Otoño en la Dehesa del Camarate. El bosque encantado

Las montañas parecen responder a una creciente necesidad imaginativa en Occidente. Cada vez más gente las desea y les brinda un poderoso consuelo. En el fondo, las montañas, como todos los espacios naturales, desafían nuestra convicción complaciente (en la que es tan fácil caer) de que el mundo ha sido creado para los humanos por los humanos.

Mcfarlane, Robert. Mountains of the Mind: Adventures in Reaching the Summit. Ed Vintage, 2004

La Dehesa del Camarate está situada en el municipio de Lugros, en la vertiente norte de Sierra Nevada, a los pies del Picón de Jerez (3.088 metros). Es una finca de propiedad pública por la que se extiende uno de los bosques mixtos mejor conservados de Andalucía; un bosque de encinas y robles acompañados de numerosas especies de hoja caduca que, en esta latitud, lo convierten en una hermosa singularidad. Cada otoño, abedules, quejigos, arces, serbales, fresnos, ciruelos y sauces revientan en una explosión de color que hace vibrar la cabecera del río Alhama. Para evitar las aglomeraciones se han establecido durante los fines de semana de los meses de octubre a diciembre unos cupos máximos que requieren autorización previa. La autorización se puede obtener telemáticamente aquí.

La normativa actual del Parque Natural señala que al estar la Dehesa del Camarate catalogada como zona de reserva no está permitido caminar fuera de la pista forestal, por lo que el regreso se ha de hacer por la misma pista forestal del camino de ida.

Los fines de semana hay que dejar los vehículos en el Aparcamiento Parking de la Era, desde donde hay autobuses lanzadera hasta el inicio de la ruta. La lanzadera llega al inicio del sendero por la Cañada Real de los Potros paralela a la Acequia de Guadix y al cauce del Río Alhama. Entramos a la Dehesa del Camarate por una entrada peatonal junto al horcajo en el que confluyen el Río Alhama, el arroyo de Álamos Negros y el arroyo de las Rozas. La abundancia de agua ha permitido la gran biodiversidad de este paraje en el que encontraremos algunos ejemplares de tejos centenarios, reliquias de otros tiempos y otros climas. Nada más entrar encontramos los restos de una ermita inacabada, en un paraje verde y húmedo en el que comienza una pista forestal empedrada. El camino va ascendiendo junto al barranco de las Rozas y donde vamos viendo los colores otoñales que marcan este paisaje. Enseguida pasamos junto a los restos de un embarcadero de ganado testimonio de la actividad ganadera de la finca. El sendero discurre en constante ascenso por la base del Cerro de los Carneros, junto al barranco de Las Rozas hasta un recodo en el que cruzamos sobre el barranco, continuando la subida junto a un número cada vez mayor de robles melojos, mostajos, arces y castaños. Es la zona que se conoce popularmente como el bosque encantado. Por la zona de la umbría nos dirigimos hacia el collado del Cerro del Camarate. Dejamos a la izquierda la entrada al cortijo del Camarate y en unos metros llegamos al Collado. El paisaje se abre sobre la cabecera del río Alhama y, sobre el valle, con algo de nieve divisamos la mole del Picón de Jerez y otros «tresmiles» como el Puntal de los Cuartos. Abajo vemos los prados para el ganado con una punta de vacas pastando mientras un mastín, acostumbrado a la presencia de senderistas, llega husmeando entre las mochilas de los caminantes.

Nuestro sendero continúa por la derecha en un paisaje abierto en el que dominamos ambos barrancos. Siguiendo hacia arriba algo más de un kilómetro alcanzaremos las ruinas de un tentadero, junto a una pilar abrevadero y lugar en el que la mayoría de los visitantes suelen aprovechar para descansar un poco y tomar un refrigerio antes de comenzar el regreso. Nosotros hemos subido un poquito más por la pista, lo que permite disfrutar de magníficas vistas del tentadero y el valle del río Alhama. muy cerca del camino se puede disfrutar de un gran tejo milenario. Siguiendo el camino se enlaza con otros senderos señalizados, como el del Río Alhama (que parte también de Lugros) o el carril cicloturista Transnevada. También se enlaza con el GR 240 Sulayr. En este punto, nos tomamos la fruta que llevamos y comienza una leve llovizna (augurada por un paisano de Lugros cuando tomábamos la lanzadera) y decidimos iniciar el regreso.

En resumen, ha sido una ruta de dificultad media en la que hemos superado un desnivel positivo de 523 m, cubierto 11,31 km en un tiempo total de 3 horas y cuarenta y tres minutos. En esta ruta nos acompañó nuestra amiga África y nos cedió algunas fotos. Todo el recorrido del día ha quedado registrado en este track.

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