El caminar no atiende a las lindes que despiezan la tierra, sino a los senderos que funcionan como una especie de sistema circulatorio que abastece a todo el organismo. En este sentido, caminar es la antítesis de poseer
Solnit, Rebecca. Wanderlust: Una historia del caminar, Capitán Swing, 2019
Nuestra vigésimo primera etapa de este Camino de Santiago del Norte discurre entre el diseminado de Cuerres y la villa de Colunga capital del Concejo de Colunga. Etapa paisajisticamente interesante, con monte y buenas vistas sobre la costa y con el paso junto a varias playas: Santa Marina (en Ribadesella), La Vega, Arenal de Morís o La Espasa.
Comenzamos la caminata en Cuerres retomando el punto donde lo dejamos ayer. El primer tramo avanza entre carreteras locales, caminos de tierra y varios cruces de vías férreas que nos guían hacia Toriellu. Tras poco más de dos kilómetros de suaves desniveles, bordeamos el campo de fútbol local y entramos en el casco urbano de Ribadesella, una villa turística con todos los servicios. Cruzamos el imponente puente de 325 metros sobre el río Sella, que conecta la zona antigua con el Ensanche, y seguimos las flechas jacobeas por el paseo marítimo de la playa de Santa Marina.








Dejamos atrás la costa por una carretera en subida hacia San Pedro. En un cruce de caminos, optamos por una senda forestal a la derecha que nos lleva directos a Vega de Ribadesella. Tras pasar junto a la Capilla de Santa María Magdalena, bajamos a la playa y cruzamos el regato del Acebo. Desde aquí, un sendero embarrado asciende por el monte Cueto hacia Berbes. Superado el pueblo, la ruta alterna constantemente entre la carretera nacional y estrechos senderos de vegetación que sirven de atajo, cruzando el arroyo de la Régula para entrar en el Concejo de Caravia.
A partir del Arenal de Morís comienzan unos kilómetros de belleza extraordinaria, caminando por la ladera de la montaña con el mar siempre a nuestro lado. Avanzamos por las playas de la Beciella y Moracey hasta la preciosa playa de la Espasa. Con todo cerrado en la zona, continuamos hasta La Isla, donde por fin encontramos una modesta cafetería para reponer fuerzas junto a otros peregrinos.













Ya con más energía, retomamos la ruta oficial por un tramo sombrío que esconde los puentes medievales de Güeñu y la pequeña aldea de Cobián. Finalmente, el camino avanza en paralelo a la carretera hasta entrar en Colunga. Pasamos ante la ermita de la Virgen de Loreto y, al llegar a la iglesia de San Cristóbal, damos por concluida la jornada






En resumen: Una jornada larga y dura de casi nueve horas de caminata, pero absolutamente memorable por el contraste entre los senderos de interior y la magia de caminar con el mar Cantábrico siempre al lado.

Todo el recorrido del día de hoy ha quedado registrado en este track.