso y los cortados calizos que caracterizan este valle. Es el lugar perfecto para una primera parada técnica y hacer fotos panorámicas de la cuenca del arroyo. A partir de este punto entramos en una zona de denso matorral, entre el que domina el romero en dura subida y con el camino muy desdibujado (esencial llevar un buen track). Al llegar a los 870 m dejamos el campo a través y entramos en una zona de camino rural bastante desdibujado.

En este punto la ruta es un viaje al pasado agrícola y ganadero de la zona. Los restos que vamos encontrando son testimonios de una vida serrana ya desaparecida:
Cortijo de la Olalla y del Diablo: Son los primeros que aparecen; sus nombres están ligados a leyendas locales o a la dureza del terreno.
Casas del Natao: Es el conjunto más significativo. Conserva estructuras de piedra que muestran cómo se organizaban las familias en el corazón de la sierra. Está habitado y hay que tener en cuenta que en sus cercanías es común encontrar ganado y perros de pastoreo, por lo que es recomendable no molestar a los animales. Continuamos hasta el nacimiento del Arroyo Natao. Se encuentra al fondo de una especie de circo natural. En esta ocasión estaba completamente seco. Sobre la marcha pensamos en alguna captación de aguas pero luego nos enteramos que la embotelladora aprovecha el manantial de la Virgen de la Esperanza, situado un poco más abajo de éste. A pesar de todo  el entorno aquí es mucho más fresco y húmedo, con presencia de helechos y musgos, creando un microclima ideal para descansar antes de iniciar el regreso. 

Comenzamos el descenso por un camino que nos lleva entre olivares a los restos de otros cortijos entre ellos el Cortijo de la Huerta: situado en una zona más llana y fértil, donde antiguamente se aprovechaba la humedad del arroyo para pequeños cultivos de subsistencia. Desde el cortijo de la Huerta un fuerte camino en descenso nos lleva de nuevo a la carretera que viene desde el Pantano del Tranco por la que llegamos hasta nuestro coche.

En resumen, ha sido un recorrido muy bonito y entretenido en un entorno privilegiado como es éste del P.N. Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Recalcar que parece un paseo pero es un sendero duro con tramos de campo a través y con mucho matorral. En total hemos hecho 14,71 km en un tiempo de cinco horas y cuarenta y cuatro minutos con un desnivel positivo de 549 m.

Todo este recorrido se puede encontrar en este track.

Circular a Pontones por el arroyo Azul

Si no escalas la montaña, jamás podrás disfrutar del paisaje.

Neruda, Pablo. Atribuida a este autor no consta en ninguno de sus poemarios. Encontrada en un sobrecito de azúcar.

Esta ruta por los Alrededores de Pontones combina el sonido constante del agua, bosques de ribera de colores vibrantes y la esencia del pastoreo tradicional. Con algo menos de diez kilómetros y un desnivel muy asequible, es la excursión perfecta para disfrutar sin prisas de la alta montaña segureña en una tarde primaveral.

Tras una suculenta comida en la Casa del Cordero comenzamos la caminata en Pontón Bajo buscando el carril que bordea el margen izquierdo del río Segura. En estos primeros pasos, el río balbucea entre chopos y mimbreras, mostrando una vegetación de ribera que en este comienzo de primavera se tiñe de unos verdes vibrantes. Al poco nos encontramos con Nati y Jose, unos madrileños afincados en León que han comido junto a nosotros en la Casa del Cordero. Tras cambiar algunas impresiones sobre la comida y el senderismo, continuamos el camino para encontrarnos con el Arroyo Azul.

Aproximadamente a los 1,5 km, llegamos a la unión de aguas: el Arroyo Azul entrega su caudal al Segura. Giramos a nuestra izquierda para remontar este pequeño afluente. El carril se estrecha y el entorno se vuelve más íntimo. Aquí la biodiversidad es la protagonista: vemos  nogales de gran porte, arces y algunos ejemplares de abedul, una reliquia botánica en estas latitudes. El camino discurre junto al cauce del Arroyo Azul (también conocido como Roazul) que, quizás por los temporales del invierno pasado, ha cambiado algo el cauce y ha invadido el camino. Hacia el km 3,5 de nuestro recorrido nos desviamos a la derecha para subir a la Cueva del Arroyo Azul. Se trata de un gran abrigo rocoso utilizado por los pastores para refugiar ganado ante las tormentas de la sierra. Tras un breve descanso, regesamos al arroyo, lo cruzamos y desde aquí, el sendero comienza a ganar una altura suave para regalarnos vistas despejadas de las muelas calizas que rodean el valle. Al salir del barranco, el paisaje cambia drásticamente a un páramo seco conocido como la estepa de Castilla la Vieja, ofreciendo vistas panorámicas del entorno. Enlazamos con el camino que nos lleva hacia Pontón Alto, desde donde iniciaremos el cómodo descenso final hacia Pontón Bajo pasando por hitos locales como la Piedra Horadada y el Cristo de las Maravillas

En resumen, una ruta fácil, pasando por huertas tradicionales, formaciones kársticas y pastos ganaderos. Todo el recorrido de esta tarde ha sido grabado en este track.