Camino de Santiago del Norte. Etapa 32: Vilanova de Lourenzá-Mondoñedo

Para encontrar la belleza no basta con mirar; hay que caminar hacia ella. Solo el que avanza a pie se convierte en parte del paisaje, respirando su mismo aire y latiendo a su mismo ritmo

Burroughs, John. Las exaltaciones del camino (The Exhilarations of the Road ), en Winter Sunshine 1875 en Proyecto Gutenberg

Nuestra trigésimo segunda etapa del Camino del Norte transita entre Vilanova de Lourenzá y Mondoñedo, antigua capital del Reino de Galicia. Una etapa corta con el fin de paladear el viaje sin prisas y rendirnos al encanto de los paisajes lucenses. Es una caminata breve que nos dejará antes del mediodía en la villa mindoniense. Aquí haremos una parada donde la piedra y la historia exigen caminar con mirada lenta, mientras reservamos las fuerzas necesarias antes de acometer en la etapa de mañana el exigente ascenso hacia la meseta interior y las llanuras de la Terra Chá.

Comenzamos a caminar en la plaza del Ayuntamiento de Lourenzá junto al Monasterio de San Salvador y nos dirigimos a la avenida de Mondoñedo, con el ojo atento para girar a la derecha por un callejón a los pocos metros. Desde allí, acometemos una vereda en fuerte subida que deja atrás el cementerio para enlazar, junto a una torreta eléctrica, con un camino de tierra. En este punto, nuestras flechas amarillas se hermanan con el Camiño Natural de San Rosendo, adentrándonos en un entorno rural de bellos paisajes que, tras casi dos kilómetros, nos acerca a las casas de Arroxo sin necesidad de entrar en el núcleo. La ruta continúa bajo los imponentes viaductos de la autovía A-8 y prosigue en paralelo a la N-634 hasta alcanzar el lugar de Ogrobe. Continuamos la marcha girando a la izquierda para superar la capilla de la Virxe de Guadalupe y pasar bajo un pintoresco cabozo, el característico hórreo alargado de la zona. Un camino en descenso nos devuelve a la frescura del bosque, bordeando el muro del cementerio local antes de convertirse en un estrecho sendero que desemboca en San Pedro da Torre. El avance rural nos lleva a cruzar poco después los núcleos de Reguengo y San Paio, este último adornado con varios cabozos de postal y su propia capilla.Desde la capilla de San Paio, iniciamos la bajada hacia la N-634, avanzando con precaución por su margen izquierdo durante unos trescientos metros. Dejamos atrás el asfalto por la derecha para cruzar un histórico puente de piedra sobre el río Valiñadares, la puerta de entrada a la rúa de San Lázaro. En este barrio nos recibe la capilla dedicada al santo patrón de los leprosos, testigo mudo del antiguo lazareto que allí funcionaba. Continuamos de frente por la acera, flanqueados por la elegante arquitectura de varias casonas de indianos, hasta alcanzar una rotonda que nos desvía hacia la rúa San Antonio. Tras dejar atrás la estación de autobuses, nos adentramos definitivamente en el casco urbano de Mondoñedo a través de la rúa do Camiño Norte y la emblemática rúa Pardo de Cela, cuyo empedrado nos conduce directos al corazón del centro histórico. La jornada culmina en la plaza de la Catedral de Mondoñedo. Bajo los tradicionales soportales podemos degustar el pastel de Mondoñedo, una contundente tarta típica de la Villa. Como hemos llegado pronto, visitamos la Catedral y su claustro.

Por la tarde realizamos una visita turística que incluye:

  • Igrexa Nova
  • Pazo Santomé
  • Muralla medieval
  • Seminario de Santa Catalina
  • Casa Museo de Álvaro Cunqueiro
  • Fonte Vella
  • Judería
  • Barrio dos Muiños
  • Fonte dos Pelamios
  • Ponte do Pasatempo
  • Capella de Santiago
  • Capella de San Roque
  • Casa Natal de Andrea López Chao

En resumen, un día muy completo con una etapa corta pero intensa y una tarde cultural y turística en la que hemos reservado fuerzas para la etapa de mañana.

El recorrido de la etapa lo hemos registrado en este track.

El paseo turístico y cultural en este otro track.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 31: Ribadeo – Vilanova de Lourenzá

El verdadero caminante no busca llegar rápido, sino habitar el camino. No viaja para acumular kilómetros, sino para acumular momentos de paz que solo el silencio de la naturaleza puede otorgar

Burroughs, John. Las exaltaciones del camino (The Exhilarations of the Road ), en Winter Sunshine 1875 en Proyecto Gutenberg

Esta etapa es la primera por tierras gallegas y supone un punto de inflexión en el Camino del Norte. Atrás queda el rumor constante del Cantábrico; la ruta vira ahora con decisión hacia el suroeste, buscando la estela que conduce a Compostela. Nos adentramos en un paisaje netamente interior: un territorio rural, ganadero y de silencios rotundos, donde la montaña vuelve a reclamar el esfuerzo de nuestras piernas. La naturaleza nos desafía pronto, justo a la salida de A Ponte de Arante, con un severo ascenso que nos obliga a salvar 260 metros de desnivel a lo largo de cinco exigentes kilómetros.

Comenzamos la caminata desde el Albergue do Ponte en Ribadeo siguiendo una señalización un tanto esquiva. Pasamos por la Plaza de España, cruzamos el barrio de San Lázaro y, al dejar atrás el campo de fútbol, quebramos a la izquierda para salvar las vías del tren, antesala de la pequeña aldea de A Eirexa. La carretera local nos guía en subida, dejando el camposanto a nuestra derecha, hasta coronar O Valín. Allí el asfalto cede el testigo a una pista de tierra con rumbo a Pastoriza; el sendero desciende al encuentro del río da Rata, que cruzamos por un puente en el preciso instante en que la carretera vuelve a salirnos al paso. Seguimos la marcha hacia A Casa da Hedra para luego descender pacíficamente hasta Vilela con todos los servicios cerrados. En este punto encontramos una pareja de mexicanos (Dianne, Kevin y su perrete Rooster que acarrea su propio equipaje.

Retomamos la marcha sobre el asfalto, cruzando el Río Pequeño a través de un puente, y acometemos el repecho que conduce a las Casas da Pena. Un desvío a la derecha nos adentra en Celeirós y nos encamina a O Vilar, donde salvamos el cauce de su río homónimo. La carretera desciende hasta rozar un cruce; tomamos entonces la vía de la derecha hacia San Vicente y, desde sus casas, nos descolgamos hasta A Ponte de Arante, un rincón que reposa bajo el arrullo del río Lexoso.

Al dejar atrás el pueblo, la montaña nos aguarda con su primera gran exigencia. La dura rampa pasa junto a la recoleta capilla de Nosa Señora da Ponte y deja a nuestra izquierda la silueta de Vilamariz. El camino, balanceándose entre pistas y sendas, corona casi la cima de los montes de Arante y prosigue su curso por el monte da Aguá. Apenas iniciamos el descenso, nos sale al encuentro Villamartín Pequeño. Rodeamos su cementerio por el sendero indicado y, unos cientos de metros más adelante, tomamos una desviación a la derecha que nos permite vadear el rego de Portobragán. Desde este cauce, el terreno vuelve a empinarse hasta la aldea de Villamartín Grande, custodiada por su capilla de la Virgen del Carmen. Aquí los viajeros encuentran el Punto de Apoyo al Peregrino Tentempié, un rincón providencial que se encuentra cerrado por la cercana maternidad de la dueña. No obstante es el lugar idóneo para reponer fuerzas con las viandas que acarreamos desde Ribadeo.

Tras el modesto refrigerio, proseguimos la caminata por una carretera que se sumerge en la espesura del bosque. Descendemos atravesando Salgueiro hasta alcanzar Gondán, localidad que cuenta con albergue cerrado desde hace unos años. Hilvanando pistas y tramos asfaltados, dejamos atrás las aldeas de Pedrido y O Corveiro; en esta última, encontramos el bar A Curva abierto y aprovechamos para tomar unos cafés y descansar un poco antes de tomar una pista y remontar el monte Calvario. Al iniciar la bajada, el paisaje se abre para mostrarnos, al fin, nuestro destino: Vilanova de Lourenzá, a la que entramos por una pasarela desde la que vemos el Ponte da Pedra, un veterano viaducto de origen medieval.

La jornada ha estado marcada por la quietud y la ausencia de grandes núcleos urbanos, bastantes tramos por asfalto y minúsculas aldeas salpicadas entre prados y cultivos forrajeros. Los caminantes deben ser previsores con el avituallamiento, ya que, actualmente, aunque hay algunos puntos de descanso con fuentes, no hemos encontrado servicios hasta el km 20 de la ruta.

Todo el recorrido de hoy lo hemos dejado grabado en este track.

Camino del Norte: El tramo gallego desde Ribadeo a Santiago

Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar

Thoreau, H. D. Walden, la vida en los bosques. Errata naturae, 2013

Tras haber completado con éxito los tramos entre Bayonne y Santander, y la ruta costera desde Santander hasta Ribadeo, nuestras botas vuelven a tener una misión muy especial. El próximo 24 de septiembre, tras el paréntesis estival, reanudaremos nuestro avance en el Camino del Norte justo donde lo pausamos el pasado 28 de mayo: la Plaza de España de Ribadeo. A partir de ahí, nos esperan las flechas amarillas y el tercer tramo de nuestra aventura, una travesía de diez etapas que nos llevará de forma definitiva hasta Santiago de Compostela.

Las etapas que hemos previsto son las siguientes:

  • Etapa 31: Ribadeo- Vilanova de Lourenzá
  • Etapa 32: Vilanova de Lourenzá- Mondoñedo
  • Etapa 33: Mondoñedo- Abadin
  • Etapa 34: Abadín- Villalba
  • Etapa 35: Villalba- Baamonde
  • Etapa 36: Baamonde-Miraz (As Laxes)
  • Etapa 37: Miraz (As Laxes)- Sobrado dos Montes
  • Etapa 38: Sobrado dos Montes- Arzua
  • Etapa 39: Arzua- O Pedrouzo
  • Etapa 40: O Pedrouzo- Santiago de Compostela

El trayecto que vamos a recorrer es el siguiente:

Nos aguarda un recorrido de 198 kilómetros divididos en 10 etapas minuciosamente planificadas para cruzar el corazón de Galicia. Nos despediremos temporalmente de las vistas al Cantábrico para adentrarnos en los rigores y la magia de la montaña lucense, los bosques medievales y las tierras interiores. Atravesaremos lugares con tanta historia jacobea como Lourenzá, Mondoñedo o Vilalba, antes de conectar en Arzúa con el tramo final que nos conducirá, paso a paso, hasta la ansiada Plaza del Obradoiro. En esta ocasión, tendremos el placer de contar con nuestro amigo José Antonio, un auténtico apasionado del Camino de Santiago y gran conocedor de la zona.

Los pormenores de cada etapa ya los iremos poniendo por aquí.

Senda del Minchar en Molvízar

Para aquel que disfruta del pleno vigor de sus sentidos, un paseo sosegado de no más de diez o doce millas diarias, es el viaje más encantador.

Ruskin, John. Las piedras de Venecia y otros ensayos. Biblok Book Export, 2016

Entre la Costa Tropical y la Sierra de los Guájares, esta ruta colgada en la ladera de la Sierra del Chaparral es un oasis de naturaleza en calma, lejos de las masificaciones. Creada para las repoblaciones forestales del siglo XX, el sendero parte de Molvízar y asciende hasta el frondoso Barranco del Pueblo. Su tramo superior bordea la montaña en un trayecto cómodo y sin grandes desniveles. Ofrece una panorámica espectacular de Molvízar, las vegas de Motril y Salobreña, el delta del río Guadalfeo y la silueta del castillo de Salobreña.

Hemos tomado la Senda del Minchar en un punto en el que pasa junto a una pista. Se accede por un camino asfaltado que parte de la carretera GR-5300, que une Molvízar con Lobres, en el km 11,7, el Carril de Vélez.

Dejando atrás el carril, tomamos un sendero que se adentra en la Sierra del Chaparral y nos invita a acercarnos a su historia. Pronto, la senda se bifurca en un dilema de horizontes: a la derecha, el camino se eleva buscando el Mirador de la Costa Tropical y la silueta del Jaral; al frente, noble y serena, aguarda la Senda del Minchar. El camino juguetea con la pista forestal, rozándola apenas unos metros para salvar un pequeño barranco antes de reanudarse, con paso firme, a través de unos escalones de piedra. A partir de aquí, el sendero se vuelve un guía infalible: limpio, cuidado y asombrosamente esculpido. Es imposible no detenerse ante la audacia de su construcción, donde los muros de contención de piedra seca y la roca excavada a pulso narran el titánico esfuerzo de quienes abrieron esta vía en la ladera. A cada paso, el paisaje se abre como un lienzo vivo: el delta del Guadalfeo, la vega de Salobreña y el blanco inconfundible de Molvízar pintan una panorámica excepcional. Tras bordear la montaña y cruzar el Barranco del Minchar, el sendero descansa de nuevo en el carril inicial, a casi dos kilómetros del punto de partida. En este nudo de caminos, la ruta exige girar a la derecha para remontar la Cuesta de la Caída, no sin antes permitirnos un respiro en la pequeña fuente Chotal que brota bajo el camino, perfecta para refrescar el cuerpo antes de reanudar la marcha. La pista avanza hasta el kilómetro 2,6, momento en que la senda recupera su soberanía. Dejando atrás un desvío que se pierde hacia las cumbres, el sendero nos conduce hacia el gran secreto de la ruta: el Barranco del Pueblo. En este rincón, la montaña rompe su propio guion; el paisaje rudo se transforma de pronto en una antesala fresca, umbría y exuberante, dominada por la majestuosidad de los eucaliptos. Justo antes de sumergirnos en este oasis, sobrecoge contemplar el profundo tajo que los hombres del siglo pasado tuvieron que asestarle a la roca para abrir paso al caminante. Al cruzar la frondosidad del barranco, la senda nos regala su último tributo: un mirador suspendido sobre Molvízar y el mar, donde el trayecto oficialmente se despide. Un cartel anuncia «Fin del Sendero» mientras el sendero se pierde en la Sierra del Chaparral.

Tras un breve descanso para tomar una fruta en el umbrío Barranco del Pueblo iniciamos el camino de vuelta. El regreso es un reencuentro con los propios pasos. Aunque el carril ofrece un atajo más rápido y una última fuente en el Barranco del Minchar, la belleza de la senda original siempre ejercerá un magnetismo difícil de ignorar.

En resumen, esta ruta de senderismo circular en el T.M. de Molvízar asciende por la Sierra del Chaparral hasta el frondoso Barranco del Pueblo. El itinerario, cómodo y con pocos desniveles en su parte alta, combina tramos de pista forestal con senderos esculpidos en la roca y muros de piedra seca que destacan por su valor histórico.

Todo el recorrido de esta ruta ha quedado grabado en este track.

Tajo de la Cruz, Mirador del Visillo, Camino del Pescado y Columpio panorámico desde Ermita de San Sebastián en Lanjarón.

Si buscas ideas creativas, sal a caminar. Los ángeles le susurran al hombre cuando va a dar un paseo.

Myers, Raymond I. Touchstones: A Book of Daily Meditations for Men. Fundación Hazelden, 1980

Nuestra ruta de hoy nos lleva, de nuevo, a Lanjarón, en la Alpujarra granadina, para recorrer el evocador «Camino del Pescado». Se trata de un recorrido de un unos 14 kilómetros de dificultad moderada que destaca por sus vistas panorámicas y su famoso columpio mirador.

Comenzamos la caminata junto a la ermita de San Sebastián y el Museo del Agua. Desde allí, nos encaminamos hacia la otra ribera del río Lanjarón para tomar el sendero señalizado PR-A 34 (Lanjarón – Tello – Ventura). Tras una primera subida por un antiguo camino de herradura, enlazamos con una pista agrícola que nos conduce hasta la Ermita del Tajo de la Cruz. Hacemos una breve parada para contemplar el paisaje e iniciamos el descenso hacia el Mirador del Visillo, punto de partida del verdadero Camino del Pescado.

Se trata de una senda empedrada en sus tramos más empinados, diseñada en su día para resistir las pisadas de las caballerías que descendían cargadas de mercancías y productos de la vega. Hoy en día, despojado ya de su antiguo uso comercial, el sendero ha renacido como una joya para el turismo y el deporte. Su nombre rinde homenaje a la historia: esta era la arteria principal por la que se transportaba el pescado fresco desde la costa tropical hasta el interior de Lanjarón. Además, funcionó como una vía de comunicación clave con los pueblos del Valle de Lecrín a través de la confluencia de los ríos Lanjarón e Ízbor, un paso que actualmente solo se puede transitar cuando el nivel del embalse lo permite.

El primer tramo de la ruta nos interna en un suave descenso por un sendero sombrío y agradable que serpentea hasta un pequeño barranco. En esta época del año, la vegetación no luce especialmente frondosa pero regala una estampa de una belleza singular mientras caminamos junto a una acequia ancestral con un poco de agua. Más adelante, alcanzamos el cruce que marca el camino de regreso a Lanjarón —el cual tomaremos más tarde, ya que esta sección conecta la ida con la vuelta—.

Continuamos la marcha hacia la izquierda, siguiendo una pista que nos guía directamente hasta un mirador. Desde esta atalaya se abre ante nosotros, en toda su inmensidad, el perfil azul del embalse de Rules. Tras detenernos a inmortalizar el momento con las fotografías de rigor, reanudamos el paso hacia el gran aliciente del día: el columpio.

Para alcanzar el Mirador del Columpio debemos afrontar una fuerte pendiente, un esfuerzo que se ve recompensado a cada paso por las espectaculares vistas que se despliegan a nuestro alrededor. Una vez en la cima, solo queda entregarse a la experiencia: columpiarse en las alturas, suspendidos sobre el paisaje, con la sensación de tener el mundo bajo los pies.

Finalmente, emprendemos el regreso a Lanjarón. Esta última etapa se vuelve algo más monótona, discurriendo de manera homogénea por una pista agrícola hasta conectar de nuevo con el Mirador del Visillo. Desde este punto, desandamos los primeros pasos de la mañana hasta el inicio de la ruta.

En definitiva, se trata de un itinerario asequible y cómodo de caminar, un sendero amable que regala panorámicas memorables a lo largo de prácticamente todo el recorrido. Si no se dispone de suficiente tiempo se puede evitar el camino hacia el mirador de la Presa de Rules y subir directamente hasta el columpio.

Todo el recorrido de esta caminata ha quedado registrado en este track.

Acequias y miradores del Valle del Río Dilar

Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más para allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: Para caminar.

Galeano, Eduardo. Las palabras andantes. Catálogos SLR. 1993

Para nuestra primera ruta de este curso nos desplazamos hasta el bonito municipio granadino de Dílar en los límites del Parque Natural de Sierra Nevada. Incluído en el Área Metropolitana de Granada comprende el núcleo de población de Dílar y los diseminados de Alcántara, El Batán, Cañadas del parque, los Cortijillos, El Toril y Las Viñas. En esta ocasión recorremos las acequias Baja y Alta enlazadas por el Área Recreativa del Río Dilar, donde nos detendremos para tomar un descanso y una fruta. Es un recorrido algo fresco, amenizado por el sonido del agua y la vegetación que cubre casi todo el recorrido.

Nuestra caminata comienza en la Plaza de los Miradores, un balcón abierto al paisaje del bonito pueblo de Dílar después de dejar el coche en un aparcamiento disuasorio a la entrada del pueblo. A la derecha de la plaza un cartel nos sale al encuentro para anunciarnos el Sendero de la Acequia Baja. En sus compases iniciales, el agua discurre oculta bajo nuestros pies, pero no tardamos en encontarla a cielo abierto. El camino nos conduce entonces ante el Mirador del Charnaquerock, un altozano desde el que se despliegan magníficas vistas sobre el Valle del Río Dílar. Avanzamos el paso hasta toparnos con la Fuente del Barranquillo, hoy muda y con escaso caudal; es el hito que nos indica que debemos abandonar el arrullo de la Acequia Baja. Salimos al Camino de la Fábrica de la Luz y nos desviamos con decisión hacia la derecha. Caminamos por las calles del extrarradio hasta girar hacia la izquierda, ascendiendo en busca de la silueta del Castillo del Marqués de Dílar, recortada bajo la atenta y lejana mirada de la Ermita de Nuestra Señora de las Nieves a la que hoy no llegaremos. Un suspiro más arriba, la Acequia Alta sale a nuestro paso; junto al hotel rural Zerbinetta nos desviamos hacia la izquierda y, enseguida, vemos el letrero de la Vereda de la Acequia Alta. Esta vereda se revela como un paseo idílico, llano y amable, donde el relieve concede un descanso al caminante a través de un rosario de miradores. Tras apenas quinientos metros de marcha, hallamos el frescor de la Fuente del Rebosadero. Al filo del kilómetro cuatro, el hilillo de agua cruza el sendero, sirviendo de brújula una casa rural y el Mirador del Encinar. Una vez sorteado el cauce, el paisaje nos muestra espectaculares panorámicas: el Río Dílar abajo, el perfil abrupto de la Boca de la Pescá y la majestuosidad de los Alayos. El camino nos desafía entonces con dos acueductos que hacen las veces de puentes; conviene cruzarlos con paso firme y cautela, asumiendo la ayuda de su pasamanos en una altura, por fortuna, nada severa. Sobre el kilómetro seis tocamos el fin del tramo de la Acequia Alta, saliendo junto al Área de la Naturaleza y su explanada de estacionamiento. Es el momento de cruzar el Río Dílar para caminar en paralelo a su corriente, arrullados por su murmullo, hasta un puente que aguarda a nuestra izquierda. Es el momento de tomar un pequeño descanso y una fruta para reponer fuerzas.

Cruzamos el puente y, a escasos pasos, salimos de nuevo al encuentro de la Acequia Baja. Seguiremos su trazo por una vereda estrecha, alfombrada de hierba abundante que exige pisar con pies de plomo para evitar un resbalón. El sendero desemboca en un carril que tomamos hacia la derecha, descendiendo con el río custodiando nuestros pasos a la diestra hasta alcanzar un nuevo puente. Tras cruzarlo, giramos a la izquierda, acometiendo un repecho por una pista hormigonada. A los pocos metros, nos saludan la Acequia de Gójar y un nuevo mirador. La ruta discurre fiel a este carril principal, flanqueado por olivos, hasta un cruce donde el terreno por fin se aplana. Continuamos por la izquierda, descendiendo suavemente en un paisaje donde ahora los olivos se hermanan con los almendros. Es el tramo mas tedioso. Al asomarnos al Mirador de los Parrales, el pueblo de Dílar emerge al fondo del lienzo, escoltado por la Silleta y la cuenca de su río. Iniciamos el descenso definitivo. Muy pronto la Acequia de Gójar vuelve a cruzarse en nuestro rumbo —delatando la cercanía del partidor de la acequia de Otura— justo en el punto donde el Río Dílar nos sale de nuevo al paso. Afrontamos los últimos compases por el Camino de la Sierra. A nuestra izquierda, la Acequia de Otura nos brinda su compañía como una última escolta. Sin embargo, cuando el camino se empina de nuevo, el agua toma su propio rumbo y nos abandona, dejándonos a las puertas del mismo lugar desde el que partimos. Allí, tras haber completado nuestro viaje a pie, donde todo comenzó, damos por concluida la ruta de hoy que nos ha llevado a recorrer una distancia total de 14,08 kilómetros a lo largo de 3 horas y 32 minutos de pura conexión con el entorno.

Ha sido una caminata suave y bonita por un entorno natural rebosante de calma, donde el murmullo constante del agua de las acequias y el río nos ha guiado a través de paisajes salpicados de campos de almendros, olivos y miradores espectaculares. Un itinerario ideal para desmarcarse del ritmo urbano, respirar hondo y disfrutar de la sencillez del sendero sin grandes esfuerzos técnicos mientras dejamos atrás (no mucho) el caluroso verano.

Todo el recorrido lo hemos dejado grabado en este track.

De Santander a Ribadeo: Nuestra Gran Crónica por el Cantábrico. El Camino del Norte

Aunque el camino sea estrecho /Y el polvo se pegue al cuerpo Aunque los vientos me arrastren /Yo sigo mis sendas sin lastre /Andar como un vagabundo /Sin rumbo fijo, sin meta /A vueltas de veleta /Al soplo del viento al azar / Porque el caso es andar /El caso es andar

Cecilia, letra de Andar. Cecilia 2

Detener nuestros pasos en Ribadeo marca el final de un capítulo inolvidable en nuestro Camino del Norte. Atrás quedan 16 etapas y casi 400 kilómetros de andadura desde que partimos de la bahía de Santander aquel miércoles 13 de mayo. Este viaje a pie no ha sido simplemente una sucesión de jornadas y kilómetros; ha sido una inmersión profunda en los paisajes más salvajes, verdes y exigentes de la cornisa cantábrica.

El inicio de nuestra andadura nos llevó a cruzar los prados y acantilados de Cantabria, sirviendo como un hermoso preludio de lo que estaba por venir. Sin embargo, el verdadero grueso de nuestra aventura se escribió con tinta asturiana. Asturias nos recibió con su indomable perfil «rompepiernas», desafiando nuestras extremidades con desniveles moderados pero continuos, y regalándonos tramos mágicos como el histórico Camino Real. A lo largo del recorrido, hemos sido testigos de una variedad paisajística asombrosa. Hemos caminado bajo la sombra de frondosos bosques de eucaliptos y robles, bordeado rías espectaculares en dirección a iglesias de postal —como la de los Dolores en Niembro— y cruzado puentes monumentales sobre los ríos Bedón, Uncín, Esva o Navia. La costa ha sido nuestra fiel compañera: nos desviamos para contemplar prodigios geológicos únicos como la playa interior de Gulpiyuri, desafiamos la bruma marina en el anfiteatro de cantos rodados de la Concha de Artedo, y nos quedamos sin palabras ante la majestuosidad celta de Cabo Blanco y la paz de la Playa del Silencio.

Pero el Camino también ha sido historia, patrimonio y paisanaje. Hemos fotografiado la majestuosidad románica de Nuestra Señora de la Oliva y San Juan de Amandi en Villaviciosa, contemplado la opulencia indiana desde las verjas de la Quinta de los Selgas en El Pitu, y nos hemos mimetizado con la vida marinera de villas blancas tan bellas como Llanes, Luarca, Tapia de Casariego o la industriosa Avilés, donde el acero esculpe el paisaje urbano.

Incluso la huella humana, con sus ruidosas autovías y gigantescas factorías, se diluyó ante la abundancia de hórreos, paneras y prados salpicados de vacas. Esta andadura ha estado profundamente enriquecida por la convivencia y las anécdotas espontáneas: las charlas con Garret, el inglés caminante; el estreno del joven francés Tazz; los reencuentros con Annouk en la playa del río Cabo, los cruces con Daniel y Manuel, los canarios trotamundos, sin dejar atrás a Jose Luis y Ángel, residentes en Barcelona y amantes de la buena cocina, sin olvidar el divertido cruce de cámaras con el fotógrafo José Luis en Villaoril. Incluso hubo tiempo para ejercer de ciudadanos ejemplares llamando al 112 ante un incendio inesperado en Avilés. Hoy, al cruzar el estrecho carril peatonal del Puente de los Santos sobre la imponente ría del Eo, cerramos este ciclo con las piernas cansadas pero el corazón lleno. Como bien decía el naturalista John Burroughs, «ir a pie es el único viaje real; todo lo demás es simplemente ser transportado». Nosotros hemos poseído el paisaje, lo hemos respirado, sufrido y disfrutado paso a paso. Nos despedimos temporalmente de las flechas amarillas con el orgullo de haber llegado enteros y con la mente ya puesta en el horizonte: en septiembre volveremos para retomar la marcha y terminar el Camino hasta Santiago. La plaza de España de Ribadeo nos esperará entonces para ser el punto de partida del último y definitivo empujón.

Finalmente, nuestro agradecimiento a Pili y Ticiana que nos acogieron en Ribadeo, nos acompañaron y nos enseñaron la majestuosa playa de las Catedrales.

Y también agradecemos a Esteban Norteban, Manuel Ribadedeva, y Óscar Mochilastur que religiosamente acarrearon nuestras mochilas cada día para aligerar nuestro Camino.

Elogio del horizonte

Camino de Santiago del Norte. Etapa 30: La Caridad- Ribadeo por Tapia de Casariego

La vida es demasiado corta como para ir deprisa

Thoreau, Henry David. Walden. Errata naturae editores, 2013

Nuestra trigésima etapa de este Camino de Santiago del Norte nos lleva desde La Caridad hasta Ribadeo por la variante costera de Tapia de Casariego. La jornada apenas presenta desniveles significativos y nos permite visitar Cabo Blanco, su castro prerromano y sus miradores, así como la pintoresca localidad de Tapia de Casariego y bellos rincones litorales como la playa de Penarronda. Al final de la etapa, pasamos de Asturias a Galicia a través del penoso carril peatonal del Puente de los Santos sobre la ría del Eo.

Salimos de La Caridad por la avenida de Galicia para tomar una senda en descenso hacia el arroyo Salgueiros, remontando después el alto de Los Morcegos. Tras un tramo por la nacional cruzando los arroyos de Piñera y O Memíes, entramos en San Pelayo y Valdepares. En esta última localidad nos desviamos por la senda costera GR E-9 hacia Cabo Blanco, pasando junto a la iglesia parroquial y el Palacio de Fontfría. Es un recorrido por cómodas pistas que nos conduce al espectacular Cabo Blanco, donde desde el siglo IV a.C. existió un importante castro, ampliado posteriormente por los romanos. Poco después pasamos por la punta de la Atalaya y su bonito mirador, para continuar hacia la playa de Porcía. Desde allí, enlazamos de nuevo con el trazado oficial por un tramo de tierra y cruzamos la nacional, atravesando el río Porcía por su antiguo puente.

Al superar Porcía, un mojón nos indicó la alternativa de la costa hacia Tapia de Casariego. Optamos por este trazado litoral pasando por las aldeas de Campos y Salave, donde flanqueamos la iglesia de Santa María. Tras dejar atrás Cantón, seguimos firmes junto al mar en lugar de virar hacia el interior. Así alcanzamos el barrio de San Antonio y entramos al casco urbano de Tapia de Casariego junto a la ensenada de Ribera Nova y la playa de Represas. Cruzamos la plaza de la Constitución, pasamos junto a la iglesia de San Esteban y tomamos un agradable carril peatonal con hermosas vistas a las calas antes de conectar con la avenida de Galicia.

A la altura del hotel Xunqueira nos desviamos por pistas entre campos de cereales, dejando a un lado el camping El Carbayín. Cruzamos el río Tol y el arroyo de Péligos para entrar en Villamil y continuar hacia la pequeña aldea de Santa Gadea. De allí pasamos junto a la ermita de San Lorenzo, ubicada en una agradable explanada verde con vistas al Cantábrico, para luego bajar a la preciosa playa de Penarronda. Reanudamos la marcha en subida hacia Villadún, donde rechazamos una nueva variante costera de más de tres kilómetros, ya que se estaba haciendo tarde y los kilómetros hacían mella en nuestras piernas, prefiriendo avanzar directamente hacia Ribadeo.

Tras una larguísima recta, llegamos a una rotonda de acceso a la autovía. Sin cruzarla, tomamos el primer carril a la derecha en dirección al Puente de los Santos. Pasamos junto a un área recreativa e iniciamos el penoso paso por el estrecho carril peatonal; así abandonamos Asturias para entrar en Galicia. Una vez completado el cruce, bajamos por la avenida de Rosalía de Castro y caminamos un kilómetro por el centro histórico hasta alcanzar la rúa Rodríguez Murias y, finalmente, la plaza de España, donde la iglesia de San Francisco marcó el final de esta etapa.

En resumen: una etapa espectacular, llana y cargada de simbolismo que nos ha regalado la arqueología celta de Cabo Blanco, la belleza marinera de Tapia y el entorno protegido de Penarronda. Una jornada larga pero gratificante cuyo broche de oro ha sido el emocionante —aunque estrecho— cruce a pie sobre la ría del Eo; un paso histórico en nuestro viaje que despide Asturias y nos abre de par en par las puertas de Galicia.

Con esta etapa finalizamos este segundo tramo del Camino del Norte en el que hemos caminado algo más de 390 km entre Santander y Ribadeo en 16 etapas. En el otoño regresaremos para completar lo que nos queda hasta Santiago.

Todo el recorrido de esta etapa ha quedado registrado en este track.

Camino de Santiago del Norte. Etapa 29:   Luarca- La Caridad

Mientras seguía así mi camino como un buen haragán, fino vagabundo, me sentía como si hubiera salido de un largo confinamiento

Burroughs, John. Las exaltaciones del camino(The Exhilarations of the Road ), en Winter Sunshine 1875

«Ir a pie es el único viaje real; todo lo demás es simplemente ser transportado». Esta célebre máxima del naturalista John Burroughs cobra todo su sentido en nuestra vigésimo novena etapa del Camino del Norte, que nos lleva a cruzar los horizontes del occidente asturiano entre Luarca y La Caridad. Nos espera una jornada de kilometraje respetable pero de perfil muy agradecido, que deja atrás los grandes acantilados para adentrarse en la suave rasa costera. A lo largo del recorrido, alternaremos tranquilos senderos rurales, el cruce sobre el majestuoso río Navia y encantadoras aldeas que conservan intacto su sabor tradicional, recordándonos a cada paso que la verdadera riqueza del viaje está en la calma de cada zancada.

Tras un contundente desayuno en la confitería La Luz, iniciamos la marcha por la calle La Peña hacia la ermita de San Roque, que ofrece unas vistas fantásticas de Luarca. Avanzando por la rasa costera, cruzamos Ribadebajo, pasamos junto a las ruinas del cementerio y la Iglesia de Santiago (siglo X) y la aldea de Taborcías hasta llegar a Villuir. Desde allí, combinando caminos de tierra y bosques de eucaliptos, dejamos atrás Otur y El Rellón por un antiguo camino de servicio de la A-8.

Descendimos por el valle del río Barayo y pasamos bajo el viaducto de El Bao, donde se ubica un monolito que recuerda La fosa de El Bao en memoria de los represaliados durante la Guerra Civil por defender la democracia, las libertades y la República. Tras una breve parada en un curioso jardín con una fuente dedicada a Santiago, cruzamos Barayo y entramos en Villapedre, donde  algunos peregrinos encontraban el café  añorado durante tantos kilómetros. Proseguimos por pistas de tierra y asfalto pasando por Piñera y Villaoril. Mientras descansábamos en unos bancos a la sombra, José Luis, un fotógrafo aficionado, nos pidió retratarnos para su proyecto; una anécdota simpática a la que se sumó una peregrina extranjera para fotografiarnos a todos juntos.

Continuamos hacia el polígono de La Colorada, antesala de la industriosa villa de Navia. Tras pasar ante el Ayuntamiento, cruzamos su gran ría por el puente de la nacional. Al otro lado, en El Espín, una pista en subida nos llevó a Folgueras, regalándonos buenas panorámicas del entorno. Seguimos hacia Jarrio, donde nos desviamos ligeramente de la ruta para almorzar un buen menú a pie de carretera.

Por la tarde, buscando siempre el lado de la sombra debido al sofocante calor, avanzamos en dirección a Cartavio y Arboces. Aunque la constante cercanía de la autovía y la nacional empaña por tramos el paisaje, la abundancia de rincones rurales ayuda a olvidar la huella humana. Tras un último cruce, entramos finalmente en La Caridad junto al albergue La Xana. Pasamos por la plaza principal, que concentra el Ayuntamiento y la iglesia, y caminamos unos cientos de metros más hasta nuestro alojamiento. En total, completamos una exigente jornada de 32,73 kilómetros y 679 metros de desnivel acumulado en 9 horas y 33 minutos.

En resumen: una etapa de kilometraje respetable, calurosa y de perfil rompepiernas que nos adentra de lleno en el occidente asturiano. Una jornada marcada por el contraste entre las grandes infraestructuras y la belleza de las rías, amenizada por encuentros fotográficos espontáneos y el encanto de unas aldeas que nos han conducido con paso firme hasta el corazón de La Caridad.

Todo el recorrido de esta jornada ha quedado registrado en este track.