El ritmo del caminar crea un espacio en el que el pensamiento puede florecer.
Solnit, Rebecca. Wanderlust: Una historia de caminar. Capitán Swing, Madrid 2015
Nuestra trigésimo tercera etapa de este Camino del Norte es una jornada de transición y contrastes en la que nos despedimos de la comarca de A Mariña para ascender a la Terra Chá (Tierra llana), la gran meseta interior de Lugo, superando un desnivel que nos eleva desde los 140 hasta los 560 metros de altitud. Para este cometido, optamos por la ruta tradicional o «camino complementario» a través del valle de Valiñadares y Lousada, una variante con más distancia que la “oficial” pero en la que la subida, aunque larga, resulta mucho más progresiva y tendida.
La caminata comienza en la plaza de la Catedral, desde donde nos dirigimos hacia la emblemática Fonte Vella. A su derecha nace oficialmente este trazado complementario; giramos de inmediato a la izquierda por la rúa Rigueira y afrontamos un repecho que nos saca del casco urbano. Al final de la calle entroncamos con una pequeña carretera local, muy tranquila y sin apenas tráfico, por la que avanzaremos durante los próximos 8,7 kilómetros hasta Lousada. El primer kilómetro por este asfalto es una subida franca que nos regala unas vistas magníficas sobre Mondoñedo. Por fortuna, las rampas se suavizan después y nos permiten ascender con comodidad a media ladera por el hermoso valle de Valiñadares. El primer caserío en salir a nuestro encuentro es San Cayetano y, al cabo de 1,3 kilómetros, cruzamos Maariz; aquí pasamos junto a O Bisonte, una finca particular que suele acoger a los caminantes y ofrece desayunos, donativo mediante. Siempre por el vial asfaltado, dejamos atrás los núcleos de Paadín y O Vilar.El camino nos conduce después ante la Capilla de San Vicente de Trigás, un templo del siglo XVI que conserva a su lado un pequeño cementerio. Continuamos el ascenso progresivo entre paisajes de postal hasta alcanzar Lousada, una pequeña aldea colgada en la cabecera del valle. Aunque este lugar no dispone de tiendas ni bares, los vecinos mantienen un grifo de agua potable en el zaguán de una casa para alivio del peregrino.Nada más salir de Lousada encontramos un cómodo tronco con unas lajas de pizarra en el que descansamos un poco mientras nos tomamos una fruta.
















Continuamos girando a la izquierda por una pista de tierra que baja a cruzar el arroyo Carballo. A partir de ahí arranca una subida bastante pronunciada a través del bosque que, mediante algunos zigzags, supera un desnivel de algo más de 100 metros hasta coronar el alto de A Xesta, junto a una hilera de aerogeneradores. En este punto topamos con la autovía A-8, cuya infraestructura domina el paisaje de estos confines. Avanzamos unos 450 metros por un andadero de tierra, giramos a la derecha y cruzamos con precaución la carretera nacional N-634 (atención aquí, ya que no existe paso de peatones). Seguimos de frente y, unos 250 metros más adelante, tomamos una pista hacia la izquierda.A partir de aquí, el terreno se vuelve llano y avanzamos en dirección oeste rodeados de un entorno bucólico: nos adentramos de lleno en la comarca de la Terra Chá. El paisaje se transforma en una sucesión de prados verdes salpicados de pequeños bosques y granjas dispersas. Tras un kilómetro y medio, giramos a la izquierda por una pista asfaltada vecinal que apenas registra tráfico. Pasamos junto a una fuente y, unos 900 metros después, vemos cómo se incorpora por la derecha el trazado del «camino principal» que desciende del monte, justo a las puertas de Gontán. En esta localidad disponemos de un bar-tienda y del albergue de peregrinos de la Xunta, presidido por un cruceiro.Cruzamos el puente sobre el arroyo local y abandonamos Gontán tomando a la derecha una calle adoquinada junto a una fábrica. Este repecho nos devuelve a la N-634; seguimos por su acera e ingresamos de inmediato en la villa de Abadín, punto final de nuestra marcha y donde se ubica el alojamiento. A la entrada del pueblo encontramos la Casa do Concello (Ayuntamiento) donde, en días laborables, se puede sellar la credencial.










En resumen, una preciosa etapa de transición en la que nos hemos despedido definitivamente del paisaje costero para abrazar la Galicia interior. A lo largo de sus 17,87 kilómetros, el Camino nos ha exigido un esfuerzo constante, superando un desnivel acumulado de cerca de 600 metros que nos premia con la entrada a la serena comarca de la Terra Chá. Atrás quedan los valles empedrados y las siluetas monumentales; por delante, el merecido descanso en Abadín.
Todo este recorrido ha quedado registrado en este track.
Por la tarde damos un paseo hasta la parroquia de Santa María de Abadin del siglo XII. Está a 1,5 km del pueblo pero merece la pena la visita.
