Cerro La Capitana y Torreón Albenda desde Rincón de la Victoria

Los espacios cerrados producen limitaciones extraordinarias en los hombres. Es necesario estar fuera, al aire libre, para admitir que hay cosas que no logras comprender; y esta concienciación no es una derrota sino una posibilidad que tienes de grandeza. A partir de ahí puedes hacer viajes extraordinarios.

Tamaro, Susanna. El viento sopla donde quiere. Seix Barral, 2025

Tras nuestro regreso de Cabo Verde (en la carpeta de borradores tengo medio preparada una entrada -resumen de las cuatro rutas que hicimos por allí) aprovechamos este jueves para estirar las piernas y hacer esta distraída y amena ruta , sin mucha dificultad y con muy buenas vistas sobre la costa y Rincón de la Victoria.

Comenzamos la ruta en la barriada de Las Posturas, entre la autovía y la carretera MA-3200. Desde los primeros pasos tomamos el Carril de los Toros, que nos regala una subida moderada pero constante mientras nos vamos alejando poco a poco del asfalto y entrando en un paisaje cada vez más rural.

El camino nos conduce hasta el Cerro Villarreal (192 m), donde la pendiente se vuelve algo más exigente. A partir de aquí seguimos avanzando por caminos rurales hasta llegar a un antiguo cortijo, junto a los restos de lo que en otro tiempo debió ser una pequeña granja. El lugar conserva aún algunas huellas del pasado: un viejo pozo, los restos de un abrevadero y un cobertizo que parece haber servido como cuadra.

Seguimos caminando y nos cruzamos con otro senderista que también anda en busca del Cerro de la Capitana. Con la ayuda del mapa topográfico de Wikiloc alcanzamos un promontorio de 394 metros sobre el nivel del mar, aunque pronto comprobamos que, para nuestra sorpresa, no se trata de la verdadera cima. Tras aceptar la evidencia y con una sonrisa por la pequeña “confusión montañera”, decidimos iniciar el descenso hacia nuestro siguiente objetivo: el Torreón de Albenda.

Los restos de esta torre defensiva se remontan a época nazarí. Formaba parte de una red de torres de vigilancia que se comunicaban visualmente a lo largo de la costa para alertar de posibles incursiones piratas. La Torre de Albenda (o Granadilla) pertenecía a una segunda línea de vigilancia, situada algo más en el interior, y desempeñaba también un importante papel en la protección y aviso a las alquerías cercanas.

A partir de aquí el camino se vuelve claramente descendente. Pasamos junto al refugio canino y los restos de un antiguo caserón que, a diferencia del campo que ha agradecido las últimas lluvias, no ha tenido tanta suerte: los temporales han provocado el derrumbe de gran parte de su estructura.

La bajada termina en el cauce del arroyo Granadillas, por el que caminamos durante unos 2 km de suave descenso hasta volver a enlazar con la carretera MA-3200. Desde allí regresamos al punto de inicio, cerrando así el recorrido.

Quizá esos dos kilómetros finales por el arroyo sean algo polvorientos, pero no deslucen una ruta que, en conjunto, merece mucho la pena por sus paisajes, su historia y ese pequeño sabor a exploración que siempre tiene el senderismo.

Todo el recorrido de hoy, exploración incluida, ha quedado registrado en este track.

Deja un comentario