Caminar, idealmente, es un estado en el que la mente, el cuerpo y el mundo están alineados, como si fueran tres personajes que por fin logran mantener una conversación, tres notas que de pronto alcanzan un acorde.
Solnit, Rebecca. Wanderlust: Una historia del caminar, Capitán Swing, 2019
En la etapa de hoy, nuestra Etapa 16, continuamos la realizada ayer hasta Santillana del Mar. El objetivo es llegar a Santillana a buena hora, comer y visitar el Museo de Altamira. En lo meteorológico continuamos la tónica de ayer: sirimiri, algunos chubascos un poco más fuertes y cielos muy cubiertos. El paisaje también parece calcado al de ayer: semiurbano, polígonos industriales, carretera, un par de carriles peatonales junto a la carretera y suaves colinas con prados de vacas y caballos.
Retomamos la marcha desde el bar La Fuente frente a la ermita de San Miguel en Mar y nos dirigimos hasta la estación de Renfe-Feve. Tras cruzar las vías con cautela, seguimos de frente para cruzar un polígono industrial de talleres y naves hasta desembocar en la N-611. Caminamos por su acera hasta alcanzar el centro de Requejada y su iglesia parroquial. El camino continua por el margen derecho de la nacional. Al fondo, ya se recortan las chimeneas y las estructuras de la factoría química Solvay, cuyas alambicadas construcciones dominan el paisaje. Caminamos más de un km entre las construcciones asociadas a la factoría: casas para los trabajadores, técnicos e ingenieros, capilla, escuelas, cafetería y hasta Casino, testimonios de otra época. Finalmente alcanzamos una rotonda en la que un bisonte esculpido nos recuerda la proximidad de Altamira.






Al llegar a la gran rotonda de la estación de Barreda, giramos a la derecha por la CA-131. Cruzamos sobre las vías y pasamos junto a la entrada de la química Solvay para enfilar un puente que salva el caudaloso río Saja. Ignoramos las flechas que algún vecino ha trazado a la izquierda tras el puente y continuamos de frente por el camino oficial. Bordeamos una nueva glorieta y ascendemos suavemente por la acera hasta el barrio de Viveda.Allí, giramos a la izquierda y el asfalto Al despedirnos de las últimas casas, el asfalto cede espacio a un carril peatonal rojizo que serpentea entre prados ondulados y paisajes amables. Así alcanzamos Camplengo, un remanso de paz sin servicios. Al final de la aldea, giramos a la derecha por una pista asfaltada, cruzamos bajo la carretera y, junto a una pequeña capilla-humilladero, iniciamos el descenso final por un nuevo carril peatonal que, paso a paso, nos conduce a la belleza de Santillana del Mar. Junto a la Colegiata detenemos la ruta para encaminarnos a nuestro alojamiento.













Como hemos llegado muy bien de tiempo a Santillana, comemos pronto y, por la tarde nos encaminamos hasta Vispieres, a unos 2 km, lugar en las afueras en el que se encuentra el museo de la «Capilla Sixtina del arte paleolítico», el Museo de la Cueva de Altamira. Permanece abierto hasta las 20:00 (de mayo a octubre) y es una visita que vale mucho la pena. Por la tarde es un gran momento para evitar las grandes masificaciones matutinas, con una maravillosa visita guiada por la neo-cueva.

En resumen, se trata de una etapa de contrastes que arranca con un tramo predominantemente urbano e industrial, marcado por el cruce de vías, polígonos y el histórico complejo de la factoría Solvay en Barreda, para después dar paso a un paisaje mucho más rural y amable, donde un cómodo carril peatonal serpentea entre prados y tranquilas aldeas hasta culminar en la belleza monumental de Santillana del Mar.
Todo el recorrido de esta mañana fría y húmeda ha quedado registrado en este track.