Nos quedan paseos infinitos por hacer. Reivindiquemos, desbrocemos y allanemos todos los caminos.
Herreros, Adriana. Andar por andar. Serie ENDEBATE, 2025
Nuestra décimo novena etapa de este Camino de Santiago del Norte transita entre las localidades de Unquera y Llanes y el 99,9 % de su recorrido transcurre por tierras asturianas. Es una ruta plácida y repleta de bellos paisajes, especialmente en el tramo por la Senda Costera a partir de La Franca. En el día de hoy hemos seguido un camino alternativo que únicamente se puede hacer en el caso de que la meteorología sea favorable. Tramos expuestos y peligrosos con mucho viento y/o lluvia. Tiene dos únicas subidas. La primera nada más cruzar el puente del Río Deva (138 m de altitud máxima) y la segunda se halla al final de la jornada, después de Andrín con unos 100 metros de desnivel; tras el descenso llegaremos primero a Cue (donde comemos) y después a Llanes, villa en la que destacan el casco histórico, el puerto de pescadores y su artística escollera con los cubos de la memoria.
Iniciamos el recorrido en la calle principal de Unquera hacia el oeste para cruzar el puente sobre la ría de Tina Mayor, donde el Deva entrega sus aguas al Cantábrico. Al otro lado nos recibe ya Asturias. Frente al puente, junto a la emblemática Villa Delfina, tomamos una rampa empedrada que asciende durante 1,2 km. En el camino pasamos por la Capilla del Cantú, donde una inscripción en bronce nos recuerda nuestro objetivo: 427 kilómetros hasta Santiago.Tras la subida, entramos en Colombres, cuna de la arquitectura indiana. Atravesamos su plaza elíptica, flanqueada por el Ayuntamiento, la iglesia de Santa María y la Quinta Guadalupe, sede del Museo de la Emigración. Dejamos atrás la villa subiendo por la iglesia y, tras un tramo de tierra y el barrio de El Peral, cruzamos la N-634 junto al restaurante Casa Junco. Un breve desvío nos permite asomarnos al cementerio local, que alberga panteones indianos impresionantes. De regreso al camino encontramos a Andrea, una mujer alemana que nos hemos cruzado mucho estos dias. Tiene una rodilla un poco averiada pero su objetivo es Santiago. Superamos la autovía A-8 y avanzamos en paralelo a ella hasta incorporarnos de nuevo a la nacional, caminando con precaución por el arcén hasta La Franca. Allí abandonamos el asfalto por la AS-346 para bajar entre casitas hacia un viaducto de la A-8; cruzamos el puente de piedra sobre el río Cabra y ascendemos bajo la sombra del bosque hasta salir otra vez a la nacional. En este punto (km 7,6) optamos por la variante de los Bufones de Santiuste. Cruzamos las vías del tren y, a través de un sendero escondido, nos asomamos a los acantilados. Aunque hoy la lluvia no nos acompaña y el mar en calma no permite ver los surtidores de agua de hasta 30 metros, el paisaje sigue siendo sobrecogedor. El tramo es agreste y espectacular, destacando el paso por el arco de piedra sobre la playa interior de Cobijero, una dolina natural donde el mar penetra por cavidades subterráneas. Tras cruzar el arco con precaución, bordeamos la costa hasta la playa de Buelna —famosa por su formación rocosa «El Picón»— y llegamos a Pendueles.











A la salida del pueblo, elegimos continuar por la Senda Costera (GR-E9). Este trazado nos regala el paso por los Bufones de Arenillas, que hoy se limitan a un rumor sordo bajo nuestros pies debido a la ausencia de oleaje.
Poco después, descendemos al lecho del río Purón, que cruzamos por el fotogénico puente de madera de «Los Puentinos». Desde aquí afrontamos el segundo mayor reto físico del día: un ascenso continuado de 2,8 km hasta Andrín. Tras cruzar el pueblo, seguimos subiendo por un andadero protegido hasta el Mirador de La Boriza, cuyas vistas hacia la playa de la Ballota son, sencillamente, imbatibles. El descenso final nos lleva a Cué, donde aprovechamos para recuperar fuerzas en la Sidrería La Espuela (trato magnífico y precio moderado). Los últimos kilómetros son un agradable paseo hacia Llanes, entrando por el parque de El Rinconín y recorriendo la avenida de la Concepción, flanqueada por verjas y jardines indianos.












Finalmente, cruzamos el puente sobre la ría y terminamos nuestra ruta en el puerto. Tras una ducha reparadora, nos acercamos al espigón para admirar los Cubos de la Memoria, situados en el espigón del puerto de Llanes,una de las intervenciones artísticas más famosas del litoral español.Obra del artista vasco Agustín Ibarrola, creada entre 2001 y 2003.El autor aprovechó los bloques de hormigón que protegen el puerto para convertirlos en un lienzo tridimensional. Las pinturas representan la memoria del artista, del arte y del propio territorio (el mar, los bosques y la historia local) Los colores y las formas cambian según la luz del día, la marea y la posición desde la que se miren.Vemos ojos que miran al mar, figuras geométricas y referencias a la prehistoria y a la vida marinera.





Así cerramos una etapa más dura de lo previsto: 28,56 km, 705 metros de desnivel acumulado y casi 9 horas de camino que han valido cada segundo.
En resumen, ha sido una etapa larga y exigente, pero de una belleza paisajística difícil de superar. Aunque el Cantábrico no nos ha regalado hoy el estruendo de sus bufones, caminar por el filo de sus acantilados y cruzar puentes escondidos en el bosque ha convertido cada kilómetro en un privilegio. Desde el adiós a Unquera hasta el reposo final en Llanes, la jornada ha sido un desfile constante de arquitectura indiana y naturaleza salvaje. Nos retiramos a descansar con el cansancio acumulado en las piernas, pero con la retina llena de verde y salitre, listos para seguir descubriendo los tesoros que Asturias guarda para nosotros.
Todo el recorrido de esta etapa ha quedado registrado en este track.