Los peregrinos de hoy son más bien, caminantes ordinarios, que casi nunca visten de forma específica para señalar su condición. Su Iglesia es muchas veces íntima: son sus únicos fieles.
Dupront, Alphonse. Du sacré. Croisades et pelegrinages. Images et languages. Paris, Gallimard, 1987
En nuestra octava etapa nos desplazamos desde Logroño, capital de la CA de La Rioja hasta Nájera, cruzando un territorio vitivinícola de amplios valles y suaves montañas. En el trayecto tendremos dos ascensos, el Alto de la Grajera y el Alto de San Antón, bastante progresivos y moderados. La principal dificultad de la etapa es la distancia recorrida, la falta de servicios entre la población de Ventosa y Nájera y la degradación del paisaje en los cinco últimos kilómetros a la llegada a Nájera.
Comenzamos a caminar lamentando la ausencia de nuestro amigo y compañero José Antonio que ha tenido que dejar el camino por una lesión muscular. Caminamos al inicio de la Calle Marqués de Murrieta y nos encontramos con la escultura que honra a los participantes de la Valvanerada junto a la fuente de Murrieta en la Plaza de la Diversidad. Callejeamos por Logroño y vamos pasando por una sucesión de parques siguiendo las señales y referencias gráficas del camino. Así, pasamos por el Parque de San Miguel, el Parque de Europa mientras cruzamos la vía férrea por un paso elevado hasta llegar a nuestro primer contacto con la Autovía A-12 que nos acompañará durante toda la etapa. En este caso la pasamos por un paso inferior y continuamos por un agradable paseo muy frecuentado por paseantes, corredores y ciclistas. Finalmente llegamos al parque recreativo y embalse de la Grajera, auténtico pulmón verde de Logroño. Bordeamos el embalse, pasamos junto a un aula didáctica junto a la que hay unos servicios y un bar que abre tarde y entramos en zona de cultivos y viñedos. Casi enseguida alcanzamos la primera dificultad montañosa del día: el Alto de la Grajera. Avanzamos por un camino paralelo a la autovía hasta el cruce con la AP-68 por un puente y llegamos hasta las ruinas del antiguo Hospital de peregrinos de San Juan de Acre, del siglo XII. Un poco más adelante entramos en la localidad de Navarrete.














El camino nos lleva hasta la Iglesia de la Anunciación (con una torre en restauración) que vale la pena visitar con retablo mayor dorado con columnas salomónicas. Continuamos el camino siguiendo las balizas del camino y a la salida de Navarrete encontramos la Ermita de Santa María, junto a la que se encuentra el cementerio en el que han sido recolocaros los restos de la portada románica del Hospital de San Juan de Acre. Volvemos al camino rural entre viñedos y algún olivar. Poco a poco nos vamos acercando a Ventosa. Hay la posibilidad de continuar recto hacía Nájera y acortar el trayecto en 600 metros o bien subir hasta Ventosa, localidad que tiene todos los servicios y el proyecto “Un kilómetro de Arte” en el que junto a artistas plásticos de reconocido prestigio participan algunos vecinos de Ventosa y algunos peregrinos. En Ventosa vemos el proyecto de La Mielera y varias bodegas con venta directa. Rápidamente llegamos hasta el Alto de San Antón con bonitas vistas de los alrededores. El camino en descenso vuelve al paso de los extensos viñedos que se pierden en lontananza. Por el camino nos encontramos varios guardaviñas o refugios de piedras muy populares en esta zona.
















El paso por el arroyo Yalde, afluente del Najerilla y seco en este punto, se hace por un puente de madera junto a unos chopos que aportan algo de frescor. A medida que nos vamos acercando a Nájera nos encontramos a los lados del camino vertidos de distinto tipo: envases de plástico de productos fitosanitarios, restos de poda, etc. que degradan aún más el tedioso camino. Finalmente vamos dejando los cultivos y éstos se van alternando con diversas industrias: áridos, harineras, perfiles metálicos, etc. Finalmente entramos en Nájera por la Avenida de Logroño, seguimos por la Calle San Fernando, pasamos junto al convento de clarisas de Santa Elena y llegamos al río Najerilla que cruzamos por el puente de San Juan de Ortega o Puente de Piedra. Tras el cruce llegamos a la Calle Mayor ya en el casco antiguo. En este punto detenemos la ruta para dirigirnos a nuestro alojamiento.






En resumen, esta octava etapa nos ha ofrecido una selección de los paisajes más representativos de La Rioja con los extensos viñedos y la presencia de bodegas, la ausencia de arbolado y la concentración de servicios en las tres únicas poblaciones por las que se pasa. Una etapa muy larga, nos han salido algo más de treinta kilómetros, en la que, afortunadamente, no ha hecho mucho calor e, incluso, nos han llovido cuatro gotas.

Todo el trayecto caminado ha quedado registrado en este track.

