Bueno, me largo (Ich bin dann mal weg) es la autobiografía de viajes más exitosa de la literatura alemana reciente, escrita por el célebre humorista y presentador de televisión Hape Kerkeling. El libro narra su travesía a pie por el Camino de Santiago Francés. Tras leer el libro de Jean Cristophe Rufino sobre el Camino del Norte, el algoritmo pensó que me tenía que gustar este otro texto con el Camino como leitmotiv.
Tras sufrir un colapso de salud en pleno escenario, Kerkeling decide romper radicalmente con su rutina de «teleadicto apoltronado». Carga una mochila de 11 kilos y emprende el viaje desde Saint-Jean-Pied-de-Port hacia Galicia. A modo de diario, el autor detalla etapa por etapa los dolores físicos, los ronquidos en los albergues, la belleza de los paisajes españoles y los curiosos personajes internacionales con los que entabla amistad.
Puntos fuertes
Humor honesto y cotidiano: A diferencia de otros libros solemnes sobre el Camino, Kerkeling no oculta sus debilidades. Admite cuando prefiere pagar un hotel en vez de dormir en un albergue masificado o cuando el cansancio lo tienta a tomar un autobús.
Equilibrio entre comedia y espiritualidad: Bajo la capa de chistes e ironía, el libro ofrece prolijas reflexiones filosóficas sobre la soledad, el desapego y la búsqueda personal de Dios.
Ritmo ágil: Está estructurado en entradas cortas diarias, lo que facilita una lectura fluida y sumamente entretenida.
Debilidades
Alejado del purismo peregrino: Los lectores que busquen una guía mística estricta o una hazaña purista de supervivencia pueden sentirse decepcionados por los frecuentes «lujos» que el autor se permite gracias a su desahogada situación económica.
Anécdotas repetitivas: Cerca de la mitad del libro, algunas quejas sobre el dolor de pies o la comida de los pueblos pueden tornarse un tanto reiterativas si se lee de un tirón.
En resumen, no estamos ante una obra maestra literaria, sino ante un testimonio honesto, tierno y reconfortante sobre cómo romper con la inercia del día a día. Es una lectura interesante —aunque algo desfasada en su humor— para conocer las entrañas del Camino de Santiago o disfrutar de un buen libro de viajes. El autor peregrinó entre junio y julio de 2001, y es obvio que el entorno ha cambiado en estos veintitantos años, a veces para bien y otras para mal. Con todo, mientras unos lugares se han adaptado al paso del tiempo y otros se resisten a salir de un pasado ya inexistente, los personajes que pueblan la ruta siguen siendo muy similares y la magia del Camino permanece intacta.
Caminar. Las ventajas de descubrir el mundo a pie (Å gå. Elst i verden på de beina) es un fascinante y minimalista ensayo escrito por el explorador, editor y filósofo noruego Erling Kagge. Kagge es mundialmente conocido por ser la primera persona en completar el «Desafío de los Tres Polos» (alcanzar a pie el Polo Norte, el Polo Sur y la cima del Everest), lo que dota a este manifiesto de una autoridad física y vivencial única. Publicado en español por la Editorial Taurus (e integrado en su prestigiosa línea de pensamiento), el libro es la continuación espiritual de su anterior éxito de ventas, El silencio en la era del ruido.
El argumento central de Kagge es que caminar es el acto más radical que se puede realizar en la sociedad contemporánea. En un mundo obsesionado con la hipervelocidad, la optimización del tiempo y la mediación tecnológica de las pantallas, decidir desplazarse a la velocidad natural de nuestros pasos (unos 4 o 5 kilómetros por hora) se convierte en una sutil forma de resistencia política y mental.
A diferencia de algunos de los libros que hemos revisado en esta sección (la visión bucólica de Stephen o la urbana de Herreros), Kagge entrelaza tres niveles analíticos de forma magistral:
La perspectiva evolutiva: Recuerda que el bipedismo nos diferenció como especie hace 70.000 años. Sostiene que al renunciar a caminar, renunciamos en parte a nuestra propia esencia humana.
La geografía íntima: El autor utiliza sus extremas expediciones polares y sus caminatas cotidianas (como cruzar a pie los túneles del alcantarillado de Nueva York o recorrer el Dublín de James Joyce) para demostrar cómo cambian las distancias cuando se miden con el propio cuerpo.
La salud mental y temporal: Caminar expande el tiempo. Para Kagge, la vida no es corta, sino que nosotros la hacemos corta al acelerarla. Poner un pie delante del otro ralentiza las horas y reordena el caos interno.
El texto no es un diario de viajes cerrado, sino una conversación abierta en la que Kagge invita a grandes pensadores que compartían esta misma obsesión. A lo largo de la lectura, el autor dialoga fluidamente con las ideas de:
Henry David Thoreau y su defensa de la vida salvaje y el deambular ocioso.
Friedrich Nietzsche, quien afirmaba que solo los pensamientos caminados tienen verdadero valor.
Martin Heidegger, vinculando los senderos del bosque con los senderos del propio pensamiento filosófico.
Puntos fuertes de la obra:
Autenticidad: No es teoría pura; el autor sabe perfectamente lo que significa la monotonía y la épica de caminar durante semanas en la más absoluta soledad.
Estructura fragmentaria: Compuesto por capítulos brevísimos y aforísticos, es un libro idóneo para leer de forma pausada, emulando el propio acto de pasear.
La poética del tiempo: Su análisis sobre cómo la velocidad de los pasos ecualiza el ritmo de nuestra mente es de una belleza profunda y aplicable al día a día.
Debilidades
Continuismo estilístico: Quienes hayan leído El silencio en la era del ruido encontrarán un tono, una estructura y unas citas literarias muy similares, lo que puede dar cierta sensación de repetición.
Falta de soluciones prácticas: Es una invitación lírica y reflexiva; no ofrece pautas corporales ni consejos prácticos para integrar el hábito en rutinas urbanas compleja.
En resumen, Caminar de Erling Kagge complementa de forma perfecta una trilogía de lecturas sobre el paseo. Si Leslie Stephen lo entendía como salud literaria y Adriana Herreros como espacio político y urbanístico, Kagge lo eleva a herramienta existencial. Es un libro breve pero expansivo, ideal para aquellos que buscan recuperar el control sobre su atención y su tiempo.
Chove en Santiago/meu doce amor./Camelia branca do ar/brila entebrecida ô sol.
Garcia Lorca, Federico. Seis poemas galegos. Ed Camiño do Faro, 2004
El pasado viernes completamos nuestra decimosegunda y última etapa del Camino de Invierno. A nuestra llegada a Santiago llovía, como en el poema de Lorca y a la alegría por completar el reto se unía la tristeza por el final de estos magníficos días y la vuelta a las rutinas diarias. Hay que mirar las dos caras de la moneda para valorar lo pasado. En estos días de caminatas, de encuentros fortuitos, de conversaciones con unos y con otros me ha surgido la necesidad de poner por escrito algunas cosillas que nos han ido pasando, que probablemente no interesen a nadie, pero esto de las opiniones son como los culos: todos tenemos uno y el metaverso permite a los patanes como nosotros decir lo que pensamos.
La primera cuestión es a propósito del Camino de Invierno en si, de su trazado y de las infraestructuras y servicios que podemos encontrar en el camino. A nosotros nos han salido algunos kilómetros más que en el trazado oficial porque ya que hemos venido hasta aquí no queremos perdernos nada. Así, han ido cayendo kilómetros:que si la visita a las Médulas, que si al mirador de las Pedrices, bajada al Cabo del Mundo en el Sil, etc. Al final han sido 276 kilómetros. Es casi el triple de los 100 km que suele hacer la gente del postureo de la Compostela pero no es tanto como el Camino Primitivo (340) y mucho menos que el Camino Francés (794 desde Saint Jean)
Nosotros habíamos planificado 12 etapas más o menos llevaderas, y son las que hemos hecho. El camino no es tan fácil como otros caminos más transitados y puede resultar muy duro para personas no habituadas a caminar por el monte, sobre superficies muy pedregosas, embarradas en algunos casos y, sobre todo, muchos tramos sobre asfalto que lo hacen peligroso y cansino. Siendo consciente de que las asociaciones hacen lo que pueden, el tema del asfalto es una constante en Galicia. Por otra parte es complicado planificar más etapas porque en la mayoría de los lugares por los que se pasa no hay servicios ni posibilidades de alojamiento. Por esta cuestión este camino está tan poco transitado. Si a todo esto sumamos las semanas de amenaza de borrascas, el panorama está completo.
Algunas de las etapas de este camino han discurrido por lugares devastados por los terribles incendios de años anteriores. A pesar del tiempo transcurrido los paisajes son desoladores y un triste recuerdo del difícil equilibrio de la naturaleza, de lo difícil que resulta compaginar los intereses económicos con el medio ambiente. Al hilo de esto el paso por granjas de ganadería intensiva nos hace pensar que o se pone coto a esto o las próximas generaciones morirán enterradas en excrementos animales. Poca broma con esto, la cantidad de recursos destinados a fabricar filetes baratos es inimaginable si no se ve in situ.
Finalmente, así han quedado las etapas con los km reales en cada una de ellas: 1ª Etapa: Ponferrada-Las Médulas (28,68) 2ª Etapa: Las Médulas- O Barco de Valdeorras (29,13) 3ª Etapa: O Barco de Valdeorras-A Rúa de Valdeorras (13,56) 4ª Etapa: A Rúa de Valdeorras – Quiroga (27,57) 5ª Etapa: Quiroga-Barxa de Lor (16,92) 6ª Etapa: Barxa de Lor-Monforte de Lemos (20,87) 7ª Etapa: Monforte de Lemos- Chantada (32,27) 8ª Etapa: Chantada- Rodeiro (28,13 km) 9ª Etapa: Rodeiro-Lalín (22,25 km) 10ª Etapa: Lalín-Silleda (16,27 km) 11ª Etapa: Silleda-Ponte Ulla (18,04 km) 12ª Etapa: Ponte Ulla -Santiago (22,41 km)
Recorrido completo y perfil
Ahora lo bueno. Lo que nos hemos encontrado en el camino han sido horas y horas de una naturaleza casi salvaje, el encuentro con personas sencillas y humildes pero llenas de humanidad, situar en el mapa lugares de los que no conocíamos ni su existencia, aprender las diferencias entre Concellos, Parroquías, aldeas y lugares, a hacer de las contrariedades virtud, a desconectar de nuestras vidas ordinarias y disfrutar del progreso en caminar, los pequeños logros de cada día, etc.
Y lo mejor, las personas con las que nos hemos relacionado en el día a día. Tenía pensado hacer un agradecimiento general y así no olvidar a nadie, pero quiero mencionar a las personas que nos han soportado más de un día. Comenzaré por Fran y su padre Paco que ha dejado que tengamos nuestro coche en su garage, Manuel, de Casa Mar, que nos ha ayudado pacientemente con el equipaje, que nos deleitó con una rica comida en su casa en Sobradelo. En Casa Mar nos encontramos con Nino, un jabato de los Caminos de Santiago y que ha superado bien esa pequeña contrariedad. Nino nos puso en la pista de Mónica y Juan Carlos, siempre divertidos y con los que hemos coincidido en varias etapas. Nuestro más sincero agradecimiento a los dos Josés de Casa Pacita en Barxa de Lor, por su trato, su calor humano y por cuidar de nosotros más allá de lo razonable (menudo despiste el nuestro)
Cómo olvidar la fraternidad Galaico-Astur (los dos Carlos, David, Ana y Alberto) con los que coincidimos en varios finales de etapa ya que no madrugaban mucho y era difícil coincidir en las salidas. Esperamos que hayan llegado a Santiago reconciliados. Cómo olvidar al gran Daniel de Lalín (queda pendiente ese cocido que se nos resistió por unos días de margen) y al que reencontramos en Santiago. Nuestro más profundo agradecimiento a María, de Eco Hotel Nos que nos brindó una tarde el el Monasterio de Carvoeiro, y a la Carme y al Enric, con los que coincidimos en las dos últimas y lluviosas etapas. Y a Marta que nos llevó a la factoría de chocolates en Santiago. Gracias infinitas a todos ellos por compartir algunos momentos con nosotros y hacer la vida un poco más agradable.
Relacionados con el camino por muchas razones pero a distinta velocidad, un recuerdo para Vicente Ibarra y Elena Domínguez, ultramaratonianos a los que nos cruzamos un par de días durante sus duros entrenamientos. Mucha suerte en la Atenas-Esparta
Y cómo olvidar a nuestro Jose Antonio, con el que hemos compartido este camino, como en los matrimonios, en las alegrías y tristezas, y que ha soportado con paciencia y resignación nuestro excepticismo con los pronósticos meteorológicos que aportaba cada mañana (hoy va a caer…), la dureza de los caminos y algunos buenos momentos aislados.
Y con éste catapún chis pum ponemos el cierre a este camino y ya estamos pensando en próximas aventuras.
Y ya lo sabéis, en caso de duda hay que seguir la flecha amarilla.
Walkscapes. El andar como práctica estética (publicado por primera vez en 2002), del arquitecto, investigador y activista italiano Francesco Careri, es un libro de culto absoluto. Ha revolucionado por completo la forma en que entendemos el urbanismo, el arte y la propia geografía.A diferencia de los autores de la nature writing que buscan el bosque o la montaña, Careri fija su mirada en el territorio construido. Su gran tesis es revolucionaria: el acto de caminar no es solo una forma de cruzar el espacio, sino un instrumento fundamental de diseño arquitectónico y de creación artística. Walkscapes es la historia del andar como una forma de dibujar el paisaje.
El libro traza una fascinante genealogía histórica de la humanidad desde una perspectiva nómada. Careri defiende que el ser humano, antes de construir objetos y levantar muros (arquitectura sedentaria), construyó el espacio a través de sus recorridos a pie. Los caminos primitivos y los hitos en el paisaje fueron la primera arquitectura de la historia.La obra se divide en una parte teórica y en un repaso magistral de las vanguardias del siglo XX que utilizaron el pie como pincel. Careri analiza cómo los dadaístas convirtieron el paseo por los suburbios en una manifestación artística; cómo los surrealistas lo usaron para explorar el inconsciente urbano; y, sobre todo, cómo la Internacional Situacionista de Guy Debord teorizó sobre la dérive (la deriva), el vagabundeo sin rumbo fijo por la ciudad para dejarse guiar únicamente por la atmósfera del lugar.
Destacan algunas ideas y conexiones con nuestras actividades:
La estética del vagabundeo: Careri dota al caminar de un peso intelectual y artístico descomunal. El caminante deja de ser un peatón que va al trabajo y se convierte en un cartógrafo que genera un «mapa estético» con cada zancada.
La puesta en valor del «espacio vacío»: El libro introduce el concepto de los Terrain Vague (los espacios intermedios o vacíos de las ciudades: descampados, zonas postindustriales, márgenes de vías de tren o ríos). Careri defiende que estos lugares «olvidados» por la arquitectura tradicional son en realidad los más libres, auténticos y llenos de potencial de las urbes, algo que los situacionistas llamaron psicogeografía.
Conexión con nuestras prácticas como caminantes (La zona urbana): Aunque nuestras caminatas se idealizan como paseos idílico por el monte, en nuestra andadura por los Caminos de Santiago cruzamos pasarelas ferroviarias, caminamos junto a las vías del tren o bordeando ruidosos muros fabriles y cruzamos polígonos industriales como La Colorada en Navia. Careri es el autor perfecto para reconciliarse con esos tramos; no enseña a mirar esas cicatrices industriales no como un «estorbo», sino como paisajes con una estética y una memoria propias.
La prosa de Francesco Careri es ágil pero rigurosa, muy enriquecida con croquis, mapas históricos y fotografías de acciones artísticas urbanas. Es un ensayo breve pero de una densidad conceptual inmensa. Quizás para el senderista que busque exclusivamente la mística de la naturaleza salvaje, el enfoque marcadamente urbano e intelectual de Walkscapes pueda resultarle ajeno, pero para quien desee abrir su mente a una visión del territorio radicalmente nueva, es una obra deslumbrante.
En resumen: una obra maestra que cambia las reglas del juego. Careri nos demuestra que caminar es la forma más libre, democrática y profunda de relacionarse con el entorno. Con este libro en la mochila, el caminante comprende que sus pasos no solo recorren la tierra, sino que la van transformando, convirtiendo cada ruta en una obra de arte efímera.
La persona que camina por la ciudad se baña en una sonoridad que a menudo se vive como algo extremadamente desagradable. El ruido es un sonido de valor negativo, una agresión contra el silencio o simplemente contra toda pretensión de moderar el estruendo.
Le Breton, David. Elogio del caminar. Ed. Siruela, 2022
Nuestra decimosegunda etapa, y ultima, de este Camino de Invierno discurre por los Concellos de Vedra, Boqueixon (Boqueijon hasta 1985) y Santiago de Compostela. En total nos han salido 22,41 kilómetros por unos paisajes muy variados, con la única dificultad importante en la subida desde Ponte Ulla al lugar de Outeiro y en la que los hitos más importantes del día han sido la capilla y fuente de Santiaguiño en el lugar de Outeiro, el emblemático Pico Sacro en el Concello de Boqueixón, El Paso por el río Sar y la Colegiata de Sar, la entrada al casco histórico de Santiago por la Puerta de Mazarelos o Porta do Viño, la única puerta que queda del recinto amurallado De Santiago y, por supuesto la llegada a la Plaza del Obradoiro tras un breve recorrido por las calles, siempre abarrotadas de turistas del Casco Histórico De Santiago. El día ha estado bastante en consonancia con el clima gallego: nuboso, con llovizna tenue pero continuada en muchos tramos y un par de chaparrones algo más intensos.
Comenzamos a caminar desde la puerta de nuestro alojamiento en Puente Ulla y enseguida entramos en el arcén de la N-525. En suave ascenso y al cabo de dos kilómetros abandonamos la carretera por una pista forestal asfaltada al principio y de tierra después ya en franco ascenso hasta las cercanías de Eiravedra, Famelga y Francés pasando por un fragante bosque de eucaliptos y pinos. Llaneamos un poco y llegamos al lugar de Outeiro, donde encontramos una capilla dedicada a Santiaguiño y una fuente tallada con motivos jacobeos. Como estamos en un territorio ligado a las leyendas de la “translatio” o traslado de los restos del apóstol desde Padrón a Santiago aparecen la leyenda de la Reina Loba (Lupa) , el dragón, etc. que aparecen representados en la fuente. A escasos metros hay un moderno albergue de peregrinos.
Dejamos atrás el Albergue por el mismo camino de tierra y pronto entramos en el Municipio de Boqueixón, encontrando enseguida la carretera que sube al Pico Sacro. Subir al Pico supone ampliar la caminata en menos de un kilometro y desde su cima se pueden ver las torres de la Catedral de Santiago. El Pico Sacro también está ligado a la “translatio” ya que en sus faldas se capturaron y amansaron los bueyes que tirando de la carreta con los restos. Como el día está muy encapotado y con mucha niebla desechamos la idea de subir, así que seguimos adelante por la parroquia de Lestedo y descendemos hasta Rubial.
Pico Sacro entre la nieblaLestedo
Rubial es un núcleo bastante grande, lo pasamos por la calle principal y seguimos por un camino entre verdes prados en dirección a Deseiro de Abaxo, A Gándara hasta entrar en A Susana junto a un aserradero que nos huele a gloria después del paso por algunas granjas intensivas de bovino. Este lugar tiene muchos servicios por lo que es buen sitio para hacer una parada si es necesario. Seguimos por un camino hacia Outeiro de Marrozos para llegar a Aldrei, Vixoy y O Eixo. Cerca de este lugar nos encontramos ya con el mojón “5 km a Santiago” Un poco más adelante nos encontramos con la ermita dedicada a Santa Lucía con una hermosa fuente labrada en granito. Unos metros más adelante nos encontramos el lugar de Piñeiro al que llegamos por el Camino Real de Piñeiro.
Salimos de Piñeiro por el Camino Real de Piñeiro en dirección a Angrois después de cruzar un pasadizo por debajo de la Autovía A-9 y pasamos sobre un puente de ferrocarril en el que vemos flores y objetos en recuerdo de los pasajeros que perdieron la vida en el accidente de 2013. Continuamos por una calzada empedrada de firme irregular que es el Camino Real de Angrois y ya en el alto vemos las torres de la Catedral De Santiago. Comenzamos a bajar hacia el barrio compostelano del Sar hasta el río Sar para cruzar por un puente medieval junto a la Colegiata de Santa María de Sar, una de las joyas del románico santiagués.
Seguimos por la Rua del Sar, en un fuerte ascenso, hasta la puerta de Mazarelos, la única que se conserva de las antiguas murallas de Santiago. Esta puerta es conocida como la Porta do Viño ya que por ella entraba el vino de O Ribeiro. Llegamos a la Plaza de la Universidad, pasamos junto a la antigua Facultad de Geografía e Historia y varios edificios del XVIII.
Tras callejear un poco por las abarrotadas calles llegamos a la Plaza del Obradoiro alrededor de las 2 de la tarde. Fotos de rigor bajo la lluvia y para el hotel.
Con Marta, que nos enseñó la chocolatería
En resumen, ha sido una etapa algo más larga de lo usual para último día de camino, muy bonita y entretenida en la que hemos disfrutado del clima atlántico antes de volver para el sur. Con más tranquilidad ya prepararé una entrada-resumen de este camino de Invierno que nos ha encantado, tanto por el camino en sí, como por las gentes que hemos ido encontrando.
Todo este largo día con su caminar, ha quedado grabado en este track.
Nunca pensé tanto, ni existí tanto, ni viví tanto ni fui tanto yo mismo, si es que puedo hablar así, como en los [viajes] que hice solo y a pie. […] Dispongo como dueño de la naturaleza entera; vagando de objeto en objeto mi corazón se une, se identifica con quienes lo halagan, se rodea de imágenes encantadoras y se embriaga de sentimientos deliciosos
Rousseau, J.J. Las confesiones. Libro IV Alianza Editorial
Nuestra undécima etapa discurre entre Silleda, concretamente desde la Parroquia de Riocalvo en la que se encuentra nuestro alojamiento y Ponte Ulla en el límite de las provincias de Pontevedra y A Coruña. Es otra etapa relativamente fácil, la mayor parte de ella en descenso en la que los hitos más importantes son el Paso por Bandeira, importante núcleo de población con casi todos los servicios, la Iglesia románica de San Martiño de Dornelas, el Miradoiro y Castro de San Miguel de Castro y el Santuario de Gudián en las inmediaciones de Ponte Ulla. En total han sido 18,940 km en un día soleado con algunas nubes que sólo han descargado unas gotas de agua.
Comenzamos nuestro camino en una carretera local en las inmediaciones de Riocalvo , después de despedirnos de María y Ana, nuestras anfitrionas en el Eco Hotel Nos, y a unos 500 metros nos encontramos con los hitos del Camino en el cruce entre las parroquias de Riocalvo y Chapa. A apenas un kilometro del cruce y tras pasar el arroyo Toxa por un discreto puentecito nos incorporamos a la N-525 hasta llegar a Bandeira, centro de parroquias con abundantes servicios. Abandonamos Bandeira por la carretera nacional y giramos a la derecha en una carretera local con escaso tráfico y en pronunciado descenso. Cruzamos un arroyo y tras una breve subida alcanzamos las primeras casas de Vilariño, parroquia de Lamela. Nueva pista asfaltada hasta la parroquia de Dornelas dedicada a San Martín, la clásica iglesia del románico compostelano con ábside semicircular y portada con doble arquivolta.
Después de Dornelas el camino nos lleva hasta San Miguel de Castro por un denso bosque de eucaliptos a un lado, pinos de repoblación al otro con algunos robles pugnando por un poco de luz solar. Sorprende la cantidad de hortensias en este camino. En San Miguel de Castro hay una Iglesia dedicada a Santiago y la Fonte dos Carvalliños una hermosa fuente con abrevadero. El camino prosigue en franco descenso pasando por los lugares de O Pontiño, A Seixo, A Carballeira y A Silva, hasta un cruce con indicaciones para subir a un Mirador en el Castro de San Miguel De Castro. Subimos al mirador y la vista sobre el valle del Río Ulla es realmente espectacular. Comienza a chispear y ante la eventualidad de que la cosa vaya a mayores iniciamos el descenso.
Con la Carme y el Enric, tarraconenses que vienen desde Ourense
Ya completado el descenso, a la derecha, encontramos un hermoso prado con el Santuario de Gundian, con una bonita ermita dedicada a Nuestra Sra de Gundian, un área recreativa y un escenario para los músicos. Desde este punto nos queda menos de tres kilómetros por una pista asfaltada hasta la localidad de Puente Ulla, conocida con el sobrenombre de “jardín de Compostela”. Cruzamos el Río Ulla, que desemboca en la Ría de Arousa y es la segunda cuenca fluvial de Galicia. Tras cruzar el puente llegamos a la Iglesia dedicada a Santa María Magdalena de estilo románico compostelano, con cruceiro, fuente y lavadero. Nuestro alojamiento está justo al lado, así que terminamos la ruta en este punto.
Por la tarde teníamos previsto un paseo hasta un mirador en el que se pueden ver los viaductos de Río Ulla (ferroviario alta velocidad, ferroviario de via convencional y autovía) y hemos aprovechado un rato que paró la lluvia fuerte para ir.
Todo el deambular aquí descrito ha ocurrido dentro de los límites de este track.
La lentitud consiste en adherirse perfectamente al tiempo, hasta el punto de que los segundos se desgranan, gotean como la lluvia sobre la piedra. Este estiramiento del tiempo profundiza el espacio. Es uno de los secretos de la marcha: un acercamiento lento a los paisajes, que los vuelve progresivamente familiares. Es como cuando se frecuenta a alguien y la amistad va acrecentándose.
Kundera, Milan. La lentitud. Tusquets Editores, 1999
Nuestra décima etapa ha comenzado en Lalín, “capital del cocido”. En ella recorremos los últimos kilómetros del camino de Invierno propiamente dicho ya que al llegar a A Laxe convergeremos con la Vía de la Plata y el Camino Sanabrés. El camino va a discurrir por una zona ganadera como testimonian las ganaderías en extensivo, algunos pazos enormes y la ribera del Río Deza bajo un increíble bosque de robles y castaños. Es una etapa relativamente corta, han salido 16,27 km, de una gran belleza y con hitos de interés como el Ponte Taboada sobre el río Deza y el Pazo de Liñares.
De Lalín salimos por el paseo fluvial junto al río Pontiñas,entre carballeiras y con numerosos puentecitos y carril bici muy cuidado. Lo seguiremos durante un buen rato. A los 3,5 km un indicador nos desvia a la derecha hacia Espiño y salimos a la Carretera Nacional 525 que cruzamos para continuar por una carretera local que pasa tras un hotel spa y cruzar por la parte baja el Polígono industrial Lalín 2000. La calle principal termina en la Autovía que pasamos por un paso inferior y por un camino de tierra desembocamos en A Laxe, parroquia de Bendoiro, donde el Camino de Invierno confluye con la Vía de la Plata o, con más propiedad en el Camino Sanabrés.
Tras pasar el Albergue de A Laxe en dirección a Prado seguimos por un camino cementado que nos conduce de nuevo a la carretera N-525 . Seguimos un indicador a la derecha que señala hacia el Monasterio de San Lorenzo de Carvoeiro (lo visitaremos por la tarde) y al Santuario de Nuestra Sra. del Corpiño. Enseguida entramos en Vilasoa y salimos por un camino de tierra entre una densa vegatación y alcanzar el núcleo de A Borralla, donde encontramos a Marie Helen, una canadiense a la que vimos salir del Albergue de A Laxe y que descansa en un banco peregrino. El camino sigue descendiendo junto a un regato y alcanzamos Prado. Nos asomamos al imponente Pazo de Liñares. De vuelta al camino, pasamos por una quesería en la que podemos sellar la credencial y comprar un queso de la denominación Arzua-Ulloa.
Un poco más adelante cruzamos el genuino puente medieval de Taboada sobre el río Deza, afluente del Ulla. Es un puente medieval de un sólo arco construido a principios del siglo X, como se puede leer una inscripción en una roca. El puente y el camino posterior está recubierto de grandes losas de piedra. Ascendemos hasta la parroquia de Taboada, cruzando de nuevo la N-525, para admirar la Iglesia románica De Santiago de Taboada, con capiteles con decoración vegetal y tímpano con Sansón luchando contra el león. Junto a la Iglesia un bonito crucero y una escultura de Santiago como peregrino. Seguimos camino y pasamos por Transfontao, un pequeño núcleo de casas que ya pertenece a la Parroquia de Silleda, Desde aquí, cruzamos unos prados, el arroyo de A Gouxa que salvamos con un sencillo puente de losas y emprendemos un ascenso en que nos encontramos con las primeras viviendas de Silleda. Silleda es una destacada localidad del interior de la provincia de Pontevedra, conocida por acoger, en su enorme pabellón ferial, la “Semana Verde de Galicia”, que se celebra estos días. En Silleda paramos el GPS, comemos y nos vamos a nuestro alojamiento.
En resumen, como decía al principio ha sido una etapa sencilla, corta y muy bonita, en la que nos ha llovido suavemente casi toda la mañana y en la que hemos vuelto a disfrutar de lo lindo con la naturaleza y los parajes incomparables de esta Galicia interior.
El caminar de hoy ha quedado dibujado en este track.
Fuera de programa y por gentileza de María del Eco Hotel Nos, nos acercamos a visitar el Monasterio de San Lorenzo de Carvoeiro. Se trata de un Monasterio iniciado en el siglo X, que alcanza su esplendor entre el XII y el XIII e inicia su decadencia en el XV. De estilo románico tiene ya influencias góticas y, se dice, que el Maestro Mateo pudo diseñar los planos de esta iglesia basilical. En ella alternan arcos de medio punto, con bóvedas de crucería, restos de pinturas murales y un bonito rosetón. Tiene una espectacular cripta, necesaria para nivelar la fuerte pendiente. Visitamos también el palomar, molino y Puente sobre el Río Deza.
No somos de esos que solo rodeados de libros, inspirados por libros, llegan a pensar. Estamos acostumbrados a pensar al aire libre, caminando, saltando, subiendo, bailando, de preferencia en montañas solitarias o a la orilla del mar, donde hasta los caminos se ponen pensativos.
Nietzsche, F. La gaya ciencia, Ariel, 2019, pg 366
Esta novena etapa ha sido la última del Camino de Invierno propiamente dicho. En A Laxe, a unos kilómetros de Lalín, confluyen el Camino Sanabrés, el Camino Mozárabe y “nuestro” Camino de Invierno. La etapa ha discurrido, principalmente, por tierras del Condado de Deza, una comarca principalmente ganadera y surcada por el río Arnego, que cruzaremos hasta en cuatro ocasiones. La última de ellas lo haremos por el emblemático Ponte Pedroso. Son escasos los núcleos rurales que hemos cruzado por lo que es conveniente salir de Rodeiro provistos de agua y algo de alimento. La etapa concluye en Lalín, capital del cocido. Lamentablemente ya no es temporada de cocido y nos vamos sin probarlo. Aunque la comida en casa Currás ha sido muy rica, sin ser cocido. Aparte de los “inconvenientes” citados la etapa no tiene dificultad ninguna y no es excesivamente larga: 22,25 km.
La salida de Rodeiro la realizamos desde la Casa Consistorial, conocida también como la Torre de Rodeiro porque fue levantada sobre las ruinas de una fortaleza ligada a la familia Camba y destruida en las revueltas de los “Irmandiños”. En la rotonda contigua una gran rueda nos recuerda el posible origen de la Villa. Continuamos por la PO-533 en dirección a Lalín. Pasamos por “a ponte do Hospital” sobre el río Arnego, donde el topónimo nos recuerda la histórica presencia de un hospital de peregrinos. Hacia el km 1,5 de carretera la dejamos por un camino a la derecha por la margen izquierda del río bajo el tradicional bosque gallego de nogales, castaños y robles. Mezclado con algunas especies de ribera. Dejamos la orilla del río para pasar por el primer núcleo habitado: Penerbosa. Es una aldea dedicada principalmente a la ganadería bovina y nos encontraremos vacas por todas partes.
Siguiendo una pista asfaltada llegaremos al lugar de Puza y desde aquí a A Penela con varias casas de piedra y un memorial junto al cementerio por el que no parece haber pasado la Ley de Memoria Histórica. Desde aquí llegamos a Eirexe de Pedroso, junto a una gran cantera. A la salida una Iglesia románica y un crucero. Continuamos por un camino asfaltado para llegar a la carretera local y continuar hacia el Puente Pedroso sobre el río Arnego. Puente de un sólo ojo el suelo está cubierto de cantería de grandes losas. A Ponte, también conocido como Mesón, porque en épocas pasadas era cruce de caminos y muchas de sus viviendas fueron lugar de hospedaje. Desde aquí vamos alternando caminos de tierra con pistas asfaltadas durante varios km en los que vamos pasando por sucesivas naves dedicadas a la ganadería intensiva.
Al final de este camino y, entre castaños, encontramos el riachuelo denominado Rego do Barranco. Desde aquí comenzamos la subida del día para superar 100 m de desnivel, para llegar al Coto de Anta. Bajamos un poquito y volvemos a subir de nuevo para alcanzar un cruce de caminos. Seguimos de frente para alcanzar el núcleo de Palmaz y más adelante pasaremos un paso elevado sobre la carretera PO-533 y enseguida entramos en Lalín de Arriba, o Lalín Vello. Pasamos junto a la iglesia de origen románico en la que destaca el ábside con ventanales y decoración de vieiras. Desde la iglesia tomamos una calle que nos lleva por la Calle de la Calzada, a la nueva Iglesia parroquial construida en el siglo XX con plaza y jardines. Bajamos un poco la calle y encontramos el “kilómetro 0 de Galicia”, el centro geográfico del país del que la Villa se muestra muy orgullosa. Junto al km 0 el otro símbolo de Lalín, capital del cocido: un monumental y gracioso cerdito de bronce.
Como comentaba al principio, ha sido una etapa sencilla, en la que hemos podido disfrutar de la naturaleza y de la Galicia rural, en la que, nuevamente, no nos hemos encontrado a nadie en todo el recorrido. Solamente al final de la etapa y mientras tomábamos una cerveza con Daniel, miembro de la Asociación Peregrinus Dezae, aparecieron los amigos de la fraternidad galaico-asturiana que nos acompañaron gustosamente. Hemos pasado un buen rato y al final Daniel nos ha sellado las credenciales con sus originales lacres.
Nuestro deambular de hoy nos ha hecho recorrer todos los puntos de este track.
Con una travesía de varios días se acentúa el movimiento de desvinculación: uno escapa de las obligaciones del trabajo, se libera de las trabas de la costumbre. Pero ¿por qué con la marcha se siente más esa libertad que con un largo viaje? Pues, al fin y al cabo, surgen otras limitaciones no menos penosas: el peso de la mochila, la longitud de las etapas, la incertidumbre climática (amenaza de lluvia, tormentas, calor sofocante), la rusticidad de los albergues, algunos dolores… Pero solo la marcha alcanza a liberarnos de las ilusiones de lo indispensable.
Gros, Frederic. Andar, una filosofía. Taurus, 2014
En esta octava etapa vamos a atravesar la Sierra de O Faro, vamos a hacer cumbre en El Faro, la cumbre más alta de la provincia de Pontevedra con 1.181 m. Este punto geográfico, que separa las provincias de Lugo y Pontevedra es el más visible de toda Galicia y nos permite contemplar hermosas vistas de las cuatro provincias gallegas. Desde la cima, el resto del recorrido es en descenso y vamos a ir profundizando en la provincia de Pontevedra recorriendo el municipio de Rodeiro y algunas de sus 20 parroquias. Es otra etapa larga, al final salieron 28,13 km, pero relativamente fácil a excepción de las duras rampas entre Penasillás y la Ermita de la Virgen de Faro. Hoy, por suerte no nos llovió durante la caminata.
Salimos de Chantada en medio de una espesa niebla y lo hacemos desde la Praza de Santa Ana, subimos por la Rúa Uxío Novoneyra y seguimos la carretera LU-P-1809 hacia Centulle en un suave ascenso. Bellos hórreos, petos de ánimas y cruceiros nos salen al paso camino de Centulle y San Xurxo de Asma, junto a magníficos ejemplares de carballos y castaños. Cruzamos A Lucenza, luego Vilaseco. Entre Vilaseco y Penasillás vemos por los márgenes de la carretera grandes acumulaciones de granizos caídos el día anterior y que aún tienen un calibre considerable. En Penasillás paramos en el único bar para reponer agua fresca y tomar un breve descanso antes de afrontar las duras rampas de subida hacía el Monte de O Faro.
A la salida de Penasillás vemos a Carlos, uno de los integrantes de un grupo de 2 asturianos y 3 gallegos a los que habíamos visto en Monforte el día anterior. Antes de abandonar este núcleo nos encontramos con un peto de ánimas y un horno comunitario de los muchos que se ven en Galicia. Estas primeras rampas van alternado tramos en cementados con tramos de tierra. Esta pista llega hasta el memorial en honor del poeta Uxio Novoneira. Junto al memorial un área recreativa con mesas, bancos y fuente. El resto de la subida se hace por una carretera asfaltada con el ascenso un poco más suave. Por el camino nos alcanzan Carlos y una pareja de compañeros a los que estaba esperando en Penasillás. Continuamos la subida con ellos hasta llegar al inicio del Vía Crucis que da acceso a la Ermita de la Virgen de Faro. En este punto encontramos a los dos componentes del grupo que se habían adelantado y nos presentamos. Ellos son Carlos, Ana, Alberto, un segundo Carlos y David. Nos los iremos encontrando a lo largo del resto de la jornada.
Un desvío a la izquierda nos lleva —a través de un viacrucis conocido como “Camiño da Virxe”— a la célebre ermita de A Nosa Señora do Faro. Junto a la Ermita un cruceiro muy historiado representando el Descendimiento. Estamos a más de 1.100 m de altitud. La vista desde aquí es única, pues abarca paisajes de las cuatro provincias gallegas. Tras tomar una fruta ante la ermita afrontamos la subida al monte El Faro. Es una subida sencilla de unos 400 m hasta el vértice geodésico. En este punto podemos ver la Sierra de Courel, Os Ancares, Pena Trevinca, Cabeza Manzaneda y El Monte Farelo.
Iniciamos el descenso por la carretera de acceso al Monte El Faro en carretera de gavilla buscando la línea de aerogeneradores que tenemos en el horizonte. Por el camino encontramos la Fuete de los Meniños, con pasarelas de madera, hasta llegar al cruce sobre la carretera CRG – 22 por un paso elevado. El camino señalizado nos dirige a la derecha hasta el núcleo de Villanova. Desde Villanova vamos por carretera asfaltada hasta el pazo de la Casa Grande de Camba. Nos quedamos junto al cementerio donde hay una sencilla iglesia con espadaña de dos campanas.Luego continuamos por el valle de A Ermida pasando por algunos núcleos como Outeiro, Farfián y Lamazares hasta Río, donde hay un sencillo bar donde tomamos un ligero refrigerio y nos reencontramos con la fraternidad astur-galaica esperando para comer.
Tras el ligero refrigerio continuamos el descenso hacia Rodeiro en compañía del bosque autóctono más típico de Galicia —carballos, castaños y sauces— que enriquecen nuestro caminar. Seguimos hasta Mouriz, llaneando ahora por sendas de piedras, y pronto culminamos esta etapa en Rodeiro, donde nos encontramos con la casa consistorial, que fue levantada sobre las ruinas de una fortaleza y la rueda símbolo del municipio. Frente a ella, una bella y refrescante fuente de piedra y cuatro caños.
En resumen, ha sido una etapa relativamente sencilla en la que únicamente las duras rampas de los últimos 4.8 km desde Penasillás hasta El Monte Faro y la distancia recorrida han elevado la dificultad a media-alta. Afortunadamente no nos ha llovido por el camino por lo que las botas se han secado y están listas para la etapa de mañana.
A la llegada a nuestro alojamiento nos encontramos con Marianne y Jack, una pareja de neerlandeses que han venido en bicicleta desde Pamplona y continuarán unos días por la Vía de la Plata.
Marianne y Jack from Netherland
Todo este trasiego de subidas y bajadas ha quedado reflejado en este sencillo track.
Andar no es un deporte. Poner un pie delante de otro es un juego de niños. Cuando dos caminantes se encuentran, no es cuestión ni de resultados ni de números: uno le dirá al otro qué camino ha tomado, qué sendero ofrece el paisaje más hermoso, qué panorama se contempla desde tal o cual promontorio.
Gros, Fréderic. Andar, una filosofía, Taurus 2014
En nuestra séptima etapa, la más larga de este camino, vamos desde el puente medieval de Monforte al puente sobre el Miño de Belesar. Desde ahí una fuerte subida hasta San Pedro de Lincora y un suave descenso hasta la villa de Chantada a la que entramos desde el barrio de A Ponte. La ruta transcurre principalmente por el asfalto de diversas carreteras locales, algunas pistas forestales, diversas sendas y un tramo de calzada romana de unos 500 m. Durante la etapa pisamos los términos municipales de Monforte, Panton, Saviñao y Chantada. Han sido un total de 32,27 km en un recorrido muy variado con un punto álgido en nuestro reencuentro con el Sil en el imponente mirador del Cabo del mundo.
Salimos de Monforte por el puente medieval en dirección hacia el Campo de Santo Antonio dejando a la derecha el convento de las Clarisas, la Casa do Concello y la antigua Rúa Abeledos. Alternamos tramos de carretera (la LU-P-3204) con caminos. Llegamos a A Vide y luego a A Lagoa, A Corga, Os Campos y Pacios. La ruta entra en O Regueiro, salvando un pequeño riachuelo por un pasadizo de piedras. En época de lluvias son frecuentes las inundaciones en parte de estos tramos, completamente llanos. Cruzamos un pequeño núcleo y llegamos a la Iglesia de San Salvador de Moreda, con un salón parroquial porticado y Crucero. Al otro lado de la carretera un espacio multiusos con escenario y un peto de ánimas. Después de Moreda (su castro se eleva a la derecha) entramos en el municipio de Pantón. La carretera continúa en suave ascenso hasta Broza.Continuamos por la carretera y en O Reguengo nos sorprende su magnífico pazo; en Castrotañe, las piedras del camino, quizás procedentes de una calzada romana; en Piñeiro, su arquitectura popular de plaza, fuente y lavadero. Aquí, km 11 de nuestro recorrido paramos en la fuente para una fruta y nos encontramos con Lee, una estadounidense que comenzó el Camino Francés en Pamplona y desde Ponferrada siguió por el de Invierno. Continuamos con ella un buen rato.
Con MON, nuestra anfitriona en MON, COME, SUEÑACon Lee, caminante por 6 semanas
Pasamos por San Vicente de Castillón, con más restos romanos. Seguimos cobijados por las grandes sombras de los carballos y avanzamos por O Outeiriño, Virís, O Camiño Grande -ya en tierras de O Saviñao-, tras unos cientos de metros por una pista en cementada volvemos a la carretera LU-P-4112 encontrándonos con el lugar de A Barxa, cruzamos el núcleo de Rendal, y luego San Martín de A Cova y Fontela.
Desde Fontela nos separamos del Camino unos 400 para bajar hacia el mirador del Cabo do Mundo, una de las vistas más hermosas que se pueden contemplar de un amplio meandro en el Rio Miño.
Retomamos nuestra ruta en Fontela y pasamos —entre otras aldeas— por Rosende, Vilaravides, Vilatiñosa, Mourelos y O Cerdeiro hasta que descendemos hasta Diomondi. Antes de tomar el camino de los codos de Belesar nos detenemos en la Iglesia de San Paio de Diomondi donde nos impresiona el románico de su iglesia.
La Iglesia de San Paio de Diomondi, de origen abacial, fue construida en el siglo XII y es un magnifico ejemplo de románico compostelano. Destacan en la fachada cuatro arquivoltas torales sobre columnas con capiteles historiados. Tiene anexa la casa rectoral y un ábside semicircular de exquisitas proporciones.
Bajamos hasta el puente de Belesar sobre el Miño por los Codos de Belesar, un trazado que va sorteando las fuertes pendientes con un trazado en zigzag. El nombre hace referencia a una antigua calzada romana de la que se conserva parte del empedrado. Acompañados por los bancales terrazas o socalcos, los viñedos cuelgan en terrazas desde la cima hasta el cauce del Miño. Entramos en Belesar, donde hubo un antiguo hospital y paramos para un bocado y continuar la marcha.
Reanudamos la marcha cruzando el puente sobre el Miño y nos encontramos, por primera vez con Elena Domínguez y Vicente Ibarra, que bajan corriendo por el camino de Chantada. Los reencontraremos subiendo de nuevo a Chantada y , finalmente, por las calles de Chantada poco después de nuestra llegada. Comenzamos la subida por otro tramo de Calzada romana que corta la actual carretera y deja a sus márgenes los viñedos que bajan desde la cima de la montaña. Antes de llegar al núcleo de A Ermida comienza a llover con fuerza y nos refugiamos en la Bodega Vía Romana. Al poco de estar bajo el porche de la bodega llega Luis y nos invita a pasar y a esperar a que amaine el temporal con un vinito de su bodega. Pasamos un buen rato y continuamos la marcha.
Con Luis de la bodega Vía Romana
Al salir de la carretera y tomar un camino a la derecha que lleva hasta un molino abandonado y un paso por un arroyo con una pasarela de piedras comienza de nuevo a llover, primero suavemente, después con gran intensidad, nube de granizos incluida antes de llegar a la carretera de San Pedro. Aguardamos un rato bajo un monumental roble pero la tormenta continúa. Salimos del bosque y por la carretera llegamos a San Pedro de Líncora —ya en el municipio de Chantada, también con hospital en la Edad Media—, nos refugiamos en los porches de unas casas pero la lluvia continúa. La carretera comienza a inundarse, por lo que decidimos hacer a paso rápidos los 2 km de camino que queda. En medio de la riada llegamos a Chantada por el barrio de A Ponte y por la señorial Rúa Dous de Maio, tomamos el camino de nuestro alojamiento ya completamente empapados.
Con Elena Domínguez y Vicente Iborra en Chantada
En resumen, ha sido un día muy largo, en el que hemos tenido momentos de gran disfrute y en el que,por primera vez en este viaje, nos ha pillado la lluvia con total intensidad.
Todo el recorrido de hoy, mayoritariamente por el arcén de la carretera ha quedado grabado en este track.