Camino de los faros. Tercera etapa: Porto do Corme – As Grelas

Como Ulises, a veces tenemos que dar la vuelta al mundo y perdernos en mil locuras antes de regresar a Ítaca.

David LeBreton, Caminar la vida. La interminable geografía del caminante. Pg 5

Afrontamos la tercera etapa de esta aventura a las 8 y media de  un día que amanece con nubes y claros y que amenaza lluvias para las 3 de la tarde. Sobre el papel, la etapa de hoy es mucho más amable que las anteriores por lo que si se cumple el pronóstico es muy probable que lleguemos secos a casa.

En esta etapa pasaremos por playas tan emblemáticas como las de Balarės o la de Osmo, subiremos al Monte da Facha, Monte Branco y rodearemos el estuario del río Anllóns hasta llegar a As Grelas, lugar en el que la concluiremos.

Salimos del pequeño y tranquilo puerto de  Corme por el paseo marítimo con sus esculturas homenaje al percebe, omnipresente en esta etapa. El recorrido de esta parte de la etapa coincide parcialmente con el sendero señalizado PR-G 148 por lo que hasta Ponteceso la señalización es abundante. El sendero nos lleva rápidamente a la playa de Arnela y, a continuación a la de Osmo. A continuación, aproximadamente en el km 1,5 de nuestro recorrido llegamos a la playa de la Ermida con su complejo dunar y la isla da Estrela. Pasamos un puentecito de madera sobre el arroyo Guxin que desemboca en la misma playa  y comenzamos un ascenso por un acantilado por el que llegamos a la Praia do río Covo tras un descenso complicadillo.

La senda continúa cruzando el río y volviendo a subir al acantilado hasta la Punta do Canteiro. Aquí comenzamos a subir el punto más alto de la jornada, el Monte da Facha en cuya cima hay un hermoso mirador sobre toda la ría. Atrás queda Corme, enfrente Laxe, Camariñas, Monte Branco y toda la desembocadura del Río Anllons por la que continúa la etapa.

En la cima

Tras el descenso, algo resbaladizo, llegamos a la Playa de Balarės dividida en dos calas muy coquetas. Tras la playa un hermoso pinar con área recreativa. Salimos de Balarės por la pasarela sobre las dunas y tomamos un sendero a media ladera hasta llegar a la ría y el sistema dunar. Pasamos junto a la barra de dunas y poco antes de enlazar con el malecón de Ponteceso tomamos una fruta y un descanso ligero.

Después de pasar las dunas, un sendero paralelo al río, con una caseta de observación ornitológica, nos dirige a un Juncal y al malecón do Couto dirección Ponteceso. Al llegar al puente sobre el río Anllons veremos la casa natal de Eduardo Pondal, poeta local contemporáneo de Rosalía de Castro y autor de la letra del himno gallego.

Salimos de Ponteceso por la carretera y, aproximadamente a un kilómetro junto a una nave industrial hay que cruzar a la derecha de la carretera (con mucho cuidado, la carretera está en curva y no hay paso para peatones) para adentrarnos en Monte das Pías. Primero por carril asfaltado que pierde el asfalto en unos 500 m y discurre por un bosque de eucaliptos con algunos Castaños y robles. El sendero desciende hasta el río y tenemos una hermosa vista de Monte Branco, la zona dunar del estuario del Anllons. El camino gira a la izquierda y nos adentramos de nuevo en la zona boscosa. Tras algo más de un km llegamos a O Curro y nada más bajar a la orilla del río hay una fuente y bancos. Lugar ideal para descolgar las mochilas y sacar la empanada y comer.

Desde este punto el resto del camino es un paseo relajado por la senda del Anllons. Nos quedan 3,6 km hasta As Grelas por paseo llano y accesible donde pasaremos por la Praia de Urixeira, más adelante la urbanización Os Pazos con casas muy suntuosas y llegamos a la plaza del Pendon con  curiosas esculturas y un mosaico dedicado al accidente de Fukusima con un poema de Jobo Daishi. Muy cerca hay un par de astilleros dedicados a embarcaciones de madera tradicionales. Subimos a la carretera AC431 junto a un crucero donde damos por terminada la jornada antes de que comience a llover. En unos minutos aparece nuestro taxista Jorge Palanca, que amablemente nos lleva a Ponteceso dándonos información sobre restaurantes del recorrido

Esta tercera etapa ha sido mucho más amable que las anteriores tanto por la ausencia de lluvia, como por el terreno más favorable y apacible.

Todo el recorrido ha quedado grabado en este track.

Camino de los faros. Segunda Etapa: Niñons-Porto do Corme

Mientras camino, a mi aire, oigo a mi alrededor ese esplendor del mundo.

Walt Whitman, Mientras camino estos grandes días majestuosos

Comenzamos esta segunda etapa en la playa de Niñons, justo donde la terminamos ayer. Ha estado lloviendo toda la noche en Ponteceso, pero cuando José Luis, nuestro taxista, nos deja en la playa no llueve aunque el cielo está muy encapotado. Bajamos a la playa y a la izquierda vemos las flechas verdes que nos dirigen a una zona boscosa por la que discurre una bucólica vereda que deviene en pista forestal de la que sale otra vereda que nos asoma al acantilado. Avanzamos por el acantilado, avistamos la playa do Morro azotada por un fuerte oleaje, cruzamos un pequeño regato, cuando comienza a lloviznar.

El sendero está bastante despejado y avanzamos a buen paso hasta el puerto y la playa de Santa Maríña. Nada más pasar la playa el camino se adentra hacia el interior y comienza el ascenso hacia el alto del monte Meán, punto en el que nos encontramos con Hulla, un sueco que va hasta Finisterre para volver a Santiago por el epílogo. Tras unos minutos de charla proseguimos el ascenso cada uno a su ritmo. El camino pasa por una zona calcinada por un antiguo incendio y el avance se hace dificultoso, no tanto como el descenso hacia la bonita playa de Barda y su ensenada.

En la playa nos encontramos con un paseante con dos perros con el que conversamos un momento mientras tomamos unos dátiles y nos refrescamos antes de afrontar el siguiente tramo que nos llevará a la aldea de O Roncudo. Pasamos por la punta de Espiñeira y su cruz, por las puntas de Castro y das Eiras por un sendero a mitad del acantilado recién desbrozado, lo que hemos celebrado adecuadamente.La alegria ha durado poco. Desde la Punta Percebellosa iniciamos una fuerte subida con los helechos por la cintura.Vuelve a llover, con lo que la sensación es la de estar cruzando una ría cuesta arriba. Pasamos junto a un parque de aerogeneradores y nos adentramos en un denso bosque cruzado por un regato. La subida se hace mas empinada hasta que llegamos a la aldea de O Roncudo, con unos bonitos hórreos, casa de piedra muy cuidadas y un grifo para llenar agua. Dejamos la aldea por la carretera de servicio del parque eólico que pronto se transforma en pista y, después, en sendero. Un descenso hasta la cota de 20 m, que hay que gestionar con sumo cuidado, y su posterior subida hasta la Pedra Frades nos ponen el faro de O Roncudo a la vista. Para llegar al faro aun tenemos que sudar un poco y recorrer un rocoso sendero de unos 1500 m.

Con el faro a la vista escogemos unas piedras confortable. y nos comemos los bocadillos aprovechando que no llueve. Timing perfecto, nada más terminar comienza a chispear de nuevo. Nos hacemos las fotos de rigor en el faro y emprendemos la marcha hacia Porto do Corme bajo un franco aguacero. Siguiendo las marcas verdes, es decir por las rocas, pasamos por varios acantilados azotados por la tormenta. El camino desemboca nuevamente en la carretera del faro por la que hacemos cómodamente el ultimo kilometro y medio hasta llegar a Porto do Corme sobre las cuatro de la tarde. Pasamos por la estatua a los percebeiros y tomamos un cafe en la plaza mientras esperamos a Jose Luis.

En resumen, una etapa parecida a la de ayer en cuanto a desnivel y dificultad de los caminos pero algo suavizada por la meteorología, que hoy ha sido algo más benévola que ayer, los tramos de sendero desbrozados y el menor número de km recorridos. Para mañana también tenemos una etapa «recortada» y parece que el tiempo va a ir mejorando.Todos los pasos de hoy los hemos registrado en este track.

Todos los pasos de hoy los hemos registrado en este track.

Camino de los faros. Primera etapa: Malpica – Niñons

Todos los recorridos son diferentes, pero cuando miro atrás, descubro un rasgo que comparten todas mis caminatas: un silencio interior. El andar y el silencio van unidos. El silencio es abstracto; caminar, algo concreto.

Erlin Kagge, Caminar: las ventajas de descubrir el mundo a pie. Ed. Taurus

El camino de los faros de la Costa de la muerte es una ruta senderista de algo más de 200 km que une Malpica con Fisterra en ocho etapas. En nuestro caso, vamos a hacer ese recorrido en diez etapas ya que la planificación «oficial» nos parecía, sobre el papel excesivamente exigente. A la vista de la primera etapa (con el recorrido «oficial») nuestros temores se han confirmado. Pero no adelantemos acontecimientos.

A las 8:30 de la mañana ya estábamos en movimiento. El 16 de junio es la festividad de San Adrián (Santo Hadrian) y si la festividad cae entre semana, el siguiente domingo se celebra una romería con exvotos, pólvora a raudales y todos los requisitos. Como el recorrido de la romería coincide parcialmente con nuestra ruta no nos quedaba más remedio que ponernos  en movimiento y tratar de seguir  la procesión a nuestro ritmo.

Comenzamos la ruta en el bonito puerto de Malpica junto al trasgo que marca el km 0. Salimos del puerto junto a un crucero y enfilamos el paseo marítimo junto a los feligreses que se dirigían a la ermita  de San Adrian. Pasamos por la playa de Area Maior y  un camino ascendente, bastante amplio, nos lleva  a la playa de Seaia, pasamos por la Fonte de Navenllos,  la de los Romeiros y llegamos a la ermita donde hay ya gran aglomeración de fieles y los consabidos negocios de restauración (churrerías,  pulperías,  bares,  cafés y vendedores varios. Junto a la ermita hay un bonito mirador con vistas a las Islas Sisargas donde hay un bonito faro. Junto al mirador, la consabida flecha verde nos dirige  a una estrecha senda que baja hacia el mar embravecido.

Comienza a lloviznar nada mas entrar al sendero, bordeado por helechos de mediana altura que, a veces, resulta simpático pero un tanto enojoso porque están húmedos y la lluvia empieza a empaparnos.  Así pasamos el monte Bico do Castro, el regato Laguixón, llegamos a la bonita playa de Beo, una fuente muy estilosa y un area recreativa donde hacemos una parada para tomar una fruta y reponer fuerzas. Cruzamos por el pueblo de Beo, la lluvia nos da una tregua, y continuamos hasta Castro de Entretorres hasta alcanzar la playa de Seiruga. En este punto tenemos que optar entre dar un rodeo  o cruzar la ría. La marea está baja, así que optamos por descalzarnos y cruzar. Hasta aquí la ruta va bien, con lluvia, el incesante bramido del mar y el viento,  incómodos pero animosos.

Pasamos junto a una gran piscifactoría y nos dirigimos a la bonita playa de  Barizo, su coqueto puerto y comenzamos a subir hacia la punta Ensubelas. Primero cruzamos una zona en la que los helechos nos pasan la cabeza y hemos de ir apartando las ramas para ver el suelo, vuelve la lluvia mientras trepamos unas rocas y las piedras se ponen resbaladizas mientras vamos por la pared de acantilado. Subimos como podemos. La bajada se hace un poco más mas difícil porque comienzan a aparecer charcos. Sin terminar de bajar comenzamos la subida hacia el Alto de Nariga.  Más helechos, una trepada, un destrepe con mucho cuidado y culminamos la segunda gran subida que nos deja a la vista el faro de Punta Nariga. Nos relajamos un poco y afrontamos el descenso hacia el faro. El descenso, en condiciones normales, es llevadero; con la lluvia tenemos algunos resbalones,  así que nos lo tomamos con cierta tranquilidad. En el faro llamamos al taxista que nos recogerá en la playa de Niñons.

Ivan, muy optimista, nos da una hora y cuarto para hacer el resto del trayecto. Cuando llegamos, nos está esperando lo cual nos da mucha alegría. Seguimos descendiendo como podemos desde el faro hasta llegar a la Punta do Rubio con unas peñas increíbles.  A partir de aqui el sendero se suaviza tras pasar un regato. Llegamos a la Enseada do Lago, pasamos otro regato y enfilamos un carril que nos deja en la playa de Niñons a las cinco de la tarde, con el taxista esperando.

Ha sido una dura jornada, con constantes subidas y bajadas, con la agravante de la lluvia que nos ha dejado unos paisajes increíbles en la retina y una experiencia memorable. Han sido 23,10 km en un tiempo en movimiento de seis horas y quince minutos y un tiempo total de ocho horas y media. Todo el recorrido está bastante bien balizado gracias a la colaboración de grupos de voluntarios y a la asociación Camino de los faros

Todos los datos técnicos de la ruta se pueden ver en este track de wikiloc.

Preparando el Camino de los Faros (de la Costa de la Muerte)

Por más que el trayecto nómada siga pistas o caminos habituales, su función no es la del camino sedentario, que consiste en distribuir a los hombres en un espacio cerrado, asignando a cada uno su parte y regulando la comunicación entre las partes. El trayecto nómada hace lo contrario, distribuye los hombres (o los animales) en un espacio abierto, indefinido, no comunicante.

Gilles Deleuze, Felix Guattari. Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia.

En este 2022 nuestra tradicional travesía veraniega va a consistir en recorrer el camino entre Malpica y el Faro de Finisterre (algo más de 200 km) tradicionalmente conocido como O Camiño dos Faros. Es un camino al borde del Atlántico y que recorre los faros de la Costa da Morte en A Coruña.

El recorrido

El perfil del recorrido es de una dificultad media-alta porque esta costa es muy abrupta y, aunque el desnivel máximo en subida supera ligeramente los 300 m, tiene un desnivel acumulado (según wikiloc) de unos 4.000 m positivo y otros tantos negativo.

Perfil Camino

Nuestro plan es hacerlo en diez etapas de unos 20 km cada una para poder hacerlas tranquilamente, disfrutando de los paisajes y del camino. Las etapas que hemos programado son las siguientes:

  • 1ª Etapa: Malpica – Niñons (21,3 Km)
  • 2ª Etapa: Niñons -Porto do Corme (17,1 km)
  • 3ª Etapa: Porto do Corme-As Grelas (18,4 km)
  • 4ª Etapa: As Grelas-Laxe (19,20 km)
  • 5ª Etapa: Laxe – Porto de Sta Mariña (22,48 km)
  • 6ª Etapa: Porto de Sta Mariña-Camariñas(19,6 km)
  • 7ª Etapa: Camariñas-Leis de Nemancos (20,43km)
  • 8ª Etapa: Leis de Nemancos- Cuño(24,16 km)
  • 9ª Etapa: Cuño-Lires (25,90 km)
  • 10ª Etapa: Lires-Fisterra (21,83 km)

Como algunas etapas no comienzan o finalizan cerca de núcleos urbanos nos iremos apoyando en taxistas locales para acercarnos a los alojamientos que tengamos para cada una de ellas.

Así pues, el próximo domingo 19 de junio comenzaremos en Malpica esta nueva aventura siguiendo la flecha verde. Ya iremos contando puntualmente todo lo que ocurra.

Linares de la Sierra: Circular por el Valle Escondido

Un camino no se revela a sí mismo en ningún punto en particular ni desde ningún punto en particular. Los caminos aparecen y desaparecen. […] No tenemos un único punto de vista para un camino, sino uno móvil, moviéndonos a lo largo de él.

Carl André

Nuevamente nos acercamos al municipio onubense de Linares de la Sierra para hacer una ruta sencilla pero muy atractiva desde el punto de vista paisajístico.

Linares de la Sierra se encuentra en el PN Sierra de Aracena y Picos de Aroche, entre Aracena y Alájar, en un profundo valle situado a 497 m sobre el nivel del mar. Rodeado de grandes bosques de encinas, alcornoques, castaños y monte bajo y cruzado por numerosos arroyos, su economía se basa en la ganadería del cerdo ibérico.  Del pueblo, destacar sus calles empedradas con las características «alfombras» o «llanos», empedrados bitono con diseños originales situados a la entrada de las casas,  su plaza de toros ocasional, la Iglesia parroquial y los dos lavaderos públicos.

Nuestra ruta circular parte desde las cercanías del Jardín botánico y transcurre por caminos y senderos señalizados, excepto unos 200 m en los que el camino cruza por un jaral bastante crecido para alcanzar el sendero de Aracena a Linares. En general está bastante bien  señalizada salvo el tramo comentado.

Salimos de Linares por una calle estrecha al sur del Lavadero, hasta llegar a una calle empedrada hasta llegar a a la Ribera de Plamencia en un entorno llamado “Riandero”. A la salida del pueblo vemos los restos de una antigua muestra de las artes, con árboles con el tengo pintado. Continuaremos cruzando el puente que encontramos a la izquierda y seguiremos el camino hasta cruzar la Ribera de la Molinilla, junto a la corta de los Galápagos donde podemos apreciar una acequia para el riego junto a uno de los muros del callejón.

Hacia el km 3 de nuestro recorrido comienza una fuerte y larga subida que nos llevará hasta la Sierra del Oso y al paraje Cerca de los Alcornoques. A medida que vamos ganando altura tendremos buenas vista sobre Linares, la Peña de Arias Montano y Santa Ana la Real. Al llegar al punto más alto cruzaremos un amplio cortafuegos y unos 200 m más adelante cruzamos una portilla que se encuentra a la izquierda.

El camino discurre entre alcornoques en suave descenso, pasa por un rodal de eucaliptus hasta llegar a una nueva portilla en la que hay una finca con ganado bovino. Nada más cruzar la nueva portilla tomamos el camino de izquierda (entre dos alambradas) Tras unos 600 m por campo abierto llegamos de nuevo a una zona adehesada por un camino que desemboca en una estrecha vereda junto a una vivienda. Vamos bordeando esa finca hasta llegar al arroyo de las molinillas. Cruzamos una portilla con la indicación Valle Escondido, camino de las umbrías y entramos en jaral en el que se pierde la vereda.  Desde la portilla de entrada hasta la de salida hay unos 300 m que hacemos como podemos (Hay que tratar de mantenerse en línea recta y paralelos a los lindes de la finca contigua).

Tras cruzar esa segunda portilla ya nos encontramos en la vereda de Aracena a Linares de la Sierra perfectamente señalizada. Cruzamos por el cortijo de Las Molinillas, con abundante ganado ovino y caprino, pasamos por la vereda de los Cerreños y el cortijo del Saucejo hasta cruzar un puentecito sobre el Plamencia y entrar en el paraje de Riandero por el que transitamos esta mañana.

Tras un breve paseo por la fuente del lavadero, la plaza de toros ocasional y las calles de Linares admirando el detallista empedrado llegamos a las inmediaciones del modesto Jardín Botánico junto a un muro decorado con botellas y gran efecto visual.

En resumen, una ruta sencilla de gran riqueza paisajística y con su ratito de incertidumbre y aventura que pone a prueba nuestro sentido de la orientación.

Todo este recorrido por el Valle Escondido se encuentra recogido en este track.

El arte de ver las cosas de John Burroughs

El arte de ver las cosas, es una cuidada antología publicada en castellano por la editorial Errata Naturae. Es una recopilación magistral de los mejores ensayos de John Burroughs (1837-1921). Considerado junto a Henry David Thoreau el padre de la nature writing norteamericana, Burroughs despliega en esta obra una filosofía práctica que resulta un bálsamo y un manual de instrucciones para cualquier caminante de nuestro tiempo.A diferencia de la visión a veces huraña e individualista de Thoreau, Burroughs era conocido por su carácter jovial, sociable y cercano. Su íntimo amigo, el poeta Walt Whitman, lo bautizó como el «genuino hombre de los bosques, el único nativo entre los árboles».

El libro gira en torno a una idea tan sencilla como revolucionaria: ver no es lo mismo que mirar. Burroughs argumenta que la mayoría de los seres humanos transitamos por la naturaleza estando ciegos ante los prodigios cotidianos que nos rodean.Para solucionar este letargo, el autor plantea que «el arte de ver las cosas» requiere cultivar dos elementos indispensables que se enriquecen mutuamente:

1. El amor y la empatía (El Sentimiento): No puedes encontrar en la naturaleza aquello que no buscas o que no llevas ya dentro de ti. El observador debe aproximarse al entorno con un espíritu de aprecio e intimidad amorosa; solo así la naturaleza desvela sus secretos.

2. La observación científica (La Razón): Una mirada educada y atenta al detalle concreto, capaz de registrar el comportamiento de las aves, el brote de una planta o el rastro de un animal.

Las ideas fuerza que estructuran el libro se concentran en estos puntos:

La lucidez de lo cotidiano: Burroughs no necesita viajar a rincones remotos o escalar picos inaccesibles para conmoverse. Encuentra la máxima belleza en las inmediaciones de su cabaña en los montes Catskill: en el nido de un pájaro, las huellas sobre la nieve o el pastar del ganado. Enseña que la grandeza del mundo natural siempre ha estado ahí, esperando nuestra atención.La naturaleza como reflejo mental: El autor nos regala una lección bellísima: «Si pensamos en pájaros, veremos pájaros allá donde vayamos». Nuestra mente condiciona nuestra percepción del paisaje. Aplicado por ejemplo, al Camino de Santiago, es la explicación perfecta de por qué dos personas pueden recorrer la misma senda y una ver solo asfalto ruidoso mientras la otra descubre rincones llenos de encanto.

Sensibilidad literaria y ornitológica: Los ensayos rebosan de una prosa poética exquisita pero carente de pretensiones. Destaca de forma conmovedora el texto En busca del ruiseñor, donde Burroughs narra sus desvelos, viajes y peripecias por la campiña europea con el único objetivo de escuchar el canto de esta ave.

Un puente entre mundos: El libro fascina al descubrir el perfil de un autor que, pese a su profunda necesidad de soledad emboscada, era capaz de irse de acampada con el presidente Theodore Roosevelt, discutir sobre el progreso con Henry Ford o debatir sobre poesía con Oscar Wilde. Su pensamiento no es un rechazo destructivo a la sociedad, sino una defensa del equilibrio

Escritos hace más de un siglo, estos textos poseen una frescura y una sensibilidad que parecen redactadas hoy mismo. En una era marcada por la desconexión urbana y la digitalización, la lectura de Burroughs no es un ejercicio de nostalgia decimonónica, sino un manual de supervivencia mental urgente frente al asfalto.

En resumen: una obra cumbre de la literatura de la naturaleza y una lectura obligatoria para cualquier caminante. El arte de ver las cosas nos enseña a bajar las revoluciones, educar la mirada y entender que el verdadero viaje no consiste en acumular kilómetros o tachar destinos en un mapa, sino en adquirir la sensibilidad necesaria para asombrarse ante el milagro de una simple hoja de árbol.

Trassierra: Arroyo  Bejarano, Molino del martinete, minas, baños de Popea y fuente del elefante

El verdadero caminante es aquél que se deleita en el camino, que no presume ni se jacta de la fuerza física necesaria para ello.

Leslie Stephen. Los Alpes en invierno, ensayos sobre el arte de caminar. Siruela, 2018

En esta ocasión, con nuestro amigo José Antonio hago esta bonita y completa ruta siguiendo el track de la ruta que Ángeles y yo hicimos en julio de 2021. Es una ruta algo más larga de las que se hacen en esta zona para los Baños de Popea (ruta muy frecuentada por los cordobeses en esta época del año) pero que nos permite visitar el primer venero del Arroyo Bejarano, un delicioso paseo siguiendo su curso, visitar los restos del Molino del Martinete, la entrada de las galerías de unas antiguas minas romanas de calcopirita, la confluencia del Arroyo Bejarano con el río Guadiato, el paraje conocido como los Baños de Popea, los restos del Molino del Molinillo y la conocida como fuente del elefante que son los restos de una instalación hidráulica que, posiblemente formara parte de un acueducto que llevaba agua a Medina Azahara.

Dejamos el coche junto al Restaurante Kalma Chicha y una  gasolinera  junto a la rotonda en la carretera de Trassierra. Entre ambos negocios comienza un sendero de tierra muy sombreado que nos lleva a las inmediaciones de la urbanización Torrehoria. En la parte más alta tendremos una buena vista panorámica de Trassierra. Una vez cruzada la urbanización tomaremos una pista forestal por la que transitaremos unos cinco km hasta alcanzar una indicación hacia el primer venero del Arroyo Bejarano. Tomamos una senda a la derecha y a unos 500 m veremos una poza sobre la que, en esta época,  cae una escuálida cascada. Regresamos hasta el camino principal y cruzamos una portilla para entrar en el sendero de la reserva natural fluvial del Arroyo Bejarano.

En este punto entramos en un estrecho sendero que discurre por un bosque galería junto al arroyo Bejarano hasta llegar a una zona más abierta con un pequeño prado y algunas encinas y un caminito que se dirige a la Finca de los Baldios. Tomamos una desviación hacia la derecha para ver los restos del Molino del Martinete, un molino de época califal, muy transformado a lo largo de los años y cuyos restos nos dan una idea aproximada de la importancia de los grandes aprovechamientos hidráulicos del Arroyo Bejarano. (Se puede ver más información en esta página)

Retomamos el camino principal y nos dirigimos por un estrecho sendero, bastante revuelto por la acción de los jabalíes, y hacia el km 9,4 de nuestro recorrido nos encontramos con un pozo y la entrada a unas galerías;  son los restos de unas minas romanas de calcopirita que han estado activas hasta tiempos relativamente recientes. Una muestra de las riquezas en cobre y oro que atesoraban estas sierras. Actualmente son simples contenedores de basuras. Seguimos descendiendo junto a la orilla del arroyo hasta llegar a la confluencia de éste con el río Guadiato.

En este punto, el valle se abre y nos permite tener una amplía panorámica del río y las sierras que lo rodean. Paralelo a la margen izquierda del río discurre un estrecho sendero y vamos descendiendo hasta llegar al paraje conocido como Tabla de la Aldea, un remanso de la corriente (tabla) que la gente aprovecha para el baño, aunque no está muy recomendado por la posible presencia de contaminantes.

Seguimos avanzando bajo el bosque de galería, pasamos junto a una cascada con muy poca agua y llegamos a una zona en la que veremos los restos de un par de molinos harineros entre los que destaca el Molino del Molinillo, con un denso torreón, los restos de un arco que soporta una conducción de agua y otras construcciones. A partir de aquí el sendero se va empinando hasta alcanzar un carril de servicio a las fincas colindantes. Este camino coincide parcialmente con la vereda de la Pasada del Pino, seguimos ascendiendo en dirección Oeste y hacia el km 11,6 de nuestra ruta giramos a la derecha para llegar hasta la Fuente del Elefante.

El camino atraviesa una zona cercana a una urbanización, bajo unos pinos de gran envergadura hasta llegar a un paraje conocido como la Nava del Elefante. A un lado del camino veremos los restos de un estanque presidido por una escultura en forma de elefante de época califal (siglo X) que funcionaba a modo de surtidor. También podemos observar los restos de un acueducto que podría ser parte del acueducto de Valdepuentes o Aqua Vetus que llevaba agua desde el manantial hasta Medina Azahara. Se especula que puede ser parte de un complejo palacial de época de Abderramán III.  Recuperamos el camino, continuamos ascendiendo hasta llegar a la urbanización de Torrehoria y desde ésta seguiremos por el camino que hicimos por la mañana hasta el punto de inicio de la ruta junto a la gasolinera y el restaurante.

En resumen, ha sido una ruta bonita y variada que puede resulta mucho más atractiva en primavera cuando el caudal de los arroyos y del río sean algo más elevados pero que, incluso puede ser apta en este tiempo porque buena parte del trayecto transcurre por zonas de bastante sombra.

El recorrido de la ruta ha quedado registrado en este track de Wikiloc.

Para documentar un poco el recorrido he usado este cuaderno de campo.

Andar por andar de Adriana Herreros

Andar por andar es un luminoso y agudo ensayo de la periodista y comunicadora española Adriana Herreros, publicado en la colección Endebate de la Editorial Debate. Si anteriormente hemos abordado el texto de Leslie Stephen que analizaba  el paseo desde el misticismo victoriano y alpino, Herreros aterriza el concepto en el siglo XXI, convirtiéndolo en un manifiesto político, urbanístico y de salud mental frente a la sobreestimulación contemporánea. Al igual que las obras de la misma colección, se trata de un formato breve (128 páginas) ideado como un «aperitivo» que busca avivar la conversación social más que clausurarla.

El núcleo conceptual del libro es la dignificación de una actividad cotidiana que la economía moderna tacha de «improductiva». Herreros no escribe un tratado de senderismo, sino una apología del paseo libre. A lo largo de sus capítulos, desglosa la caminata bajo distintas facetas:

  • El gesto político y revolucionario: El libro reivindica la ocupación del espacio público a pie. Pone como ejemplo hitos históricos como la Procesión del Sufragio Femenino de 1913 en Washington, demostrando que caminar en comunidad altera los flujos del poder.
  • El arte y la creación: Explora la genealogía artística ligada al asfalto y la tierra, conectando los pasos con movimientos como el dadaísmo o las performances de Marina Abramović.
  • El paseo conectado vs. el ensimismado: La autora teoriza sobre dos formas de transitar. Por un lado, el paseo atento para desentrañar críticamente el entorno urbano y empatizar con los barrios. Por otro, el paseo abstracto y hacia dentro, que funciona como un refugio de placidez y serenidad mental.

A diferencia de los ensayistas clásicos que huían hacia bosques idílicos, Herreros defiende el derecho a la ciudad caminable. Su análisis incluye una fuerte perspectiva de sociología urbana y ecología.

1. Critica los entornos hostiles construidos bajo lógicas mercantilistas y la emergencia climática.

2. Aboga por «reverdecer el paisaje urbano» para mitigar temperaturas y devolver las calles a la escala humana.

3. Se apoya en tesis de pensadoras fundamentales como Jane Jacobs (Muerte y vida de las grandes ciudades) o Rebecca Solnit para estructurar su genealogía de paseantes letradas.

Puntos fuertes:

Prosa cálida y precisa: Logra un tono reflexivo muy cercano que se lee con fluidez (tiempo estimado de lectura menor a 3 horas).

Actualidad crítica: Introduce debates urgentes como la accesibilidad de las aceras, el urbanismo feminista, el estrés tecnológico y las olas de calor urbanas.

Carácter inspirador: Funciona perfectamente como un catalizador para apagar las pantallas y reapropiarse del propio barrio.

Lo menos fuerte:

Brevedad intencionada: Al pertenecer a la colección Endebate, algunos perfiles históricos o análisis artísticos se presentan de forma muy sucinta, dejando al lector con ganas de un desarrollo más enciclopédico.

Enfoque conceptual: Quien busque métricas deportivas, rutas específicas o una guía biológica de salud no los encontrará aquí, pues prioriza la carga filosófica y sociológica.

En resumen, Andar por andar es una excelente lectura complementaria al ensayo de Leslie Stephen antes reseñado. Mientras que el autor victoriano elogiaba la desconexión individual en la naturaleza, Adriana Herreros nos recuerda que caminar sin rumbo es el último reducto de libertad en nuestras ruidosas ciudades modernas.

Elogio del caminar de Leslie Stephen

En los comienzos de este blog un compañero de senderismo del Grupo Verde me pasó una cita de este libro para mi habitual entradilla de las rutas de senderismo que público. Reconozco que la utilicé con la única comprobación de mirar en wikipedia la biografía del autor. Meses después me encuentro en una librería una bonita edición (ilustrada) de Nórdica Libros.

Elogio del caminar (In Praise of Walking) es un brillante y breve ensayo escrito por el pensador, biógrafo y alpinista victoriano Leslie Stephen (1832-1904). Aunque en el ámbito popular suele ser recordado por ser el padre de la célebre escritora Virginia Woolf, este texto demuestra su agudeza intelectual  y su profunda conexión con la naturaleza. Publicado originalmente como parte de sus Studies of a Biographer, el libro ha sido rescatado en español en cuidadas ediciones, destacando la versión de la Editorial Nórdica con ilustraciones de Manuel Marsol que mencionaba anteriormente.

El libro no es un manual deportivo ni una crónica de hazañas físicas de alta montaña. Es una defensa filosófica, íntima y honesta del acto de andar por el puro placer de hacerlo. Stephen argumenta que el esfuerzo físico de las piernas está subordinado a la estimulación mental y espiritual. Al desplazarse a pie, el individuo logra una distancia vital con respecto a los problemas cotidianos, permitiendo que las ideas fluyan de manera armónica y espontánea.

Uno de los puntos más fascinantes de la obra es cómo el autor vincula el paseo con la actividad intelectual. Stephen sostiene que caminar es la panacea ideal contra los estados de ánimo sombríos y el bloqueo de los escritores. Para demostrarlo, recurre a la historia de la literatura y la filosofía.

  • menciona la tradición peripatética y cómo el movimiento activa el pensamiento.
  • Ejemplifica con filósofos como Thomas Hobbes y Jeremy Bentham, quienes mantuvieron su lucidez gracias a sus caminatas diarias.
  • Reivindica la figura del atajo como un símbolo de la libertad de pensamiento y de la independencia del caminante.

El ensayo destaca por una prosa directa, irónica y desprovista de pretensiones académicas complejas. Define el caminar como una actividad primitiva y simple que no requiere equipos sofisticados ni gastos superfluos. Al ser un texto de pocas páginas, se lee de una sola sentada, pero sus reflexiones permanecen a largo plazo.

Lo mejor: Su capacidad para despertar en el lector las ganas inmediatas de salir a andar y desconectar del entorno digital.La bellísima conexión conceptual entre el ritmo físico de los pasos y el ritmo literario o intelectual.El humor británico sutil con el que defiende al caminante frente a otras disciplinas modernas de su época.

Lo peor: Su extrema brevedad nos deja con ganas de una exploración filosófica aún más profunda a los que buscamos un tratado extenso.Al haber sido escrito a finales del siglo XIX, algunas referencias contextuales a autores victorianos requieren cierta familiaridad histórica.

En mi opinión, Elogio del caminar es un bálsamo literario imprescindible. Funciona como una invitación formal a recuperar la lentitud en un mundo hiperactivo, recordándonos que las mejores ideas no surgen frente a un escritorio, sino cruzando senderos y pisando la tierra firme.

Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama: subida al Pico Tejeda o La Maroma

Porque al final no recordarás el tiempo que permaneciste en la oficina o arreglando tu casa, ve y escala esa maldita montaña

Jack Kerouac, Los vagabundos del Dharma.

Con la subida al Pico Tejeda, conocido popularmente como La Maroma, completamos nuestro proyecto de subir a los ocho «techos provinciales» de Andalucía en una temporada.  Comenzamos en agosto del 2021  con el Mulhacén (Granada),  en septiembre del 2021 hicimos Bonales (Huelva),  en octubre del 2021 fue El Chullo (Almería),  en enero del 2022 fue La Tiñosa (Córdoba), y Pico Mágina (Jaén) y El Torreón (Cádiz) en mayo del 2022.

El Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama hace frontera entre las provincias de Málaga y Granada. El punto más alto es el Pico Tejeda (2.065 m) y pertenece al término municipal de Canillas de Aceituno (Málaga)  siendo el punto más elevado de esta provincia. El nombre Tejeda hace referencia a la abundancia de tejos, árbol muy longevo, en el pasado. Los podremos observar en el ascenso al Salto del Caballo.

Para alcanzar la cima del Pico Tejeda hay cuatro posibilidades, tres de ellas por la cara sur y una por la cara norte:

  • Desde Canillas de Aceituno, pasando por la cueva de La Rábita.
  • Partiendo desde el Área Recreativa El Alcázar, a las afueras de Alcaucín.
  • La ruta que sale desde la localidad de Sedella.
  • Y la ruta que empieza en el Área Recreativa El Robledal, cercana a Alhama de Granada.

En nuestro caso, hemos elegido esta última opción, la ruta que parte desde el Área Recreativa de El Robledal, por cercanía a nuestro punto de partida, por ser la ruta que tiene menos desnivel de todas y porque tenemos previsto hacer una de las otras opciones en otoño. Es un sendero bastante duro, con unos 900 m de diferencia de cota en unos 7 km, el terreno es bastante pedregoso, hay un paso por la cordal un poco comprometido y no apto para personas con vértigo y las condiciones climatológicas pueden endurecerlo aún más.

Iniciamos el camino desde  el Área Recreativa El Robledal en la que hay un lugar reservado para el aparcamiento, junto al antiguo cortijo de El Robledal,  y utilizaremos para el ascenso el sendero señalizado El Robledal – La Maroma. En los primeros metros del camino podremos observar muchos árboles con las señales de la extracción de la resina, unos  tajos en el tronco y los cubos para recoger la que se va desprendiendo. Es un recuerdo de que en  este Parque Natural el aprovechamiento de la resina fue uno de sus grandes recursos y hay un Aula de la Naturaleza en la que explican todo el procedimiento. Hacia el km 1,1 de nuestro recorrido llegamos a una intersección en la que si se sigue de frente se hace la ruta por los barracones (un poco más difícil y que enlaza con la que vamos a hacer nosotros en la zona del El Contadero) Nosotros giramos hacia la izquierda siguiendo las indicaciones del Salto del Caballo-La Maroma. Toda  esta parte del recorrido discurre por un frondoso bosque de pino resinero en el que, a medida que avanzamos, van  apareciendo algunos robles. El camino va bordeando el Cerro Fuentes del Robledal con un ambiente húmedo que favorece el desarrollo de esta especie arbórea. El camino se va empinando y llegamos a una zona en la que el carril da paso a una vereda con una bifurcación. La de la derecha baja hacia en arroyo de los Presillejos, nosotros tomamos la de la izquierda que continua en fuerte subida hasta llegar a un paraje con un paso estrecho encajado en la roca.

Este paraje recibe el nombre de El Contadero, porque el paso angosto facilitaba el recuento del ganado cuando bajaban los rebaños de la sierra. Tras un breve tramo en descenso, la senda se hace más empinada y  estrecha hasta llegar a un pequeño collado señalizado como Mirador del Temple, desde el que ya tenderemos unas hermosas vistas hacia Sierra Nevada, con todo el Valle del Temple en primer plano y el Pantano de los Bermejales. Entre riscos y barrancos ya podemos intuir lo que nos queda por ascender hasta el Salto del Caballo. Continuamos la ascensión por la divisoria de aguas, atravesamos un hermoso paraje en el que podemos contemplar algunos ejemplares de tejos, árbol muy longevo, de madera muy apreciada por su dureza y con hojas ricas en alcaloides tóxicos que pueden llevar a la muerte por ingestión. Salimos del bosque y llegamos al Collado de Rojas, zona ya muy pedregosa, a 4,5 km del inicio y  desde donde podremos ver la subida que nos queda hasta el collado de la Lobera. Puede ser el tramo más duro de la subida.

Al terminar un km de ascensión nos encontramos ante una dolina en la que hay una bifurcación. Tomamos el desvío hacia la izquierda para acercarnos al paraje conocido como La Tacita de Plata, una suave depresión en cuya ladera se encuentra una fuente que vierte sobre dos minúsculas oquedades  labrada en la piedra que recogen un agua fresquísima. Recibe ese nombre por la tonalidad de las piedras y la forma de los recipientes. Junto a la fuente hay un bosque de pinos y unas buenas vista sobre la sierra de la Almijara. Regresamos por el mismo camino hasta el Collado de  Lobera.

Desde este punto el indicador marca dos km a la cima. Nos encontramos en un paraje dominado por los piornos y las sabinas rastreras que es la divisoria de aguas entre la cuenca mediterránea y la atlántica y el límite entre las provincias de Granada y Málaga. Ya se divisa el mar y la costa malagueña y los dos km hasta la cumbre se hacen sin camino marcado, tratando de mantener la orientación este-sudeste con muchas precauciones porque el terreno es muy difícil y angosto. Pasamos por el Salto del Caballo y llegamos al Tajo Volaero o tajos de la Maroma, Es imposible describir con palabras la impresión de la caída y el paisaje que vemos. Hay que andar con mucho ojo porque cualquier resbalón puede tener graves consecuencias. Pasados los tajos es sencillísimo salirse de la ruta, por lo que hay que ir muy atento a los hitos y marcas sobre la piedra.  A falta de un km se vuelve a ver el sendero perfectamente marcado hasta llegar al impresionante vértice geodésico.

En la cumbre, a 2.068 m, tenemos una privilegiada panorámica de todo el PN Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, de los pueblos de la Axarquia interior, en la costa vemos un amplio arco desde Nerja, la Caleta de Vélez, Rincón de la Victoria y la Bahía de Málaga, un poco más cerca vemos el pantano de la Viñuela, la Sierra de las Nieves, el llano de Zafarraya y al norte Sierra Nevada.  Caminando unos 40 m en dirección sur podemos ver la Sima de la Maroma, una profunda sima utilizada antiguamente como pozo de nieve durante el invierno. Por un inventario de la extinta Consejería de Medio Ambiente de 2008, se sabe que a la cumbre de la Maroma se le llama así por un error de pronunciación. La confusión se originó por el seseo de los lugareños de Canillas y los términos Cima y Sima fueron confundidos dándole a la Cima el nombre del pozo de nieve. El gigantesco monolito de piedra sobre el que se encuentra el vértice geodésico se levantó el 20 de octubre del 1984. Unos 20 metros antes del monolito hay dos hitos que marcan «oficiosamente» el punto más alto de esa meseta (que no coincide con el vértice geodésico). En esta zona hay varias «corraletas» usadas para vivaquear.

Tras las fotos de rigor, allí mismo tomamos el bocadillo y sobre las 3 de la tarde emprendíamos el regreso por el mismo camino. Ya con menos gente transitando la ruta comenzaron a aparecer algunas cabras antes de llegar a los tajos. La vuelta, con todas las precauciones nos llevó cerca de las tres horas.

En resumen, una jornada bastante larga y cansada, con un día espléndido, en la que disfrutamos de unos paisajes sensacionales y que nos deja con la satisfacción de haber completado el proyecto de los «techos» andaluces.

Todo nuestro recorrido y los datos de rigor se pueden ver en este track de nuestra cuenta de Wikiloc.

Para conmemorar tan magna azaña estrenamos camisetas. El devenir de la ruta hizo que no pueda apreciar el arte de las mismas, así que incluyo una imagen en la que se aprecia el detallismo en el dibujo, la mimesis de las proporciones y el colorido tan parecido a la realidad misma de las cimas.