Con una travesía de varios días se acentúa el movimiento de desvinculación: uno escapa de las obligaciones del trabajo, se libera de las trabas de la costumbre. Pero ¿por qué con la marcha se siente más esa libertad que con un largo viaje? Pues, al fin y al cabo, surgen otras limitaciones no menos penosas: el peso de la mochila, la longitud de las etapas, la incertidumbre climática (amenaza de lluvia, tormentas, calor sofocante), la rusticidad de los albergues, algunos dolores… Pero solo la marcha alcanza a liberarnos de las ilusiones de lo indispensable.
Gros, Frederic. Andar, una filosofía. Taurus, 2014
En esta octava etapa vamos a atravesar la Sierra de O Faro, vamos a hacer cumbre en El Faro, la cumbre más alta de la provincia de Pontevedra con 1.181 m. Este punto geográfico, que separa las provincias de Lugo y Pontevedra es el más visible de toda Galicia y nos permite contemplar hermosas vistas de las cuatro provincias gallegas. Desde la cima, el resto del recorrido es en descenso y vamos a ir profundizando en la provincia de Pontevedra recorriendo el municipio de Rodeiro y algunas de sus 20 parroquias. Es otra etapa larga, al final salieron 28,13 km, pero relativamente fácil a excepción de las duras rampas entre Penasillás y la Ermita de la Virgen de Faro. Hoy, por suerte no nos llovió durante la caminata.
Salimos de Chantada en medio de una espesa niebla y lo hacemos desde la Praza de Santa Ana, subimos por la Rúa Uxío Novoneyra y seguimos la carretera LU-P-1809 hacia Centulle en un suave ascenso. Bellos hórreos, petos de ánimas y cruceiros nos salen al paso camino de Centulle y San Xurxo de Asma, junto a magníficos ejemplares de carballos y castaños. Cruzamos A Lucenza, luego Vilaseco. Entre Vilaseco y Penasillás vemos por los márgenes de la carretera grandes acumulaciones de granizos caídos el día anterior y que aún tienen un calibre considerable. En Penasillás paramos en el único bar para reponer agua fresca y tomar un breve descanso antes de afrontar las duras rampas de subida hacía el Monte de O Faro.











A la salida de Penasillás vemos a Carlos, uno de los integrantes de un grupo de 2 asturianos y 3 gallegos a los que habíamos visto en Monforte el día anterior. Antes de abandonar este núcleo nos encontramos con un peto de ánimas y un horno comunitario de los muchos que se ven en Galicia. Estas primeras rampas van alternado tramos en cementados con tramos de tierra. Esta pista llega hasta el memorial en honor del poeta Uxio Novoneira. Junto al memorial un área recreativa con mesas, bancos y fuente. El resto de la subida se hace por una carretera asfaltada con el ascenso un poco más suave. Por el camino nos alcanzan Carlos y una pareja de compañeros a los que estaba esperando en Penasillás. Continuamos la subida con ellos hasta llegar al inicio del Vía Crucis que da acceso a la Ermita de la Virgen de Faro. En este punto encontramos a los dos componentes del grupo que se habían adelantado y nos presentamos. Ellos son Carlos, Ana, Alberto, un segundo Carlos y David. Nos los iremos encontrando a lo largo del resto de la jornada.



Un desvío a la izquierda nos lleva —a través de un viacrucis conocido como “Camiño da Virxe”— a la célebre ermita de A Nosa Señora do Faro. Junto a la Ermita un cruceiro muy historiado representando el Descendimiento. Estamos a más de 1.100 m de altitud. La vista desde aquí es única, pues abarca paisajes de las cuatro provincias gallegas. Tras tomar una fruta ante la ermita afrontamos la subida al monte El Faro. Es una subida sencilla de unos 400 m hasta el vértice geodésico. En este punto podemos ver la Sierra de Courel, Os Ancares, Pena Trevinca, Cabeza Manzaneda y El Monte Farelo.








Iniciamos el descenso por la carretera de acceso al Monte El Faro en carretera de gavilla buscando la línea de aerogeneradores que tenemos en el horizonte. Por el camino encontramos la Fuete de los Meniños, con pasarelas de madera, hasta llegar al cruce sobre la carretera CRG – 22 por un paso elevado. El camino señalizado nos dirige a la derecha hasta el núcleo de Villanova. Desde Villanova vamos por carretera asfaltada hasta el pazo de la Casa Grande de Camba. Nos quedamos junto al cementerio donde hay una sencilla iglesia con espadaña de dos campanas.Luego continuamos por el valle de A Ermida pasando por algunos núcleos como Outeiro, Farfián y Lamazares hasta Río, donde hay un sencillo bar donde tomamos un ligero refrigerio y nos reencontramos con la fraternidad astur-galaica esperando para comer.










Tras el ligero refrigerio continuamos el descenso hacia Rodeiro en compañía del bosque autóctono más típico de Galicia —carballos, castaños y sauces— que enriquecen nuestro caminar.
Seguimos hasta Mouriz, llaneando ahora por sendas de piedras, y pronto culminamos esta etapa en Rodeiro, donde nos encontramos con la casa consistorial, que fue levantada sobre las ruinas de una fortaleza y la rueda símbolo del municipio. Frente a ella, una bella y refrescante fuente de piedra y cuatro caños.





En resumen, ha sido una etapa relativamente sencilla en la que únicamente las duras rampas de los últimos 4.8 km desde Penasillás hasta El Monte Faro y la distancia recorrida han elevado la dificultad a media-alta. Afortunadamente no nos ha llovido por el camino por lo que las botas se han secado y están listas para la etapa de mañana.
A la llegada a nuestro alojamiento nos encontramos con Marianne y Jack, una pareja de neerlandeses que han venido en bicicleta desde Pamplona y continuarán unos días por la Vía de la Plata.

Todo este trasiego de subidas y bajadas ha quedado reflejado en este sencillo track.