Bueno, me largo (Ich bin dann mal weg) de Hape Kerkeling

Bueno, me largo (Ich bin dann mal weg) es la autobiografía de viajes más exitosa de la literatura alemana reciente, escrita por el célebre humorista y presentador de televisión Hape Kerkeling. El libro narra su travesía a pie por el Camino de Santiago Francés. Tras leer el libro de Jean Cristophe Rufino sobre el Camino del Norte, el algoritmo pensó que me tenía que gustar este otro texto con el Camino como leitmotiv.

Tras sufrir un colapso de salud en pleno escenario, Kerkeling decide romper radicalmente con su rutina de «teleadicto apoltronado». Carga una mochila de 11 kilos y emprende el viaje desde Saint-Jean-Pied-de-Port hacia Galicia. A modo de diario, el autor detalla etapa por etapa los dolores físicos, los ronquidos en los albergues, la belleza de los paisajes españoles y los curiosos personajes internacionales con los que entabla amistad.

  • Puntos fuertes
    • Humor honesto y cotidiano: A diferencia de otros libros solemnes sobre el Camino, Kerkeling no oculta sus debilidades. Admite cuando prefiere pagar un hotel en vez de dormir en un albergue masificado o cuando el cansancio lo tienta a tomar un autobús.
    • Equilibrio entre comedia y espiritualidad: Bajo la capa de chistes e ironía, el libro ofrece prolijas reflexiones filosóficas sobre la soledad, el desapego y la búsqueda personal de Dios.
    • Ritmo ágil: Está estructurado en entradas cortas diarias, lo que facilita una lectura fluida y sumamente entretenida.
  • Debilidades
    • Alejado del purismo peregrino: Los lectores que busquen una guía mística estricta o una hazaña purista de supervivencia pueden sentirse decepcionados por los frecuentes «lujos» que el autor se permite gracias a su desahogada situación económica.
    • Anécdotas repetitivas: Cerca de la mitad del libro, algunas quejas sobre el dolor de pies o la comida de los pueblos pueden tornarse un tanto reiterativas si se lee de un tirón.

En resumen, no estamos ante una obra maestra literaria, sino ante un testimonio honesto, tierno y reconfortante sobre cómo romper con la inercia del día a día. Es una lectura interesante —aunque algo desfasada en su humor— para conocer las entrañas del Camino de Santiago o disfrutar de un buen libro de viajes. El autor peregrinó entre junio y julio de 2001, y es obvio que el entorno ha cambiado en estos veintitantos años, a veces para bien y otras para mal. Con todo, mientras unos lugares se han adaptado al paso del tiempo y otros se resisten a salir de un pasado ya inexistente, los personajes que pueblan la ruta siguen siendo muy similares y la magia del Camino permanece intacta.

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