Andar, una filosofía de Frédéric Gros

La primera vez que este libro se cruzó en mi camino fue en un banco público en el que la gente dejaba algunos libros en aquel fenómeno del bookcrossing. En un primer momento me pareció el clásico libro de ayuda, pero una lectura más detallada lo situó en el lugar que le corresponde.

Andar, una filosofía (Marcher, une philosophie, 2009), del filósofo francés Frédéric Gros, es un ensayo brillante, lúcido y profundamente reconfortante que se ha convertido en un clásico moderno de la literatura caminante. Lejos de ser un tratado académico denso y aburrido, el libro es una invitación poética a desconectar del ruido del mundo actual a través del gesto más sencillo, antiguo y humano: poner un pie delante del otro.

Gros, que fue editor de los últimos cursos de Michel Foucault, cambia aquí las aulas universitarias por los senderos para demostrar que caminar no es un deporte, sino una experiencia existencial de primer orden.

El libro se estructura intercalando capítulos de profunda reflexión filosófica con breves y deliciosas biografías de grandes pensadores que hicieron de la caminata su motor vital. Gros defiende que andar no requiere técnica, ni equipamiento costoso, ni aprendizaje; es, por definición, el grado cero de la existencia, una actividad que nos devuelve a nuestra esencia más pura. A lo largo de sus páginas, el autor analiza cómo el acto de caminar transforma nuestra percepción del tiempo, del espacio y de nosotros mismos, convirtiéndose en una de las formas más puras de libertad que le quedan al ser humano moderno.

Entre los puntos fuertes del libro destacan:

  • Andar NO es deporte: Gros abre el libro con una bofetada al consumismo deportivo. Explica que el deporte implica competición, rendimiento, marcas, equipamiento caro y rivalidad. Andar, en cambio, es lo contrario: es lentitud, despojo, gratuidad y libertad absoluta. Al caminar no demuestras nada a nadie; solo estás presente.
  • Las dos libertades del caminante: El autor distingue entre la libertad de suspender (apagar el teléfono, dejar atrás las obligaciones, el estatus social y los roles cotidianos) y la libertad de instalarse (la profunda paz de no tener más preocupación que encontrar el camino, la próxima fuente o el albergue).
  • El caminar de los genios: Los perfiles biográficos del libro son magistrales. Gros nos muestra a un Nietzsche que caminaba ocho horas diarias por los Alpes para huir de sus migrañas y escribir sus aforismos; a Rousseau y sus paseos solitarios para reconciliarse con el mundo; a Rimbaud y su marcha furiosa y errante; o a Thoreau en sus bosques de Walden defendiendo la desobediencia civil desde la zancada.
  • La experiencia de la eternidad: Gros explica de forma bellísima cómo la repetición del paso, hora tras hora, disuelve la prisa. El tiempo del caminante ya no es el del reloj, sino el de las estaciones, el del sol y el de la propia respiración. El paisaje deja de pasar ante tus ojos y eres tú quien se diluye en él.

La prosa de Frédéric Gros es de una sencillez cristalina y una belleza poética arrolladora. Es un libro accesible para cualquier lector, pero que resuena con una fuerza descomunal en cualquiera que haya llevado una mochila a la espalda durante días. No busca convencerte con teorías complejas, sino recordarte sensaciones físicas y mentales que ya has vivido en el Camino.

En resumen: una lectura imprescindible que funciona como el bálsamo perfecto para entender qué le ocurre a nuestra mente cuando el cuerpo se cansa en la ruta. Gros demuestra de manera magistral que, en un mundo obsesionado con la velocidad y la hiperconectividad, reivindicar la lentitud de la caminata es el mayor acto de rebeldía y sabiduría posible

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