Camino de Santiago del Norte. Etapa 25: Avilés-Muros de Nalon

Al andar establecemos algo así como una relación solemne entre cuerpo, mundo e imaginación. Las caminatas agudizan la inclinación del ser humano por comprender.

Stephen, Leslie. Elogio del Caminar, Nordica libros, 2024

Nuestra vigésimo quinta etapa del Camino del Norte enlaza la villa industrial de Avilés con Muros de Nalón, un destino famoso por sus imponentes acantilados, su arquitectura indiana y la espectacular desembocadura del río Nalón en el Cantábrico. Ha sido una jornada relativamente corta, marcada por frecuentes pero moderados desniveles sobre pistas de asfalto. Aunque el pronóstico anunciaba tormentas matinales, la realidad nos ha regalado otro día de calor sofocante.

Iniciamos la caminata nada más salir de nuestro alojamiento en la Avenida Marqués de Suances, justo frente al Centro Niemeyer. Continuamos por la calle Cervantes para adentrarnos en el casco histórico de Avilés en dirección a la Plaza de España y el Ayuntamiento. Tras recorrer la calle Ferrería y pasar ante el gótico Palacio de Valdecarzana, llegamos al Parque del Muelle. Desde aquí, iniciamos la subida hacia la vieja iglesia marinera de Sabugo, dejando el Poblado de Pescadores a nuestra derecha.Tras superar la rampa de San Cristóbal de Entreviñas y cruzar varios barrios de la parroquia, alcanzamos el Campo del Conde y seguimos de frente hacia la urbanización Cotu Carceu. Poco antes de llegar, un mojón a la izquierda nos indica la entrada al concejo de Castrillón. Decidimos continuar de frente para tomar una variante que va por San Martín de Laspra; aunque este itinerario alternativo parece un poco más largo, nos ahorra un kilómetro por el arcén de una carretera algo peligrosa. Tras pasar junto a la Iglesia de San Martín de Laspra, llegamos al barrio de El Villar, donde enlazamos de nuevo con el camino oficial.Aquí iniciamos una corta subida que nos deja en La Cruz de las Vallinas. Continuamos por el Camino Real de Castrillón, pasando por El Muro y El Cordel, hasta alcanzar la quinta de La Lloba, que regala unas excelentes vistas sobre el valle. Al comenzar el descenso hacia el pueblo, junto a Viveros La Lloba, empezamos a ver aviones aterrizando, un claro aviso de la cercanía del Aeropuerto de Asturias.

Bajamos por completo al valle y cruzamos el río Ferrería por la Ponte Grande —como lo llaman los vecinos— para luego subir hacia la Ventaniella, lugar donde se encuentra la capilla de Los Remedios. En este punto nos reencontramos con Annouk, una holandesa con la que nos hemos ido cruzando durante toda la mañana. Seguimos hacia La Casona, el cruce de carreteras que funciona como centro neurálgico del pueblo. Aunque se puede continuar hacia la iglesia de Santiago, decidimos seguir el mojón oficial: cruzamos la N-643 (la carretera del aeropuerto) y luego la CT-1 para subir al barrio del Cueplo. Al estar en lo más alto, premia el esfuerzo con unas vistas preciosas del pueblo y del mar.

Cruzamos por encima de la autovía del aeropuerto y nos adentramos en el monte de la Granda, una zona de explotaciones de caolín —situadas justo al lado de la senda— que ya pertenece al concejo de Soto del Barco. Una amplia pista forestal, algo embarrada por el tránsito de los camiones madereros, nos guía en descenso entre eucaliptos. En algún claro del bosque ya se empiezan a divisar San Esteban y el río Nalón.La pista nos lleva hasta la carretera SB-3, la cual cruzamos para entrar en El Castillo. El pueblo debe su nombre a la fortaleza de San Martín, documentada desde el siglo XI pero construida probablemente en la época de la monarquía asturiana sobre restos romanos. Desde aquí subimos hacia Soto del Barco, disfrutando de unas vistas espectaculares del río Nalón y del puente que cruzaremos más adelante.

Retomamos la marcha pasando junto al Hotel Palacio de la Magdalena y descendemos por la antigua N-632 (hoy prácticamente sin tráfico) hasta el puente de La Portilla. Este viaducto sobre el río Nalón une Soto del Barco con Muros de Nalón. Antes de cruzarlo, vemos una estela sobre la fosa de la cantera que recuerda a quienes dieron su vida por la libertad y la democracia, lamentablemente vandalizada por algunos intolerantes. Este puente es un auténtico punto negro del Camino: aunque la zona peatonal cuenta con vallas quitamiedos, es tan estrecha que apenas hay espacio para caminar con comodidad.Tras cruzarlo, ascendemos por el arcén, dejamos a la derecha el desvío a San Esteban y tomamos a la izquierda una senda corta pero muy empinada que nos lleva al barrio de Era. Finalmente, seguimos por la Avenida de Riego hasta encontrarnos con Carlos y Antonio, los «mallorquines veloces», que ya están instalados en El Parador Casa Zoilo. Nos detenemos allí para almorzar y descansar un rato antes de dirigirnos a nuestro alojamiento, situado justo al otro lado de la carretera. A estas alturas del camino ya nos vamos conociendo los habituales de todos los días. En esta ocasión, nos despedimos de Carlos y Antonio que vuelven a sus ocupaciones laborales en Mallorca. Nuestros mejores deseos para ellos.

En resumen, ha sido una etapa corta y rompepiernas, caracterizada por las pistas de asfalto y los desniveles frecuentes y moderados que no han dado tregua bajo un calor sofocante. A pesar de la dureza del firme, nos quedamos con las preciosas vistas al mar desde el barrio del Cueplo, el acierto de tomar la variante de San Martín de Laspra para evitar el peligro del arcén y el reencuentro con compañeros de ruta como Annouk, Carlos y Antonio. La jornada nos deja el recuerdo del paso embarrado por el monte de la Granda y, sobre todo, la tensión de cruzar el estrecho puente de La Portilla sobre el río Nalón, un verdadero punto negro que, por suerte, ya ha quedado atrás mientras descansamos y reponemos fuerzas para mañana.

Todo el recorrido de esta jornada ha quedado registrado en este track.

Por la tarde nos acercamos a la Senda Costera de los miradores, un bello paseo familiar de escasos 4 km, en el que hemos visitado el mirador de la Atalaya, el del Espíritu Santo (donde se rodaron algunas escenas de la película Volver a empezar) y alguno más, igualmente impresionantes.

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