Ascensión al Na Blanca desde la Playa de Formentor

Llegar a la cima es opcional. Bajar es obligatorio

Viesturs, Ed montañero de grandes alturas

Esta ruta circular tiene como objetivo coronar la modesta pero espectacular cima de Na Blanca (332 m), un mirador privilegiado sobre el extremo norte de la Sierra de Tramuntana. El itinerario destaca por su variedad paisajística, combinando la primera línea de costa con senderos de montaña y antiguas posesiones mallorquinas. Se trata de un recorrido recomendado por Nino (talayot56) compañero y amigo del Camino de Invierno.

Comenzamos la caminata en el aparcamiento de l’Espigó, en la emblemática playa de Formentor. En estos meses de temporada baja es completamente gratuito durante el día. Tras dejar el vehículo, caminamos por la orilla de esta playa de aguas turquesas, protegidos por la sombra de pinos centenarios. Al llegar a El Mollet, abandonamos la costa para adentrarnos hacia el interior por el Carrer de Formentor. En la última curva a la derecha de esta calle, unas flechas rojas pintadas en la roca marcan el inicio de un sendero que asciende con rapidez por un terreno inclinado con algunos hitos de piedras a modo de balizas.El ascenso inicial es directo y empinado sobre roca y pinar; es recomendable un buen calzado de montaña con buena adherencia. A medida que ganamos altura, la vegetación de pinos da paso al carrizo y el paisaje se abre. Tras una breve subida, alcanzamos una zona con vistas al Cap des Pinar y al Cap de Ferrutx. En una bifurcación posterior, optamos por el ramal izquierdo para alcanzar finalmente la cima de Na Blanca (332 m), coronada por un gran hito de piedras. Aunque hay muchos hitos, en esta última parte de la subida cerca de la cima es fácil despistarse; conviene estar atento a las marcas de piedra o seguir un buen track con el GPS.

Desde este punto, la panorámica es sobrecogedora: se dominan las bahías de Pollença y Alcúdia, la isla de Formentor, la Talaia d’Albercutx y la silueta escarpada de la Serra de Cavall Bernat. Hacia el norte, se distinguen perfectamente el Puig Fumat y la Roca Blanca. Tras las fotos de rigor buscamos unas cómodas piedras y nos tomamos un ligero refrigerio.

Iniciamos el descenso por la vertiente opuesta siguiendo los hitos hasta un collado a 216 metros de altitud, donde se encuentran los restos de una antigua balsa contra incendios. Bordeando el Puig del Sellers, llegamos al Coll de la Geneta, desde donde se divisan las Cases Velles de Formentor y sus campos de cultivo tradicionales.

Durante el descenso de Na Blanca, el itinerario nos permite contemplar las Cases Velles, el núcleo histórico de la emblemática posesión de Formentor. Estas construcciones no son solo un hito en el camino, sino el testimonio de una forma de vida que desapareció con la llegada del turismo moderno.
Origen y Función: Antes de que Formentor fuera conocido mundialmente por su hotel y su faro, era una explotación agrícola y ganadera aislada. Las Cases Velles funcionaban como el centro de gestión de la finca, donde se procesaba el aceite en su propia almazara (tafona) y se cultivaban cereales y viñedos en los bancales cercanos.
En los años 20, el poeta y mecenas argentino Adan Diehl compró la península de Formentor. Aunque su gran legado fue la construcción del Hotel Formentor en 1929, las Cases Velles siguieron siendo el corazón rural de la zona, manteniendo la esencia de la arquitectura tradicional mallorquina con sus muros de piedra y techos de teja árabe.
El conjunto que observamos hoy, junto con los campos del Pla de les Cases Velles, representa uno de los pocos ejemplos de arquitectura civil de montaña que se conservan en esta parte tan expuesta de la península, sobreviviendo al desarrollo urbanístico de la costa.

Continuamos el descenso hacia el Coll de l’Olivardar, un cruce de caminos clave señalizado con un poste indicador. Ignoramos el desvío a Cala Murta y seguimos de frente hacia las Cases Velles. El sendero, ahora más suave, discurre paralelo a la carretera del faro (Ma-2210) a través de un frondoso pinar. El tramo final atraviesa el Pla del Pujol, ofreciéndonos una última vista de la cara vertical de Na Blanca a nuestra izquierda y la Talaia d’Albercutx de frente. Tras unos minutos de marcha llana, alcanzamos el aparcamiento de l’Espigó saltando un último botador de madera, dando por finalizada esta completa jornada de sender

En resumen, Na Blanca es mucho más que una montaña; es la oportunidad de entender la península de Formentor desde el cielo, conectando su pasado agrícola en las Cases Velles con la belleza salvaje de sus acantilados. Una ruta imprescindible para quienes buscan algo más que sol y playa.

Por si alguien que lea esto lo necesita, nuestro trayecto de hoy ha quedado registrado en este track.

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