En la montaña el alma se eleva, el corazón se sanea; el pensamiento participa de esta paz profunda.
Xingjian, Gao. La Montaña del Alma. Booket, 2002
Nuestra vigésima etapa de este Camino de Santiago del Norte transcurre entre las localidades de Llanes y Cuerres (un lugar del Concejo asturiano de Ribadesella en la parroquia de Cullera) La etapa es un poco larga, si bien los desniveles son moderados. En su primera mitad pasamos junto a playas como las de Palombina, Torimbia o San Antolín, todas bellísimas. A continuación el itinerario vira —una vez más— tierra adentro, a través de zonas rurales con menor presión turística. Tras cruzar un sinnúmero de pasos a nivel, finalizaremos la jornada en Cuerres. Nuestra idea era acortar un poco la etapa “oficial” con final en Ribadesella pero un par de salidas del camino (una para subir al mirador de San Antolín con excelentes vistas a las playas y a los Picos de Europa y otra para asomarnos a la playa de Gulpilluri) nos ha dejado una etapa de casi 28 km (un par de km menos que la etapa original)
Tras varios días nublados y lluviosos, hoy amaneció despejado, sin apenas viento y con una temperatura ideal para caminar. Salimos de Llanes desde nuestro alojamiento junto al puerto pasando ante el Casino, el ayuntamiento y siguiendo la Avenida de la Paz. Tras un kilómetro, a la altura del tanatorio, cruzamos con precaución la vía del tren por un paso a nivel sin barreras. Allí mismo, el primer mojón de la jornada nos desvió por un antiguo camino de tierra que nos condujo hacia Poo. Tras pasar el cementerio y la iglesia de la localidad, superamos el apeadero de FEVE y cruzamos un segundo paso a nivel, esta vez con barreras, para enlazar con la Senda Costera E-9. Comenzó entonces un tramo fantástico de más de dos kilómetros por pistas de tierra a lo largo de la costa, pasando cerca de las playas salvajes del Portiellu y del Castro de San Martín, con Celorio como destino. Al entrar en el pueblo, nos desviamos hacia el monasterio de San Salvador (siglo XI) y el mirador de la Restinga, que ofrece unas vistas excelentes de la playa y las ruinas medievales. Continuamos el paseo bordeando las playas de Las Cámaras, Palombina, Troenzo y Barro, para luego tomar la carretera en dirección a Niembro. Por el camino disfrutamos de la estampa de la iglesia de los Dolores reflejada en las aguas de la marisma.Pasada la capilla del Santín, tomamos un sendero en ascenso a través del bosque. Aunque la ruta oficial no entra en la playa de Torimbia, seguimos las señales entre carriles peatonales y tramos boscosos. Tras una dura rampa de bajada, nos desviamos unos 600 metros para subir al mirador de San Antolín, con una panorámica espectacular de la costa, la Cordillera Cantábrica y los Picos de Europa. Descendimos después hasta la desembocadura del río Bedón. En este punto nos reencontramos con Philippe, un peregrino francés con el que nos hemos ido encontrando desde Comillas. Pasamos junto a los restos del monasterio benedictino del siglo XIII, y caminamos en paralelo a la playa de San Antolín, contemplando su famosa roca horadada o «furacu».Cruzamos la carretera, pasamos bajo la autovía A-8 y entramos en Naves.













Desde la plaza de la iglesia, aprovechamos para desviarnos un kilómetro hasta la playa de Gulpiyuri. Aunque la encontramos con marea baja —mostrando una dolina de arena fina sin agua—, sigue siendo un prodigio geológico impresionante. De regreso a Naves, retomamos la ruta por un precioso tramo del antiguo Camino Real que, entre hórreos y árboles, nos llevó hasta Villahormes y el caserío de La Venta. Un kilómetro más adelante alcanzamos el casco urbano de Nueva, donde nos detuvimos a comer.






Después de la comida, retomamos el camino real para cruzar el tercer paso a nivel del día, seguimos un camino de tierra en paralelo a la vía del tren y a la autovía hasta Piñeres de Pría. Desde allí, un sendero entre prados y vacas nos hizo ascender hacia la iglesia de San Pedro de Pría, reconocible por su torre campanario y sus buenas vistas. Una pista en descenso nos introdujo en la aldea de El Collau, con sus peculiares piedras pintadas con motivos jacobeos. Finalmente, siguiendo la ruta oficial asfaltada que lleva hacia los bufones, alcanzamos el núcleo diseminado de Cuerres, donde dimos por terminada la etapa y nos dirigimos a nuestro alojamiento.









En total, hemos caminado 27,56 km, superado un desnivel acumulado de 705 m en un tiempo de 8 horas y 44 minutos.
En resumen: una ruta un poco larga, increíblemente bonita y muy variada. Es un recorrido que combina a la perfección la fuerza del Cantábrico con la tranquilidad de los bosques asturianos, salpicado de joyas románicas, playas mágicas y pueblos con encanto. A pesar del esfuerzo y de los constantes sube y baja, las espectaculares panorámicas de la costa y el telón de fondo de los Picos de Europa hacen que cada kilómetro merezca la pena.
Todo el recorrido de hoy lo hemos dejado grabado en este track.