Acequias y miradores del Valle del Río Dilar

Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más para allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: Para caminar.

Galeano, Eduardo. Las palabras andantes. Catálogos SLR. 1993

Para nuestra primera ruta de este curso nos desplazamos hasta el bonito municipio granadino de Dílar en los límites del Parque Natural de Sierra Nevada. Incluído en el Área Metropolitana de Granada comprende el núcleo de población de Dílar y los diseminados de Alcántara, El Batán, Cañadas del parque, los Cortijillos, El Toril y Las Viñas. En esta ocasión recorremos las acequias Baja y Alta enlazadas por el Área Recreativa del Río Dilar, donde nos detendremos para tomar un descanso y una fruta. Es un recorrido algo fresco, amenizado por el sonido del agua y la vegetación que cubre casi todo el recorrido.

Nuestra caminata comienza en la Plaza de los Miradores, un balcón abierto al paisaje del bonito pueblo de Dílar después de dejar el coche en un aparcamiento disuasorio a la entrada del pueblo. A la derecha de la plaza un cartel nos sale al encuentro para anunciarnos el Sendero de la Acequia Baja. En sus compases iniciales, el agua discurre oculta bajo nuestros pies, pero no tardamos en encontarla a cielo abierto. El camino nos conduce entonces ante el Mirador del Charnaquerock, un altozano desde el que se despliegan magníficas vistas sobre el Valle del Río Dílar. Avanzamos el paso hasta toparnos con la Fuente del Barranquillo, hoy muda y con escaso caudal; es el hito que nos indica que debemos abandonar el arrullo de la Acequia Baja. Salimos al Camino de la Fábrica de la Luz y nos desviamos con decisión hacia la derecha. Caminamos por las calles del extrarradio hasta girar hacia la izquierda, ascendiendo en busca de la silueta del Castillo del Marqués de Dílar, recortada bajo la atenta y lejana mirada de la Ermita de Nuestra Señora de las Nieves a la que hoy no llegaremos. Un suspiro más arriba, la Acequia Alta sale a nuestro paso; junto al hotel rural Zerbinetta nos desviamos hacia la izquierda y, enseguida, vemos el letrero de la Vereda de la Acequia Alta. Esta vereda se revela como un paseo idílico, llano y amable, donde el relieve concede un descanso al caminante a través de un rosario de miradores. Tras apenas quinientos metros de marcha, hallamos el frescor de la Fuente del Rebosadero. Al filo del kilómetro cuatro, el hilillo de agua cruza el sendero, sirviendo de brújula una casa rural y el Mirador del Encinar. Una vez sorteado el cauce, el paisaje nos muestra espectaculares panorámicas: el Río Dílar abajo, el perfil abrupto de la Boca de la Pescá y la majestuosidad de los Alayos. El camino nos desafía entonces con dos acueductos que hacen las veces de puentes; conviene cruzarlos con paso firme y cautela, asumiendo la ayuda de su pasamanos en una altura, por fortuna, nada severa. Sobre el kilómetro seis tocamos el fin del tramo de la Acequia Alta, saliendo junto al Área de la Naturaleza y su explanada de estacionamiento. Es el momento de cruzar el Río Dílar para caminar en paralelo a su corriente, arrullados por su murmullo, hasta un puente que aguarda a nuestra izquierda. Es el momento de tomar un pequeño descanso y una fruta para reponer fuerzas.

Cruzamos el puente y, a escasos pasos, salimos de nuevo al encuentro de la Acequia Baja. Seguiremos su trazo por una vereda estrecha, alfombrada de hierba abundante que exige pisar con pies de plomo para evitar un resbalón. El sendero desemboca en un carril que tomamos hacia la derecha, descendiendo con el río custodiando nuestros pasos a la diestra hasta alcanzar un nuevo puente. Tras cruzarlo, giramos a la izquierda, acometiendo un repecho por una pista hormigonada. A los pocos metros, nos saludan la Acequia de Gójar y un nuevo mirador. La ruta discurre fiel a este carril principal, flanqueado por olivos, hasta un cruce donde el terreno por fin se aplana. Continuamos por la izquierda, descendiendo suavemente en un paisaje donde ahora los olivos se hermanan con los almendros. Es el tramo mas tedioso. Al asomarnos al Mirador de los Parrales, el pueblo de Dílar emerge al fondo del lienzo, escoltado por la Silleta y la cuenca de su río. Iniciamos el descenso definitivo. Muy pronto la Acequia de Gójar vuelve a cruzarse en nuestro rumbo —delatando la cercanía del partidor de la acequia de Otura— justo en el punto donde el Río Dílar nos sale de nuevo al paso. Afrontamos los últimos compases por el Camino de la Sierra. A nuestra izquierda, la Acequia de Otura nos brinda su compañía como una última escolta. Sin embargo, cuando el camino se empina de nuevo, el agua toma su propio rumbo y nos abandona, dejándonos a las puertas del mismo lugar desde el que partimos. Allí, tras haber completado nuestro viaje a pie, donde todo comenzó, damos por concluida la ruta de hoy que nos ha llevado a recorrer una distancia total de 14,08 kilómetros a lo largo de 3 horas y 32 minutos de pura conexión con el entorno.

Ha sido una caminata suave y bonita por un entorno natural rebosante de calma, donde el murmullo constante del agua de las acequias y el río nos ha guiado a través de paisajes salpicados de campos de almendros, olivos y miradores espectaculares. Un itinerario ideal para desmarcarse del ritmo urbano, respirar hondo y disfrutar de la sencillez del sendero sin grandes esfuerzos técnicos mientras dejamos atrás (no mucho) el caluroso verano.

Todo el recorrido lo hemos dejado grabado en este track.

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