Pulo do Lobo, unión del Guadiana con los afluentes Terges y Cobre y molino con presa

Me muevo en un paisaje en el cual la revolución y el amor hilvanan discursos perturbadores.

Char, René. Poemas en El surrealismo al servicio de la revolución.

Para nuestro último día en Mértola elegimos esta ruta por el Parque Natural del Valle del Guadiana. Partimos de la cascada del Pulo do Lobo y remontamos el cauce hasta la unión con los afluentes Terges y Cobre y continuando hasta los restos de un antiguo molino de agua con una represa sobre el Guadiana de mucha entidad y tamaño que nos hacen imaginar un pasado esplendoroso. La ruta es de ida y vuelta pero no hay que fiarse de su aparente sencillez. Requiere ciertas dosis de sentido de la orientación para elegir la vereda adecuada ya que la fauna de la zona hace sus propios caminos y muchas de las veredas aparentes terminan a la orilla del río en un improvisado bebedero. También hay que tener cierta destreza para caminar sobre piedra ya que buena parte del camino hay que ir pedrusqueando con paciencia. El entorno es muy bonito, con bastante fauna, especialmente aves, anfibios y algunos mamíferos silvestres y domésticos.

Hemos dejado el coche a la entrada da Heredade do Pulo do Lobo (es una propiedad privada que permite el paso con las condiciones que ponen en los pilares de la entrada) y descendemos por un carril terrizo hasta la cascada del Pulo do Lobo.

En este punto el río Guadiana se encajona entre dos paredes y se precipita en una cascada de unos 5 metros de altura en un mar de espuma y ruido ensordecedor. El escritor José Saramago lo describe así: «(el) río hierve entre paredes durísimas, rugen las aguas, luchan, un milímetro por siglo, por milenio, un nada en la eternidad». El nombre Pulo do Lobo hace referencia a la cercanía de las paredes del cañón y a una leyenda en la que se cuenta que un lobo que huía de unos cazadores pasó de una orilla a la otra de un salto (pulo do lobo es el salto del lobo en portugués)

Comenzamos a remontar el río Guadiana por la margen derecha en un camino muy pedregoso en el que nos vamos encontrando algunas lagunas naturales con tortugas tomando el sol, patos, algunas cigüeñas negras y el omnipresente canto de las perdices que nos acompañarán toda la mañana. Son dos km y medio de caminar sobre las rocas. Seguidamente, hasta el km 5,5 el camino se hace un poco más amable aunque continuaremos subiendo y bajando al margen del río. Está balizado con las marcas amarilla y roja de los senderos de pequeño recorrido (PR) pintadas sobre las piedras pero no siempre se ven bien. La intuición nos dirá por dónde iremos mejor.

Hacia el km 6 llegaremos a la ribera de los rios Terges y Cobre que vadearemos por donde sea posible. Hoy no hemos tenido problemas ya que bajaban con poco caudal y no hemos tenido ni que mojarnos los pies. Tras el vadeo continuamos remontando la ribera del Guadiana y encontraremos un grupo de cinco eucaliptus que dan una sombra estupenda que se agradece en una ruta escasa de vegetación arbórea.

Continuamos la remontada junto al cauce y veremos como van apareciendo grupos de isletas dentro del cauce y, finalmente, llegaremos a los imponentes restos de un molino de agua con una no menos imponente presa para reconducir las aguas hacia la rueda. En el entorno en el que nos encontramos resulta difícil evaluar la carga de trabajo que tuvo en el pasado. De este molino no hemos encontrado ni nombre ni otras referencias en internet.

La vuelta se hace por el mismo camino que nos ha traído hasta aquí y lo único reseñable ha sido el encuentro con una piara de cabras muy sorprendidas al vernos pasar a su lado.

Una ruta que hemos disfrutado mucho, diferente a otra que hicimos hace algunos años, y dejamos pendiente para otra visita probar la gigantesca pasarela de madera que se ha construido en la otra margen del río.

Aunque en este tipo de terreno no suele resultar de ayuda el track, lo dejo por aquí para que sirva de orientación.

Resumiendo, ha sido un fin de semana largo en el que hemos disfrutado como enanos de este Parque Natural del Valle del Guadiana, que los portugueses tienen limpio como una patena, con tres rutas a cual más bonita y hemos disfrutado de la gastronomía alentejana y la amabilidad y cariño de nuestros vecinos ibéricos. Dejo para mañana montar una entrada con la visita cultural de Mértola.

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